El jazán comienza a tararear la familiar melodía de Unetane tokef, una ancestral plegaria pronunciada en Rosh HaShaná y Iom Kipur. Me es familiar; no porque haya escuchado su melodía en mi sinagoga durante las últimas décadas, sino porque es parte de mí, porque veo sus consecuencias todos los días de mi vida.

Al ser la directora asociada del Departamento de Pérdida (de seres queridos) e Intervención de Crisis de la organización Chai Lifeline, la interventora de salud mental para Hatzalá en Five Towns y Far Rockaway, y la consultora por temas de crisis y luto para Achiezer, ATIME y Ohr Naava, estoy involucrada en toda clase de crisis, traumas y tragedias que afectan a la comunidad judía local, nacional e internacional.

Las páginas de mi libro de rezos se abren solas en esta liturgia épica y las palabras cobran vida por sí solas.

Unetane tokef. Comencemos a relacionar el poder de la santidad del día con el poder del significado de la plegaria… pero… ¿lo hacemos realmente? ¿Podemos —con todas las distracciones y con un ojo en el reloj para sobrevivir el ayuno— conectarnos realmente con la idea de que es un día lleno de sobrecogimiento y temor?

Las imágenes continúan: “Como un pastor ocupándose de su rebaño…”. No puedo borrar la visión de una manada de blancas almas prístinas de niños cuyas historias abracé, nutrí y lamenté durante los últimos doce años. Cierro mis ojos llenos de lágrimas y veo cómo cada parte de Unetane tokef es escrita. Veo un niño que muere, una familia que cambia para siempre. El poderoso significado de las palabras pincha mi alma.

El bálsamo para el dolor es la acción.

El bálsamo para el dolor es la acción. Quizás al compartir algunas de mis experiencias, por más que duela oírlas, puedas encontrar un nuevo significado en las palabras y juntos podamos rezar, clamar, implorarle a nuestro Padre misericordioso que ponga fin a todas las tragedias de la nación judía.

Quién vivirá y quién morirá…

Es difícil imaginar que muchas madres cantaron esta misma plegaria hace un año, sin imaginar nunca que la vida de sus hijos estaba en la balanza en ese día de Rosh HaShaná. “En Rosh HaShaná es escrito el decreto del año, en Iom Kipur es sellado, quién vivirá y quién morirá…”.

No son sólo palabras de incontables familias que ahora luchan para vivir con la nueva realidad de una estructura familiar alterada. Ellos perdieron una parte de su corazón colectivo.

Quién en el momento correcto y quién prematuramente…

¿Puede concebirse la muerte de un hijo a los tres años? ¿Cómo puede ser ese el momento correcto? Recién estaba comenzando a ir a la guardería… ahí va el bar mitzvá, la universidad y la boda, todos los planes para el futuro se desvanecen. En su brit milá rezamos que pudiera ameritar ser llevado a la jupá. ¡Necesita más tiempo! Las potenciales buenas acciones ya no son viables.

¿Y qué hay de esas mujeres que nunca pudieron celebrar el nacimiento o el brit en el momento correcto porque su travesía hacia la maternidad física terminó antes del nacimiento? Para los padres, la muerte de un niño jamás es en el momento correcto. Sin embargo, la fe en que sólo Dios conoce el momento correcto para cada uno de nosotros nos sostiene.

Quién a través del agua…

Me estremezco mientras visualizo a niños plenos y alegres nadando y navegando en cálidos días de verano que terminaron trágicamente. Conozco a las familias justo después de la tragedia. Entro a una casa y veo marcos llenos de fotos de sonrisas sin dientes, fotos de asados familiares y recuerdos de campamentos de verano.

Quién a través del fuego…

Mi mente deambula con las siguientes palabras del jazán, al tiempo que suspiro y recuerdo a muchos miembros de una familia que fueron engullidos por un fuego empedernido.

Quién por la espada…

¿No perdimos el año pasado a cuatro honorables miembros de nuestra sagrada nación en el atentado de Har Nof? Las muertes por violencia, asesinato brutal y maldad no provocada son incomprensibles para nuestra pacífica tribu de Israel. Huelo el hedor de sus consecuencias demasiado a menudo, ya sea que esté involucrada íntimamente con la familia despojada o que sea informada de los incontables incidentes de trauma causados por ataques de terror en Israel, Francia o Estados Unidos.

Quién por un animal salvaje…

Un niño fue atacado por un animal salvaje en un campo que solía ser tranquilo.

Quién por hambre, quién por sed…

Es asombroso pensar en que hay hambruna en nuestros vecindarios. Sin embargo, en el siglo XXI, en los suburbios, una cornucopia de alimentos no lograría revivir a quienes se deterioran por desórdenes alimenticios. En este mismo instante, en mi shul, mi ayuno de 25 horas ruega por un poco de agua que aplaque la sed, pero igualmente las necesidades de mi cuerpo no son nada en comparación al dolor por recordar la imagen de un padre viendo a su esquelética niña preadolescente esfumarse delante de sus ojos. ¿Y los niños que tuvieron muertes relacionados con alimentos, como el ahogo, las reacciones alérgicas o la comida contaminada?

Quién por la tormenta…

Los desastres naturales son un fenómeno del que oímos demasiado a menudo en las noticias. Se nos hizo mucho más cercano durante el huracán Sandy. Durante mi trabajo con víctimas de Sandy, una tormenta de gran magnitud, vi como desapareció la estabilidad, vi las víctimas y vi la pérdida expresarse en una miríada de formas.

Quién por la plaga…

Para una madre, ver a su hijo sufrir y morir lentamente como resultado del cáncer o de otra enfermedad terminal es debilitante. Te rompe el corazón. Antes de mi trabajo en trauma, fui una de las directoras de Camp Simcha y Camp Simcha Special, las colonias de vacaciones de Chai Lifeline para niños con cáncer y otras enfermedades de largo plazo. Allí vi la enfermedad con mis propios ojos. La vi tristemente triunfar y engullir los cuerpos de niños preciosos para finalmente cobrar sus vidas. Continúo viendo el azote de la enfermedad poniendo a prueba a familias en mi trabajo actual, y nunca se hace más fácil.

Quién por estrangulamiento…

Imagina la sofocación de la víctima que sucumbe en su batalla contra la fibrosis cística, o al niño asfixiado por el túnel de arena que estaba construyendo inocentemente en la playa.

Quién por apedreamiento…

“Palos y piedras pueden romper mis huesos pero las palabras jamás me dañarán”, dice el dicho. Ojalá. Las víctimas de abuso (físico, sexual o emocional) mueren muertes literales y muertes figurativas. El apedreamiento también evoca imágenes de vehículos golpeando a niños que, inocentemente, juegan, andan en bicicleta o en patineta.

Quién descansará. Quién deambulará. Quién tendrá serenidad. Quién será perturbado…

Algunas madres despiertan en la mañana y se enteran que su niño no se ha despertado ni volverá a hacerlo. De forma tranquila, aparentemente sin haber sufrido, pero tortuoso e inesperado. Algunas son forzadas a ver a sus hijos permanecer en un coma por semanas, meses y hasta años, sin jamás tener la esperanza de que revivan.

Quién estará tranquilo. Quién será desgarrado...

¿Qué muertes serán repentinas, sorprendentes, traumáticas, irritantes y cuáles serán esperadas, prolongadas, anticipadas pero igualmente temidas?

¿Qué familias sufrirán las consecuencias privadas de una enfermedad emocional? Un niño que siente que terminar con su vida es la única forma de sanar.

Quién empobrecerá. Quién será rico. Quién será abatido. Quién se elevará...

Y hasta en nuestras propias comunidades hay familias que viven en una pobreza tan extrema que su existencia es similar a la muerte y hasta puede conducir a ella. La degradación que sienten los niños como resultado es suficiente para matarlos.

Al recitar esta plegaria, mis ojos han estado cerrados y llenos de lágrimas, viendo las imágenes de esos niños perdidos y de tantos otros. Abro mis ojos ahora y veo a mis hijos, a los hijos de mis vecinos y amigos y me inunda una sensación de humildad, gratitud y fortaleza. Llevo mis ojos hacia arriba y le agradezco a Dios y le pido un año bueno, un año de consuelo, fortaleza, salud, salvación y alegría.