En Januca y Purim, a los judíos les gusta girar objetos. No son sólo los jovencitos los que toman el sevivón (perinola de Januca) y el raashán (matraca de Purim). Pero hay una notable diferencia: durante Januca giramos el sevivón sosteniendo la pieza que sobresale en su parte superior; sin embargo en Purim, sostenemos el raashán por el mango, su parte inferior, y luego comenzamos a girar.

Esta discrepancia no es una mera coincidencia; en realidad expresa una profunda lección.

Rav Tzvi Elimelej Shapira, autor de Bnei Isajar, explica la diferencia de la siguiente manera: Dios desea otorgar constantemente bendición abundante a Su nación, pero nosotros debemos poner en marcha el proceso con una “inspiración desde abajo”. Si creamos una apertura del tamaño del “ojo de una aguja”, entonces Dios, de regreso, responderá “abriendo la entrada a un gran salón de banquetes” (Shir HaShirim Rabá, 5:3).

En otras palabras, si nosotros damos el primer paso —incluso uno minúsculo— realizando buenas acciones, Dios responderá con una lluvia de bondad sobrenatural desde los Cielos arriba. Incluso a través de pequeñas cantidades de Torá, arrepentimiento y mitzvot, podemos abrir las puertas para permitir que la inagotable “inspiración de arriba” llegue hacia nosotros, y en ocasiones, tome incluso la forma de milagros.

Purim: de abajo hacia arriba

En los días de Purim, con sus vidas colgando de un delgado hilo, el pueblo judío se unió en rezo y arrepentimiento sincero para generar una “inspiración desde abajo” que fuera merecedora de la promesa de Dios de corresponder. Los esfuerzos colectivos para revocar el duro decreto emitido en contra de ellos fueron exitosos y abrieron las puertas del cielo para que ocurrieran muchos milagros ocultos que dieron paso a la salvación. Con un tremendo esfuerzo de arrepentimiento por parte del pueblo judío, Hamán fue subsecuentemente destruido.

Así, mientras leemos el rollo de Ester en Purim, giramos el raashán “desde abajo” al escuchar el nombre de Hamán, para demostrar con orgullo que el pueblo judío inició la aplastante respuesta de los cielos; primero la parte de abajo gira y solamente entonces la parte de arriba la sigue en el movimiento.

Januca: de arriba hacia abajo

Sin embargo en Januca, nuestro arrepentimiento y nuestros rezos no fueron tan sinceros. Apenas un puñado de jashmonaim guió el ataque, mientras que la mayoría de nuestra nación falló en demostrar la inspiración requerida desde abajo para garantizar abundante bendición desde arriba. Y sin embargo Dios nos llenó con milagros de todas formas. Él nos entregó, compasivamente, “inspiración desde arriba”, aunque nosotros no merecíamos Su participación abierta. Los milagros llegaron y nosotros salimos victoriosos; rededicamos el grandioso Templo y encendimos un milagroso aceite ardiente.

En Januca giramos el sevivón que lleva inscritas las iniciales de las palabras nes gadol hayá sham, ‘un gran milagro ocurrió allí’. Nos alegramos con nuestros sevivonim, pero los giramos específicamente desde su parte superior para recordar constantemente que Januca fue una época en la cual los milagros llegaron gratuitamente, cuando Dios concedió Su infinita compasión sobre Su pueblo y las cosas comenzaron a girar sobre nosotros adoptando la forma de milagros incuestionables.

En Purim el giro es desde abajo, en Januca comienza desde arriba.

Jugando juegos

Esta diferencia también se ve en cómo jugamos con estos elementos. Las personas a menudo juegan al sevivón girándolo por dinero. Ya sea que cae en la letra guimel y el ganador se lleva todo el pozo, o en la shin y se pierde dinero; uno está a la merced de un destino totalmente fuera de su control. También estamos inseguros de cuanto durará el giro. Si no damos el paso inicial desencadenando la promesa de Dios de correspondernos de manera desproporcionadamente favorable, entonces nos entregamos simplemente a esperar lo mejor, deseando la no merecida misericordia de Dios.

Por otro lado, en la época de Purim, todos podemos girar nuestros ruidosos raashanim como señal de que jugamos un rol principal en la caída de Hamán. Al igual que la disonancia emitida por nuestros raashanim no es para nada agradable a nuestros oídos, asimismo ayunar, llorar y arrepentirse tampoco es agradable, pero al menos logramos nuestro objetivo. Cuando nosotros hacemos nuestra parte, podemos estar seguros que Dios hará la de Él. Y así, a diferencia del sevivón de Januca que gira por su cuenta hasta que se detiene, la duración del giro del raashán la controlamos nosotros.

Reflejado en el rezo

Esta distinción también se aprecia en las contrastantes liturgias de las dos festividades. En el rezo conocido como Al Hanisim, encontramos que en el párrafo de Januca se habla de que Dios peleó la batalla de ellos (los judíos) y tomó venganza por ellos.

Sin embargo, en la bendición que se recita al terminar de leer el rollo de Ester decimos: “Tu (Dios) peleaste nuestra batalla, tomaste nuestra venganza”. Para considerarla nuestra batalla, nuestra guerra y nuestra victoria, debemos tomar la iniciativa. Fue específicamente en Purim cuando nosotros, como nación unificada, tomamos acción colectiva en un sincero esfuerzo para inspirar y evocar la infinita bondad y compasión de Dios. Todos invertimos de nuestro tiempo, dedicando varios días al rezo y al arrepentimiento serio y sincero.

En un duro contraste, el milagro en el frente de batalla en contra del muy superior ejército griego fue un completo regalo de Dios en respuesta al noble sacrificio de tan sólo algunos individuos selectos.

Este Januca, hagamos nuestra parte y pongamos en marcha el proceso con una “inspiración desde abajo”. Debemos hacer nuestro máximo esfuerzo para unirnos como nación, para trabajar juntos como individuos y como pueblo para crecer en todas las áreas de la espiritualidad, y así, abriremos las puertas para que la misericordia y los milagros de Dios lluevan sobre nosotros en abundancia como nunca antes. Aumentemos nuestra caridad, buenas acciones y dedicación al rezo, ¡y comencemos a girar esos sevivonim al revés!