El festival de Jánuca es uno de los eventos más queridos y ampliamente observados en el calendario judío. Las poderosas imágenes de los milagros de la victoria judía sobre los griegos seléucidas en el segundo siglo antes de la era común y el milagro del aceite 'para un día' que ardió durante ocho días en la re-dedicación del Templo son una inspiración para los judíos de todo el mundo. Como toda mitzvá, Jánuca tiene sus leyes y costumbres especiales. Un análisis profundo de las leyes y costumbres de Jánuca revela algunos conceptos sorprendentes

1) Una mitzvá para compartir

Si una persona sólo tiene suficiente aceite y mechas para los ocho días de Jánuca, mientras que su humilde vecino no tiene nada, él deberá compartir con su vecino, aun si de esta manera no tendrá suficiente aceite y mechas para el resto del festival.

Esto es porque la idea de añadir una vela cada noche hasta que llegamos a ocho, es lo que se conoce como un hidur, un embellecimiento de la mitzvá; la mitzvá esencial es solamente una vela cada noche por hogar. Es mejor compartir tu aceite y permitir que otro judío cumpla la mitzvá junto contigo, que embellecer tu propia mitzvá mientras que tu vecino no tiene nada.

2) En un tiempo de asimilación

La idea original del encendido de velas era hacerlo afuera, en la entrada de la casa o en el patio al anochecer. Esto, para que la gente que venía del trabajo pudiera ver las luces del festival.

La festividad de Jánuca es única en este aspecto. No tenemos otro mandamiento en el judaísmo que requiera una exposición pública de este tipo. Esto es porque durante la era de los hasmoneos, en Israel, había una asimilación desenfrenada dentro del pueblo judío debido a la influencia de la cultura griega. Los sabios instituyeron que el encendido de velas se haga en el exterior para publicitar los milagros que Dios había hecho por Su pueblo. No era solamente una celebración de los sacerdotes hasmoneos, dentro de los confines del Templo, sino una forma de inspirar a todo el pueblo judío a retornar a su tradición.

3) Una bendición única

La mayoría de nosotros conoce las bendiciones que pronuncia la persona que enciende las velas. Lo que es menos conocido, es que hay también una bendición para alguien que no está encendiendo. Al ver las velas de Jánuca ardiendo, la persona recita la bendición "por los milagros que realizó para nuestros antepasados".

Es exclusivo de la fiesta de Jánuca que alguien que no está haciendo la mitzvá (y que nadie la está haciendo por él) dice una bendición sólo por ver una mitzvá que está siendo hecha por otros. Esto, también, puede ser explicado por la preocupación especial que sentían los sabios por todos los judíos, incluyendo los no observantes. Se determinó que las velas se exhiban públicamente por el bien de ellos.

Por lo tanto, cuando un judío que ve las velas encendidas, es despertado por ellas y adquiere un interés renovado en su identidad judía, esa dimensión especial de la mitzvá también ha sido cumplida, y por eso corresponde recitar una bendición de agradecimiento a Dios. (Sucat David)

4) Prioridades

El Talmud pregunta con respecto a una persona que tiene aceite solamente para las velas de Shabat o las de Jánuca, pero no para ambas. (Cada año, Shabat y Jánuca coinciden al menos una vez durante el festival de ocho días) ¿Cuál tiene precedencia? El Talmud determina que Shabat tiene precedencia por Shalom Bait, armonía familiar. Las velas de Jánuca (que en ese entonces eran puestas en la entrada de la casa) publicitan el milagro del aceite, pero las velas de Shabat iluminan la casa. Se considera más importante que haya luz dentro de la casa para el disfrute de la comida de Shabat.

La historia siguiente es contada por el Jafetz Jaim, el líder espiritual de la judería europea antes de la segunda guerra mundial: la hora para el encendido de las velas de Jánuca había llegado, y su huésped estaba ansioso por compartir este momento con el gran rabino. Pero el Jafetz Jaim no subió a encender las velas. Esto, para confusión de su huésped, dado que la meticulosidad del Jafetz Jaim en la observación de las mitzvot era bien conocida. Una considerable cantidad de tiempo pasó, e inexplicablemente, él todavía no las había encendido.

Finalmente, bastante tiempo después de la hora apropiada para el encendido de velas, se abre la puerta y entra la esposa del Jafetz Jaim. Sin decir una palabra, él inmediatamente se levanta y, con su esposa y su huésped a su lado, enciende las velas de Januca. Después, el Jafetz Jaim, percatándose de la curiosidad que sentía su invitado, explicó que el retraso en el encendido se debió a la consideración por su esposa. Él sabia que ella disfrutaba mucho estar presente durante el encendido. Si se lo hubiese perdido, después de volver de un viaje, hubiese estado desilusionada.

Encender las velas de Jánuca es una gran mitzvá y debe ser hecha con prontitud, pero dado que los sabios nos enseñan que el Shalom Bait tiene precedencia por sobre Jánuca, ciertamente era justificado retrasar el encendido por consideración de los sentimientos de su esposa.

5) Depende de Dios

La vela debe tener suficiente aceite (o cera) al momento del encendido para que permanezca encendida por lo menos hasta treinta minutos después de que salgan las estrellas. Si la luz se extingue antes de ese tiempo, es apropiado encenderlas nuevamente (sin una nueva bendición). De todos modos, uno no está obligado a encenderlas de nuevo; ya ha cumplido la mitzvá con el primer encendido.

Esto es una aplicación del principio "el encendido hace la mitzvá". Esto simboliza la visión judía de que en la vida generalmente nuestra responsabilidad es tomar las decisiones y actuar para llevarlas a cabo; pero si al final, el brillante sueño de éxito se extingue, eso no significa que nosotros hemos fallado. Nuestro trabajo es decidir y actuar. El éxito y el fracaso dependen de Dios.

6) Ambición judía

En temas espirituales, existe el principio de maalin bekedushá, ascender en santidad. Esto es ejemplificado por la forma en que encendemos las velas de Jánuca. Encendemos una vela la primera noche, dos en la segunda, y seguimos así hasta que concluimos la festividad con ocho velas ardiendo.

En Jánuca, esto se hace para trasmitir el mensaje específico de incrementar el milagro, tal como la provisión de aceite para un día continuó encendida durante ocho. Sin embargo, en un sentido general, expresa el concepto judío de ambición que nosotros debemos sentir para conseguir siempre más y más aprecio por los milagros que Dios hace por nosotros, y alcanzar niveles más altos de espiritualidad.

7) Grandioso y pequeño

En Jánuca hay "Halel" y Hodaá. "Halel" es una canción de alabanza a Dios por los milagros que Él realiza por el pueblo judío. Hodaá es un reconocimiento del hecho de que no merecemos las cosas grandiosas que Él hace por nosotros. Un judío debe ir por la vida con este reconocimiento doble: la grandeza de Dios, en una mano; y la pequeñez de sus criaturas, en la otra. (Sfat Emet)

8) Almas encendidas

El aceite y las mechas que no son aptas como velas de Shabat (porque no son tan buenas) se pueden emplear, sin embargo, en Jánuca. Cada letra de la palabra hebrea para alma néfesh representa un componente de la vela: ner (llama), petilá (mecha), y shemen (aceite). Aquellas almas judías que no arden tan bien durante todo el año en Shabat, (ya que no están correctamente alineadas con su grandiosa identidad judía), gracias al especial poder de las luces, son capaces de arder brillantemente en Januca. Dado que en Januca, posiblemente más que en cualquier otro momento del año, uno tiene la posibilidad de conectarse con su identidad judía. (Sfat Emet)