Este es el momento para la reconciliación.

El momento para darse cuenta que el precio que pagamos por una fisura en la familia es demasiado grande. La familia es invaluable. Sin embargo, el problema es que hay un obstáculo enorme entre la reconciliación y nosotros: el teléfono. Queremos desesperadamente tomar el teléfono y restablecer el contacto pero, cuando llega el momento de la verdad, incluso una corta llamada por celular pareciera pesar una tonelada. Hacer esa primera llamada es desesperadamente difícil.

Hace varios años, antes de Iom Kipur, decidí que iba a superar ese pesado problema del teléfono y que iba a hacer unas llamadas. No fue fácil, no fue del todo exitoso, pero valió la pena el esfuerzo.

1. Mi tía enemistada

Desde que tengo memoria y hasta que tuve poco más de treinta años de edad, no pasó un día sin que mi mamá y mi tía hablaran por teléfono. No puedo explicar lo mucho que nos amaba a mis hermanos y a mí, y cuánto la amábamos nosotros a ella. Luego pasó algo y se dejaron de hablar. Yo también dejé de hablar con mi tía, así como con mi tío y mi primo.

Una de las repercusiones de eso fue que mis hijos nunca conocieron a sus primos. Entonces lo hice. Busqué un viejo número telefónico y le llamé a mi tío. Eso comenzó un impulso positivo que sigue hasta hoy en día. Como resultado de ese impulso, hice un viaje especial para ver a mi tía en un asilo unos pocos días antes de que muriera. De esta forma, donde alguna vez hubo un vacío, ahora vuelve a haber una relación. No es lo que podría haber sido si la relación nunca se hubiera interrumpido, pero es mucho mejor que no tener ningún contacto.

2. Mi primo

Mi primo y yo pasamos buena parte de nuestra infancia juntos. No éramos mejores amigos, tampoco inseparables, ni siquiera teníamos muchas cosas en común, pero éramos familia, familia cercana. Te voy a ahorrar los enredados detalles de nuestra historia, pero basta con decir que la primera vez que hablamos en años fue cuando me pidieron que oficiara el funeral de su madre. Desde ese momento, ambos nos esforzamos para reconectarnos y yo estoy muy feliz de haberlo hecho.

3. Mi mejor amigo de antaño

Entre los seis y los quince años no hubo prácticamente ningún día en que no estuviera con mi mejor amigo, Miguel. Incluso después de que su familia se mudó a otra ciudad continuamos en contacto. Luego, después de que yo aumentara mi compromiso con el judaísmo y que él se convirtiera en un diácono (judío) de una iglesia, dejamos de hablar.

Décadas después, mientras miraba a mi hijo jugar día tras día con su mejor amigo durante muchos años, comencé a extrañar hablar con mi viejo amigo. Entonces, después de cinco intentos fallidos de llamar, rezar para que nadie atendiera y colgar después de dos pulsos, finalmente hablamos. Desde ese momento hablamos un par de veces más. No tengo nada dramático para contar, pero al menos hablamos. Creo que vale de algo.

Mi inspiración

Todos los esfuerzos que he hecho para reconciliarme o reconectarme se los debo al Sargento Paul Ray Smith. El Sargento Smith fue asesinado en batalla inmediatamente después de que el ejército de Estados Unidos se apropiara del aeropuerto internacional de Bagdad. En su laptop se encontró una carta no enviada. Esto es lo que decía: “Queridos mamá y papá. Mientras estoy aquí, alistándome para ir de nuevo a la guerra, me he dado cuenta que hay algo que nunca les he dicho: LOS AMO…”.

Dios mío, pensé, ¿cuántas cartas no enviadas tengo en mi interior? ¿Cuántas llamadas telefónicas que nunca hice?

Me imagino lo mucho que significó para sus padres leer esa carta, incluso después de que su hijo hubiera muerto. Me imagino lo diferentes que hubieran sido sus recuerdos y sus vidas si su hijo jamás hubiera escrito esas palabras. Me imagino lo diferente que podría ser mi vida, lo diferente que podrían ser las vidas de mis hijos, lo diferente que podrían ser tantas otras vidas… si tan sólo pudiese levantar este objeto tan pesado, el teléfono…

Aún puedo oír la voz de mi tío: “Estoy tan contento de que hayas llamado. Sabes, creo que voy a llamar a tu padre antes de Iom Kipur. Es un buen momento para hacer algo así”.

No podría estar más de acuerdo.

Extraído de la edición revisada de: “The Almost 25th Anniversary Edition of the Rosh Hashanah/Yom Kippur Survival Guide” (libro en inglés).