Cuando pensamos en el mes de kislev, naturalmente pensamos en la festividad de Januca, que comienza el día 25 de ese mes. Con una mirada más profunda, podremos discernir un hilo que une el período de tres meses conformado por tishrei, jeshván y kislev. También descubriremos una conexión oculta entre Sucot y Januca.

Si examinamos con cuidado la estructura del año, nos podremos dar cuenta que el año está formado por dos grupos de seis meses. Un grupo comienza con tishrei, el mes en que celebramos Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot, y continúa hasta el sexto mes del grupo, que es adar con la festividad de Purim. El otro grupo de seis meses comienza con el mes de nisán, que es cuando celebramos Pésaj, y continúa hasta elul, el mes preparatorio para las Altas Fiestas.

Todas las estructuras de tiempo son múltiplos de seis.

Es importante notar que todas las estructuras de tiempo son múltiplos de seis. El día consiste de 24 horas, que son cuatro grupos de seis horas. Cada hora tiene 60 minutos y cada minuto 60 segundos, lo cual son 10 grupos de seis en cada uno. De la misma forma, el año está compuesto por dos grupos de seis meses.

Cada grupo de seis puede ser nuevamente dividido para formar dos grupos de tres. Por lo general, los grupos de tres pueden ser descritos como ser la manifestación de los conceptos de tesis, antítesis y síntesis (ver la explicación de este concepto en el ‘Sefer Yetzirah’, p. 82, de Rav Aryeh Kaplan). Esto significa que el primer aspecto de un grupo de tres es el concepto inicial; el segundo es su opuesto; el tercero es la síntesis perfecta, o el balance, entre los dos primeros.

Para entender mejor este concepto, podemos observar este patrón en muchos contextos diferentes –por ejemplo, un debate entre dos individuos que mantienen opiniones opuestas sobre un tema. La primera persona presenta su opinión, y la segunda presenta su opinión contraria. En general, hay una cierta verdad en la que ambas partes pueden estar de acuerdo. Mientras se pueda encontrar un poquito de verdad en cada una de las opiniones, se podrá encontrar una verdad mayor que es la síntesis de las dos opiniones opuestas.

Síntesis Espiritual

Podemos discernir de igual forma este patrón en los meses del año. Los meses que acabamos de pasar –tishrei y jeshván-, junto al mes corriente –kislev- constituyen un trío que funciona precisamente en la forma que describimos anteriormente. En tishrei vivimos una gran oportunidad para conectarnos con Dios, al transitar las festividades de Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot. A medida que tishrei se acerca a su fin, la inspiración de esos días festivos se convierte en pasado mientras uno entra en el mes de jeshván, que es el polo opuesto de tishrei.

Jeshván por otro lado es un mes que no tiene ninguna festividad, y es descrito como "el mes amargo". Es un tiempo en que el estado natural del mundo es de distanciamiento de la luz espiritual; es un tiempo en el que debemos buscar desde dentro de la oscuridad por la luz de la espiritualidad que parece haberse extinguido.

Con la llegada de kislev comenzamos a ver la síntesis entre los polos opuestos que son tishrei y jeshván. La luz espiritual que estuvimos buscando se hace visible, brillando en medio de la oscuridad. Hay un balance entre la inspiración de tishrei y el profundo trabajo personal que hace falta en jeshván, cuando no hay ninguna inspiración externa.

Por contraste, el Segundo Templo no tenía milagros abiertos ni profecía.

Dicha síntesis puede ser observada en la festividad de Januca, que comienza el 25 de kislev. Es en este momento que celebramos y revivimos la experiencia del pueblo judío durante la época del Segundo Templo. Ese período estuvo caracterizado por un nivel menor de luz espiritual. Mientras que la época del Primer Templo estuvo caracterizada por constantes milagros expuestos y por la comunicación directa con Dios por medio de los profetas, la del Segundo Templo no tuvo ni lo uno ni lo otro. La forma de vida helenista despreciaba lo espiritual y glorificaba lo físico, y muchos judíos cayeron presa de ella. Fue en ese momento de oscuridad espiritual que un pequeño grupo de judíos fue capaz de ver a través de la oscuridad y encontrar la luz espiritual que brillaba en lo profundo, la cual finalmente se expresó en los milagros de Januca.

Aquí podemos ver los dos extremos: los milagros abiertos del Primer Templo y la ostensible oscuridad espiritual del Segundo Templo. Estos se sintetizaron en los sutiles milagros de Januca – los muchos que cayeron en manos de pocos, una luz milagrosa que brillaría por ocho días en lugar de sólo uno. Esos logros son pálidos en comparación a los milagros del Primer Templo, pero representaron la síntesis entre los esfuerzos humanos y la ayuda que Dios provee a quienes los ejercen. Dentro de la oscuridad, los humanos pudimos crear un medio a través del cual Dios pudiera revelarse sutilmente en el mundo.

Nubes de Gloria

Con esta idea podemos entender la profunda conexión entre las festividades de Sucot y Januca. Sucot cae en el mes de tishrei, el mes de la inspiración dentro de este trío; es la festividad en que nos sentamos en la sucá, lo que nos ayuda a revivir la experiencia del pueblo judío mientras vagó por el desierto durante 40 años, rodeado completamente por las nubes espirituales de la Gloria Divina. Esta experiencia reveladora es comparable a un regalo que el pueblo judío recibió en ese momento.

Vivimos el opuesto en el mes de jeshván, cuando nuestra conexión con la espiritualidad está oculta. Sin embargo, esta oscuridad brinda la oportunidad para que creemos el medio para que la luz trascendente de Dios aparezca gracias a nuestros propios esfuerzos. La luz de la espiritualidad, que originalmente fue dada como un regalo después del Éxodo de Egipto, es finalmente revelada por medio del esfuerzo humano con la aparición de la historia de Januca. A pesar de que la revelación es más sutil, igualmente representa la síntesis entre los regalos espirituales de Dios y nuestros esfuerzos para poder revelarlos y recibirlos.

Ahora podemos ver que los tres meses de tishrei, jeshván y kislev forman un período de tiempo propicio para desarrollar nuestra relación con Dios, comenzando con el momento de inspiración, continuando con un período más difícil que depende de nuestra inversión, y culminando con los frutos de esa determinación, los cuales son revelados cuando, durante las ocho noches de Januca, el brillo de esa luz irrumpe en la oscuridad del invierno.