El objetivo de todo judío es perfeccionar su carácter y desarrollar su potencial. Por consiguiente, las festividades están organizadas de forma que si las entendemos, las seguimos y nos conectamos con su flujo, para cuando llegamos al final del año, hemos alcanzado el máximo crecimiento y refinamiento que podíamos lograr en ese año. Las festividades son un sistema de calendario diseñado para ayudarnos y dirigirnos perfectamente en nuestra búsqueda de crecimiento.

Cuando se acerca Januca, la pregunta es la siguiente: ¿Qué ventana de oportunidad se abre durante esos ochos días, y qué se supone que debemos hacer para tener acceso a la luz de la festividad? ¿Cómo podemos convertir la luz de Januca en nuestra propia luz interior?

Comencemos con estas cuatro preguntas:

Pregunta #1

Todos saben que, de cierto modo, Januca es una celebración de la victoria judía sobre los griegos. Los griegos persiguieron a los judíos, los judíos se resistieron, y todavía estamos vivos para contarlo. Sin embargo, la pregunta es: ¿Por qué es esta la única experiencia de supervivencia judía que recordamos con una festividad? Después de todo, no faltan pueblos que han tratado de destruirnos y fallaron.

Si tan sólo miramos la historia antigua judía, podemos ver el choque de los judíos con los asirios, y decir que esos eventos tienen el mismo mérito de ser conmemorados con una festividad como el conflicto con los griegos. Piénsalo. El ejército asirio, la fuerza más poderosa del mundo en ese tiempo, sumando 185.000 soldados, arribó a la entrada de Jerusalem alrededor del año 701 AEC. Esta enorme fuerza acampó debajo de Jerusalem y estaba a punto de desatar un holocausto. Su intención era matar a todo hombre, mujer y niño en la ciudad.

De acuerdo al historiador griego Heródoto, todos los 185.000 soldados asirios murieron mientras dormían la noche anterior al ataque planeado.

Otras salvaciones nunca fueron elevadas al status de festividad.

Por supuesto, hay un desacuerdo sobre cómo exactamente pasó. Heródoto menciona algo sobre el brote de una plaga bubónica. Los historiadores judíos cuentan una historia diferente - un ángel de Dios salió y atacó a golpes a los 185.000 soldados asirios. Pero como sea que haya pasado, esa noche pasó algo asombroso. Y esa salvación nunca fue elevada al status de festividad.

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Lo mismo ocurre con los eventos del año 135 EC, cuando Bar Kojba lideró su revuelta, o la supervivencia de los judíos en el período de las cruzadas, o la inquisición. Nunca se convirtieron en festividades. Incluso en períodos más recientes, cuando cayó la Unión Soviética y miles de judíos fueron liberados del régimen que estaba decidido a eliminar el judaísmo, nunca se le ocurrió a nadie que deberíamos hacer una festividad.

O quizás debería haber una festividad general, conmemorando el milagro continuo de la supervivencia judía a pesar de los asiduos esfuerzos de los antisemitas a lo largo de la historia. Tal vez deberíamos celebrar la negación judía a sucumbir ante la ley de la evolución de las naciones, que pulveriza a las otras naciones y que pone presión constantemente sobre los judíos, pero que nunca fue exitosa.

Entonces, la pregunta #1 es: ¿Por qué la victoria judía sobre los griegos en el año 164 AEC es el único evento que conmemoramos?

Pregunta #2

Es muy tentador responder a la pregunta #1 como lo hacen los Sabios, en uno de los pocos pasajes talmúdicos en que se menciona la festividad de Januca. El Talmud hace la siguiente pregunta: “¿Qué es exactamente Januca?”. Es una pregunta extraña, porque si hay alguien que sabe de qué se trata Januca, son los Sabios del Talmud. Lo que es más, nunca preguntaron “¿Qué es Pésaj?” o “¿Qué es Purim?” ¿Cómo llegaron a tener dicho problema con Januca?

Rashi, el comentarista bíblico y talmúdico por excelencia, viene al rescate y explica que la pregunta del Talmud es como sigue: “Exactamente, ¿cuál fue el milagro que hizo que Januca fuera establecida como una festividad?”. La implicancia de esta pregunta es que hubo más de un evento que podría considerarse milagroso, pero sólo uno de ellos satisfizo el criterio de los Sabios para ser un milagro merecedor de una festividad.

A esta interrogante, el Talmud responde: “Nuestros rabinos enseñaron que el 25 de Kislev comienzan los ocho días de Januca. En esos días, las alabanzas estaban prohibidas. ¿Por qué? Porque cuando los griegos entraron al Templo Sagrado, impurificaron toda la reserva de aceite puro para ser utilizado en la menorá”. Entonces, el Talmud continúa con la descripción de que cuando la familia jasmonea triunfó sobre los griegos, sólo encontraron una vasija con aceite que seguía sellada con la firma del Sumo Sacerdote, que estaba absolutamente libre de impurezas, y por consiguiente podía ser utilizada para encender la menorá.

También se nos cuenta que esta vasija de aceite alcanzaba sólo para una noche. Y entonces llega el gran final: “Esa noche hubo un milagro. Ellos encendieron un pequeño frasco de aceite, y milagrosamente las velas ardieron por ocho días”.

Lo que aprendemos de esto es que a los ojos de nuestros Sabios, cuando una pequeña vasija de aceite arde por siete días más de lo esperado, es un acontecimiento merecedor del título de “milagro”. Pero una pandilla de judíos malamente armados, y con una gran desventaja numérica, que derrota a la fuerza militar más grande del mundo, no llega al nivel de milagroso.

Esto podría responder nuestra primera pregunta, ya que, a pesar de que gran parte de la historia judía puede ser vista como milagrosa, sólo Januca tuvo el gran milagro del aceite. El problema con esta respuesta es que trae otra pregunta: ¿Por qué sólo en el conflicto con los griegos hubo un milagro de luces? ¿Por qué no ocurrió un milagro similar en cualquier otro momento de la historia judía?

Pregunta #3.

Una cosa sería que el Talmud dijera que en el tiempo de Januca ocurrieron dos milagros: la victoria militar y el milagro del aceite. Sin embargo, esta no es la postura del Talmud. Mejor dicho, el Talmud sostiene que hubo un solo milagro -¡el aceite! Entonces la pregunta #3 es: “¿Por qué la victoria militar no se considera un milagro?”.

Pregunta #4.

Consideremos el texto especial que se encuentra en el libro de rezos, conocido como “Al Hanisim”, que se relaciona con Januca. En todo el texto no hay una sola palabra sobre el aceite ardiendo milagrosamente por ocho días. Uno pensaría que toda la festividad de Januca gira alrededor de una victoria militar en la que Dios “entregó a los fuertes en manos de los débiles, a los muchos en manos de los pocos, a los impuros en manos de los puros, a los malvados en manos de los justos, etcétera”.

Entonces, la pregunta #4 es: ¿Por qué, mientras que el Talmud se enfoca sólo en el milagro del aceite, el libro de rezos habla sólo sobre la victoria militar?

Pensando de Nuevo

Para responder estas cuatro preguntas, necesitaremos considerar tres asuntos. Después de eso se aclararán las respuestas.

1 ¿Cuál era la visión griega de la naturaleza humana, y cuál era la esencia de la cultura griega?

2 ¿Qué son los milagros?

3 ¿Cuál es la visión judía de la naturaleza humana, y de qué se trata el pueblo judío?

Asunto #1:

Los griegos, más que cualquier otra nación en la historia, representaron al mundo físico y natural. Su religión era panteísta: adoraban la naturaleza, idolatraban el cuerpo humano, y consideraban a la supervivencia del más apto un principio sagrado. Los griegos creían que, como en la batalla un hombre es más poderoso que una mujer, los hombres valían más que las mujeres. Esta veneración de lo masculino es parte de la razón por la que la homosexualidad era parte del ideal griego.

Y como la fuerte figura humana y la supervivencia del más apto eran valores centrales, cuando nacían bebés con cualquier tipo de defecto, físico o mental, eran abandonados a la intemperie para que murieran por exposición. Hasta tenían rituales religiosos para matarlos: Tomaban bebés con problemas de desarrollo y los estrellaban contra las rocas o los arrojaban al mar.

En Grecia, los atletas eran los sacerdotes, el gimnasio era el templo, y el hombre más fuerte y más apto era, por lejos, la persona más valorada en la sociedad.

Cuando los judíos se resistieron a los griegos, no era sólo una pequeña nación erguida frente a una mucho más grande. Estaba ocurriendo algo mucho más fundamental, más profundo. Los judíos veían a la naturaleza, y a la naturaleza humana, de una manera completamente diferente a la griega. Los judíos tenían una creencia fundamental en lo sobrenatural, en un Dios que trascendía la naturaleza, no en muchos dioses que operaban dentro de la misma.

Los judíos veían al cuerpo como una parte de la naturaleza que debía ser confrontada, refinada y elevada. Para los judíos, el desafío de la naturaleza humana era utilizar la fisicalidad para el servicio de un ideal más elevado, no para enamorarse del cuerpo mismo. Cuando los judíos fueron a la guerra en contra de los griegos, fue una batalla entre una nación definida por lo sobrenatural en contra de una nación que era una personificación de la naturaleza misma.

Asunto #2:

No todos los milagros son iguales, en realidad, hay dos categorías de milagros.

En el Talmud hay una famosa historia sobre Rabí Janina ben Dosa. Un viernes a la tarde, la hija de Rabí Janina acomodó sus velas de Shabat y las encendió. Luego de que estuvieron encendidas, se dio cuenta de que inadvertidamente había utilizado vinagre en lugar de aceite. Cuando su padre regresó a casa de la sinagoga, ella estaba muy triste.

“Papá, tomé vinagre en lugar de aceite, y cuando las mechas se consuman, las luces se apagarán”.

Rabí Janina ben Dosa dijo; “¡Hija mía, Quien hace que el aceite arda, hará que el vinagre arda también!”. El Talmud concluye diciendo que las velas con vinagre ardieron durante todo Shabat.

Con esta historia, el Talmud nos está diciendo que el hecho de que el aceite arda es un milagro. “Quien hace que el aceite arda hará que el vinagre arda”. Si el aceite arde sólo porque es el deseo de Dios, entonces, vinagre, agua y Coca Cola también pueden arder - si es lo que Dios quiere.

De esto resulta que hay dos tipos de milagros. Los milagros de “Primera Clase” son inconfundibles. Son muy grandes y salen de lo común. La palabra hebrea para este tipo de milagros es nes. Esta palabra significa literalmente señal o estandarte, y esta clase de milagros nos dice “Hey, gente, buenos días, despierten, soy Yo, Dios. Ya saben, Quien creó el mundo y sigue dirigiendo el show”. Todo gran nes es un letrero que nos dice que así como Dios divide el mar, así también Dios es el que “hace que arda el aceite”.

Cuando un fenómeno ocurre una y otra vez de manera predecible, ya no parece ser especial.

Piensa en esto. ¿Por qué cuando tomo una lapicera y la dejo caer, esta cae? Por supuesto que podrías decir que es la fuerza de gravedad, pero esto incita otra pregunta: ¿por qué existe la fuerza de gravedad? De hecho, ¿Por qué gira la tierra? ¿Por qué los corazones laten? ¿Por qué nacen los bebés? En conclusión, todo es un nes, un milagro. Sólo que cuando un fenómeno ocurre una y otra vez en un modo regular y predecible, le ponemos una etiqueta que dice “fuerza de gravedad”, como si hubiéramos explicado algo. Y una vez que la etiqueta está colocada, el acontecimiento nunca nos volverá a llamar la atención ni nos parecerá especial en absoluto.

El principio es que hay dos clases de milagros: la primera clase son los milagros “letreros”, milagros que captan nuestra atención. La segunda clase son esos milagros que están entretejidos tan elegantemente en la naturaleza misma que los consideramos naturales.

Asunto #3:

La vida es una guerra. Una guerra entre el cuerpo y el alma. Una guerra en la que el alma parece tener pocas posibilidades de vencer. Pero cuando se trata de sobreponerse a los impulsos del cuerpo y vivir como un alma, no importa cuántos retrocesos tengamos, no son fracasos. Todo intento de superación de nuestra naturaleza física, incluso los “fallidos”, contienen poderosas chispas de victoria dentro de sí. Y esas chispas tienen la capacidad, con el tiempo, de unir sus fuerzas para que podamos finalmente elevarnos por sobre nuestra naturaleza física y abrazar nuestra naturaleza trascendental. Nuestra parte sobrenatural.

Respondiendo Nuestras Preguntas

Con todo esto en mente, entendiendo que al enfrentar a los griegos estábamos luchando contra la naturaleza, entendiendo que hay diferentes tipos de milagros en el mundo, y entendiendo que podemos sobreponernos a nuestra naturaleza si tratamos constantemente incluso cuando fallamos, podemos responder las preguntas que presentamos antes.

En el año 164 AEC los judíos, representando la voluntad sobrenatural de la Torá, salieron a la guerra en contra de los griegos, que representaban la adoración de la naturaleza. Imagina la escena: los griegos estaban parados en las carreteras con escopetas, matando judíos a diestra y siniestra. Ya habían tomado la Ciudad Vieja de Jerusalem. No había esperanza. Todo había acabado. Y, ¿cómo nos defendimos? Le hicimos brit milá a nuestros bebés, respetamos Shabat y santificamos el nuevo mes. Le dijimos a los griegos: “Verán, al final seremos los únicos que quedaremos en pie".

Los griegos deben haberse reído y deben haber continuado matando. Esta guerra aconteció desde el año 322 AEC hasta el año 164 AEC. Sin embargo, los judíos continuaron con su lastimosa revuelta - y siguieron arriesgando y entregando sus vidas por el judaísmo. Probablemente los griegos pensaron que estábamos locos. Quizás decían: “Ríndanse ya, empaquen y vayan a América. Su resistencia es inútil. ¿No ven que ya se acabó?”.

Y los judíos se mantuvieron firmes, diciéndose a sí mismos: “Cada mitzvá agrega luz a la llama sobrenatural. Incluso si fallamos hoy, y de nuevo mañana, hay un potencial acumulado por todos nuestros esfuerzos y, un día, todo este potencial explotará en una erupción de luz y dispersará la oscuridad”.

Como dice el Talmud, la esencia de Grecia es la oscuridad.

Los eventos de Januca estuvieron acompañados por el milagro de las luces porque esa era la representación perfecta de una batalla entre la luz de los judíos y la oscuridad de los griegos. Lo sobrenatural versus lo natural.

El Talmud y El Sidur

Volvamos a cómo los Sabios del Talmud se relacionaron con el milagro de Januca. Ellos sabían muy bien lo que era un milagro y lo que no. También entendían el profundo principio espiritual de que si seguimos intentando, no podemos perder. Si sigues haciendo un esfuerzo después de otro, eventualmente verás resultados.

Los Macabeos sabían que, en algún momento, los griegos serían derrotados.

Ellos entendían que la realidad es un milagro disfrazado de naturaleza. Cuando el Talmud pregunta: “¿En qué milagro se basa la festividad de Januca?”, se referían a un milagro de clase uno, fuera de lo ordinario. Es por eso que ellos identifican el milagro del aceite y no la victoria militar. Para ellos, la victoria militar era esperable, fue un milagro “natural”, con el que sabían que podían contar. Porque sabían que si los judíos seguían resistiéndose, luchando, observando su judaísmo, los griegos eventualmente serían derrotados. Las velas ardiendo por ocho días - eso fue inesperado. Una pequeña fuerza judía derrotando a la poderosa máquina de guerra griega - eso era esperable.

Lo que nos lleva al texto del Sidur. Recuerda que en la plegaria especial de Januca, Al Hanisim, no se menciona el milagro del aceite, sólo se hace referencia a la victoria militar. Para entender esto, necesitamos destacar una diferencia fundamental entre el Talmud y el Sidur. El Talmud es un documento que discute eventos antiguos. Puede ser un libro de historia con ideas que son relevantes para nuestras vidas hoy, pero su marco de referencia es histórico. En términos históricos, el singular evento del aceite ardiendo milagrosamente por ocho días es lo que captó la atención del Talmud. ¿Guerras? Ocurren todo el tiempo.

Por otro lado, el Sidur no tiene nada que ver con historia. El Sidur habla literalmente sobre el hoy. Tiene que ver con esta mañana, esta tarde, esta noche. El Sidur habla de una relación viva, dinámica y floreciente entre cada judío y Dios. Es una conversación “en tiempo real”. Es sobre el presente, no sobre el pasado. La única clase de milagro mencionada en el Sidur es la de los milagros constantes, los que están ocurriendo ahora. El milagro que se menciona en el Sidur es el único que es eternamente relevante para la guerra entre nosotros y la naturaleza: el principio de que si seguimos luchando, eventualmente nos sobrepondremos a nuestra naturaleza.

Sabemos que el pueblo judío no toma en cuenta la naturaleza. Sabemos que no podemos dejar de intentar, incluso si nuestros esfuerzos parecen ir en contra de lo racional. La naturaleza es racional, el pueblo judío no. ¿Acaso el regreso del pueblo judío a Israel después de 2.000 años es algo racional? Hace trescientos años, ¿alguien habría pensado racionalmente que el Israel de hoy en día podía ser posible?

En Rosh HaShaná y en Iom Kipur asumimos compromisos. Cuando terminan las festividades, esos días de inspiración parecen lejanos. Nuestros compromisos empiezan a marchitarse. Queremos rendirnos. A estas alturas del año, empezamos a decirnos: “No fui coherente, hice compromisos irracionales. Es demasiado para mí”.

Sin embargo, la verdad es lo contrario. Januca es el momento ideal para tomar esos compromisos e implementarlos. Januca es cuando pensamos sobre el potencial acumulado en cada esfuerzo. La naturaleza nos pide que renunciemos, que seamos realistas, que nos demos cuenta de que la tarea de crecer como esperábamos está más allá de nuestras posibilidades. Januca es la respuesta para esto. Januca dice: La naturaleza puede ser conquistada. Lo que parece ser imposible, no lo es.

Y como judíos, debemos creer en los milagros, y contar con ellos.

Extraído de Inspiring Lights Luces Inspiradoras. (Afikim)