Cuando tenía siete años era el único niño judío de mi escuela. Pero no te hubieras dado cuenta al mirarme; no me diferenciaba en nada de los demás niños, y tampoco quería hacerlo. Pero todos los años llegaba diciembre y, en el nombre del multiculturalismo, yo quedaba en el centro de la escena: Por ser el único representante disponible del pueblo judío, mis maestros me daban la responsabilidad de dar una clase sobre Januca.

Me imaginaba los altos y musculosos macabeos, con sus escudos adornados con la Estrella de David.

Yo me tomaba mi rol como profesor visitante con bastante seriedad: llegaba a la escuela viéndome muy solemne y llevando mi enorme libro sobre Yehuda el Macabeo y un plato de latkes caseros con puré de manzanas. Todos los niños se sentaban en un gran círculo y yo les mostraba orgullosamente las fotos de los altos y musculosos macabeos, con sus espadas reluciendo y sus escudos adornados con la Estrella de David. Le leía a mi clase la historia sobre cómo esta feroz y poderosa banda de guerreros judíos luchó valientemente para derrotar al ejército sirio-griego del malvado rey Antíoco. Relataba cómo habían recapturado nuestro Templo Sagrado en Jerusalem y encendido la menorá, la cual había ardido milagrosamente por ocho días. Luego concluíamos la celebración de la proeza militar judía devorando hasta el último latke.

Al igual que tantas historias que se les cuentan a los niños, ésta estaba distorsionada, no era exacta y estaba excesivamente simplificada. Mi libro nunca explicó por qué se estaba luchando. Tampoco mencionó el hecho de que el pueblo judío estaba irreconciliablemente dividido, enfrascados en una lucha sobre cuál era la verdadera definición de ser judío. Dejó de lado el terrible dolor y sufrimiento resultante de que judíos asimilados se unieran a las fuerzas del enemigo para destruir el judaísmo, y la insensata tragedia de hermanos peleando contra hermanos. Esta fue una guerra civil judía, y al igual que en la mayoría de las guerras civiles, no tenía nada de civil.

Los Antecedentes*

En el tercer siglo AEC, Alejandro Magno apareció con fuerza en la escena mundial. A los 30 años había creado uno de los imperios más grandes que el mundo antiguo llegó a conocer. La pequeña Israel fue incorporada a este gran imperio, y los judíos se encontraron de repente expuestos a toda la belleza y el esplendor de la cultura griega. Los valores griegos presentaban una grave amenaza al estilo de vida judío tradicional. La Torá consideraba a sus creencias anti-éticas, pero su atracción era casi irresistible.

Los judíos comenzaron a asimilarse a un paso alarmante. Aprendieron el lenguaje griego, estudiaron filosofía griega y practicaron los deportes griegos. Muchos adoptaron nombres griegos. La visión griega del mundo, que consideraba a la circuncisión como una profanación del cuerpo, llevó a algunos judíos a someterse a un doloroso procedimiento para que su Brit Milá fuese revertido quirúrgicamente.

Las costumbres y valores griegos dominaban a la sociedad judía.

La mayoría de los judíos se mantuvo fiel al estilo de vida de la Torá, pero los judíos ricos y de clase alta, enamorados de la cultura griega, se helenizaron en gran medida. Muchos ya no se veían a sí mismos como miembros de un Pueblo Sagrado con un pacto único con Dios. En cambio, se convirtieron en miembros de una elite moderna y cosmopolita que se identificaba fuertemente con la cultura griega y con su régimen político. El griego se convirtió en el lenguaje hablado por la clase alta, y las costumbres y valores griegos llegaron a dominar gran parte de la sociedad judía. Avergonzados por sus "retrógrados" hermanos observantes, estaban determinados a "modernizar" a la sociedad judía y a hacer lo que fuese necesario para helenizar a sus hermanos judíos.

Con el apoyo político y militar de sus aliados sirio-griegos, fue comenzada una campaña para erradicar la práctica y creencia del judaísmo por medio de la fuerza. Comenzó un reino de terror en contra de los judíos observantes y del estilo de vida judío. La observancia de Shabat y la circuncisión fueron prohibidas. La cashrut y las leyes de pureza marital fueron declaradas ilegales. Se ordenó que todos los libros de Torá fuesen confiscados y quemados. El estudio de Torá fue prohibido. Se construyeron altares para los dioses griegos por toda la tierra de Israel. En Jerusalem, en el Templo Sagrado mismo, se erigió un ídolo en el que se sacrificaban diariamente cerdos a los dioses griegos.

En breve, la práctica de judaísmo y la observancia de la Torá habían sido prohibidas bajo pena de muerte. Las mujeres que permitían que sus hijos fuesen circuncidados eran asesinadas con sus hijos atados alrededor de sus cuellos. Los judíos que se rehusaban a comer cerdo o a sacrificarlos eran torturados hasta la muerte. Los eruditos de Torá eran perseguidos y asesinados brutalmente.

En el año 166 AEC las ardientes tensiones hicieron erupción en un conflicto abierto cuando Matitiahu y sus cinco hijos –"los Macabeos"- comenzaron una rebelión armada. Los judíos helenizados trajeron a las fuerzas de sus maestros griegos como refuerzo. Un ejército de 50.000 hombres fue desplegado en contra de los judíos. Eran la superpotencia del mundo antiguo, estaban altamente entrenados y eran muy habilidosos. Tenían la última tecnología en armamento. Iban a la batalla sobre elefantes - los tanques de la antigüedad. Los macabeos, en cambio, pudieron juntar un ejército guerrillero de apenas 6.000 hombres.

¿Cómo Ganaron?

En las plegarias de Januca decimos: "Entregaste a los fuertes en manos de los débiles, a los muchos en manos de los pocos, a los impuros en manos de los puros…"

Pensando hacia atrás, la mayor distorsión de la verdad que había en el libro de Januca de mi infancia no venía de las palabras, sino de las imágenes. Allí había dramáticos dibujos de los feroces guerreros judíos en magníficos trajes de batalla. En la realidad, los macabeos no estaban ni cerca de ser guerreros. Eran todos cohanim –sacerdotes del Templo Sagrado de Jerusalem. Sus seguidores eran rabinos y estudiantes de Ieshivá. Lo más probable es que hayan sido debiluchos y deslucidos. No tenían experiencia o entrenamiento. Lucharon con armas primitivas, a veces incluso con sus manos. Lucharon porque no tenían alternativa. Lucharon porque su existencia espiritual estaba amenazada. Las posibilidades de ganar eran nulas.

Pero sin embargo ganaron.

Hay un concepto judío conocido como mesirut néfesh. Significa auto-sacrificio. Significa hacer lo correcto más allá del costo personal que conlleve. Significa hacer lo que debes incluso cuando no ves cómo podría salir bien.

Cuando es hecha por la existencia espiritual judía, la mesirut néfesh provoca una respuesta directa de Dios. Crea milagros.

La victoria de los macabeos no tuvo nada que ver con habilidad militar, ni tampoco con fortaleza física. Januca representa esta victoria de la mesirut néfesh. El conflicto fue en el fondo espiritual, y por lo tanto no fue la espada sino el espíritu lo que conquistó. Los macabeos lucharon con mucha voluntad y una determinación brutal. Su arma secreta fue un auto-sacrificio que emanó de claridad en el propósito. Su victoria vino de su voluntad para luchar en contra de los elefantes con tan sólo sus manos. Fue la victoria del espíritu por sobre la fuerza.

Hoy en Día

Hoy en día, la abrumadora mayoría de los judíos tiene libertad para estudiar y observar la Torá si eligen hacerlo. No sé de ningún lugar en el que los judíos estén siendo torturados para evitar que coman casher. Pero sin embargo la mayoría de los judíos no respeta las leyes de cashrut. Las madres que circuncidan a sus hijos no son asesinadas, pero igualmente existe un número creciente de madres que elige no realizar el Brit Milá.

Sí, el pueblo judío tiene enemigos, y muchos de ellos quieren incluso aniquilarnos físicamente. Pero no están tratando de eliminar nuestro estilo tradicional de vida. Eso lo estamos haciendo nosotros mismos.

No tenemos ningún enemigo a quien culpar, lo que hace que sea mucho más doloroso.

La asimilación y el matrimonio mixto están en auge. Los valores judíos se están deteriorando día a día. La vida judía está sitiada. Pero no tenemos ningún enemigo a quien culpar. Simplemente nos estamos destruyendo desde adentro. La herida la causamos nosotros mismos, y para quienes la identidad judía es importante, esto sólo hace que el sufrimiento sea mucho más doloroso.

Estamos en un mundo que ataca al judío, lo aleja de sus valores y socava su mismísima identidad judía.

Januca es la festividad de mesirut néfesh. El mensaje de Januca es que, más allá de lo difícil que parezca, necesitamos luchar contra las fuerzas que buscan nuestra destrucción espiritual. Y si hoy en día esas fuerzas están viniendo desde adentro, entonces desde adentro tiene que surgir una claridad absoluta. Necesitamos saber qué significa ser judío. Necesitamos entender quiénes somos, qué es lo que representamos, y por qué es importante. Esta es una batalla que sólo puede ser ganada con mesirut néfesh, la determinación absoluta y el auto-sacrificio que abre las compuertas de la bendición y suscita la asistencia Divina. Ésta es nuestra mayor fortaleza y es el único camino hacia la victoria.

Sólo queda una pregunta: ¿Quién se unirá a la batalla? ¿Quiénes quedarán en la historia como los héroes que salvaron a nuestro pueblo?

*(El contexto histórico se sacó principalmente del libro "Echoes of Glory", de Rav Berel Wein, una excelente fuente para aprender más sobre Januca).