¿Por qué el milagro del aceite de Janucá es tan importante para los judíos?

Todos sabemos que cuando los judíos volvieron a dedicar el Templo sólo encontraron suficiente aceite para que la menorá ardiera durante un día, pero milagrosamente permaneció encendida ocho días. ¿Por qué eso es tan importante como para merecer una festividad?

La verdadera razón de la festividad de Janucá no es que nos ahorramos una semana de aceite, sino que Dios nos volvió a recordar el primer mensaje que compartió con Moshé en la zarza ardiente.

Moshé estaba cuidando su rebaño cuando de repente vio un arbusto encendido. Lo extraño era que desafiando las leyes naturales el arbusto no se consumía. En ese momento, Dios le transmitió a Moshé un mensaje que también fue una profecía para el pueblo judío hasta el fin de los días. Tal como la zarza no se consumía, también el pueblo judío desafiaría las leyes de la historia y nunca desaparecería.

Cuando Arnold Toynbee completó su obra clásica de 10 volúmenes analizando el surgimiento y la caída de las civilizaciones humanas, Estudio de la historia, había sólo una cosa que le molestaba y parecía refutar las reglas universales que gobiernan la inexorable caída de cada pueblo de la tierra. Sólo los judíos sobrevivieron, desafiando el cuidadoso análisis y el razonamiento de Toynbee. En consecuencia, él proclamó que los judíos no son nada más que "el vestigio remanente" de un pueblo destinado a desaparecer muy pronto. Pero de alguna manera, a pesar de todos los brutales intentos para destruir a los hijos de Israel, los judíos demostraron el milagro continuo de la zarza ardiente.

La historia judía desafía cualquier explicación. La supervivencia judía es simplemente un milagro; un milagro que Dios le aseguró a Moshé que se repetirá hasta el fin de los días.

Por eso, cuando los líderes del mundo en las Naciones Unidas siguen proclamando resoluciones obscenas contra Israel y el antisemitismo nuevamente levanta su horrible cabeza entre las naciones supuestamente civilizadas, nosotros nos deleitamos con las velas de Janucá que nos aseguran nuestra eterna supervivencia.

¿Por qué los judíos no deben transformar Janucá en una "navidad judía"?

Es cierto que Janucá y navidad por lo general se celebran en la misma época. De hecho, el día del mes es idéntico: navidad es el 25 de diciembre y Janucá comienza el 25 del mes hebreo de kislev. Muchos judíos que viven en países cristianos provocaron que Janucá sea la festividad judía más observada, porque no queremos que nuestros pobres hijos se sientan privados de algo cuando todos los demás reciben regalos. Por eso, al igual que la navidad, Janucá sufrió una terrible comercialización.

Pero nunca debemos olvidar que históricamente Janucá tuvo lugar casi dos siglos antes de lo que celebra la navidad. La historia de Janucá comienza con el enfrentamiento entre la cultura griega y la identidad espiritual de los judíos. Los helenistas adoraban la santidad de la belleza; el judaísmo la belleza de la santidad. Los griegos eran maestros del arte; para ellos el cuerpo era un ídolo, se destacaban en los deportes, sus gimnasios sirvieron como modelos para los juegos olímpicos. El helenismo glorificaba lo físico.

Los judíos tenían una misión: mantener la primacía de lo espiritual.

En el siglo II antes de la era común, en Israel hubo una dura batalla para ganarse los corazones y las almas de los judíos. La triste verdad es que muchos judíos sucumbieron al brillo seductor del estilo de vida griego. Ellos siguieron la filosofía de los epicúreos, que enseñaban que el placer es el principal objetivo en la vida: "Come, bebe y diviértete, porque mañana morirás". Estos judíos se llamaron a sí mismos helenistas. Los judíos tradicionales se refirieron a ellos como apikorsim, una variación de la palabra epicúreos. Esta palabra se sigue usando hasta el día de hoy para definir a alguien como un hereje.

Irónicamente, todo el punto de la victoria judía era vencer la amenaza de asimilación, sobreponerse a la fuerte atracción de las practicas religiosas de sus vecinos paganos. Janucá se convirtió en la festividad que simboliza de forma muy bella la singularidad del aceite. Todos los otros líquidos se mezclan fácilmente con líquidos diferentes. Pero el aceite es único. Trata de mezclarlo con agua y verás que se separa y sube a la superficie.

Judíos y cristianos deben respetarse mutuamente, pero no imitarse. Que los judíos observen a la vez Janucá y navidad es negar el significado espiritual de la festividad.

¿Por qué los musulmanes deben conocer la historia de Janucá?

Mahoma, el fundador del islam, nació en La Meca en el año 570. Al principio tuvo pocos seguidores y experimentó la hostilidad de los politeístas de La Meca. Para escapar de la persecución continua, envió a algunos de sus discípulos a Abisinia en el año 615, antes de que él y sus seguidores migraran de La Meca a Medina (entonces conocida como Yathrib) en el año 622.

Este evento, la Hijra, marca el comienzo del calendario islámico. Ni Mahoma ni sus seguidores, mucho menos su religión, existían en el momento de la historia de Janucá, una historia que deja claro el vínculo histórico de los judíos con Israel, con Jerusalem y con el Templo, que se remonta a dos milenios atrás.

Quizás se les debería recordar a los musulmanes, más que cualquier otra comunidad de fe, la conexión judía con la Tierra Santa, con su capital Jerusalem y con el sitio en donde estuvo el Templo donde tuvo lugar el milagro del aceite tanto tiempo atrás. Tal vez las Naciones Unidas también deberían familiarizarse con el vínculo judío con Israel antes de condenarnos como nuevos "colonos que llegaron de lejos", cuyos derechos no pueden ser considerados por encima de aquellos cuya mezquita representa una religión creada en el siglo VII.

¿Por qué los judíos encienden la menorá de Janucá en la ventana que da a la calle?

Este es otro aspecto de la festividad de Janucá que la hace única.

Janucá no nos pide simplemente que cumplamos con sus rituales, nos exige que los hagamos públicos. De hecho, en hebreo hay un término especial para este concepto: pirsumei nisa, publicitar el milagro. Por esta razón, cuando es posible encendemos la menorá afuera, para asegurarnos que la vean quienes pasan por la calle. En donde el clima es invernal, colocamos la menorá frente a una ventana que da a la calle, para que quienes pasen caminando sepan que allí hay judíos que celebran la festividad.

¿Por qué el énfasis especial en esta mitzvá? La respuesta también forma parte de la historia. En la época de los macabeos, había judíos que estaban dispuestos a abandonar su fe porque se avergonzaban de su identidad, se avergonzaban de su religión que hacía que fueran notablemente diferentes.

¿Qué puede ser más triste que perder el orgullo judío? ¿Qué puede ser más trágico que el antisemitismo instigado por los mismos judíos, avergonzados de aquellos valores que nos convierten en los elegidos de Dios como un "reino de sacerdotes y una nación sagrada"?

Albert Einstein dijo: "Lamento profundamente haber nacido judío, porque eso hizo que me resultara imposible elegir convertirme en un judío".

Janucá es la festividad cuando, por primera vez en nuestra historia, superamos el desafío de la asimilación con el sentido de orgullo de los macabeos. Es una festividad que conmemora la verdad de la menorá: nosotros somos los que difundimos en el mundo la luz de la espiritualidad, del bien, de la moralidad y de la verdad.

Les deseo a todos nuestros lectores un feliz Janucá y la alegría de entender los "por qué" que la hacen una festividad tan especial.