Uno de los milagros que celebramos en Janucá es el milagro de haber encontrado un frasquito que contenía suficiente aceite para arder por un solo día, en medio de los estragos que los griegos causaron en el Sagrado Templo. Los Macabeos querían encender la menorá con aceite de oliva sagrado, y sabían que tomaría ocho días producir una nueva tanda.

¿Te has preguntado alguna vez como se habría relacionado la sociedad de hoy en día con tal milagro?

Quizás el descubrimiento hubiera sido descartado por los medios como insignificante, ya que el aceite era de todas formas insuficiente para aliviar la escasez de aceite de oliva que había en ese momento.

Los que abogan por el "todo o nada" podrían haber recomendado no encender la menorá. (Si no puedes hacerlo de la mejor forma posible ¿para qué hacerlo?).

Los pragmáticos podrían haber evaluado que es imposible que la cantidad de aceite para un solo día permanezca encendido durante ocho días, y por lo tanto, lo mejor era encender un octavo del aceite cada día, o tener la menorá encendida menos horas cada día, u otras soluciones lógicas.

Los Macabeos sin duda conocían las opciones, sin embargo decidieron encender la menorá de la forma más preferible. Esto se hizo a pesar de que implicaba agotar todo el suministro de aceite puro de oliva en el primer día, dejándolos con la alta probabilidad de no poder mantener el alto estándar que tanto aspiraban a alcanzar. Pero ellos decidieron hacer el máximo que podían con los recursos que tenían, y dejar que Dios se encargara del resto.

Hay un profundo mensaje aquí para nosotros hoy en día. ¿Cuántos esfuerzos que valen la pena son dejados de lado porque no tenemos garantizado un éxito total? Sin embargo, el resultado de la inactividad debido al miedo, es un fracaso por omisión. Podemos aprender de los Macabeos que cuando hay una meta que vale la pena alcanzar, uno debe deshacerse del perfeccionismo inmovilizante, y en vez, debe capitalizar en base a los recursos disponibles y hacer lo máximo posible de acuerdo a las circunstancias.

Este Janucá, puedes transformar el legado de los Macabeos en tu propio legado. Escoge una meta importante que has estado postergando por miedo al fracaso, y trata de lograr lo que puedas. No te preocupes de si alcanzarás el éxito completo. Solamente entrega todo de tu parte, y deja el éxito en manos de Dios.

Porque así como Dios deja que la cantidad de aceite suficiente para un día arda durante ocho, Su ayuda Divina puede impulsarte a alcanzar tus objetivos – incluso aquellos que piensas que están fuera de tus posibilidades. Y eso es realmente un milagro.