Los gobernantes griegos en Israel establecieron un duro decreto:

    Se requiere que todas las novias se acuesten con un oficial militar griego antes de poder casarse con sus esposos.

Esto no es un mito ni un cuento de hadas. Estas eran jóvenes mujeres judías que estaban tan vivas y que eran tan inteligentes y talentosas como cualquier mujer judía de hoy. Estaban enamoradas de sus futuros esposos y tenían que rendirse ante la lujuria de un soldado griego antes de poder casarse. Si desobedecían esta ley, podían ser asesinadas.

¿Qué hubieras hecho tú en esta circunstancia? ¿Qué le dirías a tu hija o a tu prometida que hiciera?

Esto fue particularmente insidioso, dado que los griegos entendían que la fundación de la vida judía es una familia sana y estable. Y en la raíz de esta estabilidad está la santidad de la relación entre el esposo y la esposa. En la tradición judía, incluso un “beso y un abrazo” amistoso con un amigo del sexo opuesto es considerado inapropiado. Del mismo modo, los sabios establecieron una “barrera” preventiva para estar separados de los miembros del sexo opuesto.

Los cabalistas dicen que el lazo entre el esposo y la esposa es análogo al lazo entre la humanidad y Dios. Esta es la razón por la cual “nada es demasiado” cuando se trata de proteger la santidad de la vida matrimonial. Y este es precisamente el punto que los griegos buscaron desarraigar.

La Historia de Yehudit

Una mujer judía, llamada Yehudit, se convirtió en una parte fundamental del alma de Janucá. Esta es su historia:

Uno de los comandantes griegos lideró a su ejército para sofocar una revuelta que estaba comenzando en Jerusalem. Las fuerzas griegas acamparon alrededor de las murallas de la ciudad y comenzaron un prolongado estado de sitio. A pesar de que Jerusalem era una ciudad bien fortificada, el implacable sitio impuesto por un ejército superior empezó cobrar un alto número de víctimas entre los habitantes de la ciudad. Una mujer viuda llamada Yehudit salió de la ciudad y solicitó una audiencia con el comandante. Su plan era seducirlo y entonces asesinarlo.

Su plan fue exitoso. El comandante dio una fiesta en honor a Yehudit y se emborrachó bastante. En la noche el comandante y Yehudit se retiraron a su tienda privada, en donde él cayó rápidamente en un sueño profundo. Mientras estaba dormido, Yehudit tomó su espada y lo decapitó.

Yehudit trajo la cabeza del comandante de regreso a Jerusalem, en donde fue colgada de los muros de la ciudad para que todos la vieran. Los judíos fueron inspirados por el audaz heroísmo de Yehudit, y las fuerzas griegas se retiraron.

Este fue un momento clave en la revuelta judía en contra de los griegos.