"Sí, claro. Janucá dura ocho días debido al milagro. El aceite que era suficiente para un día ardió durante ocho días"

Esto lo decimos como algo obvio. ¿Pero realmente lo creemos? Supón que viene un amigo y te dice que en una de las ocho noches apareció del cielo una vasija de aceite, entró por el techo de su casa y encendió su menorá, todo esto sin provocar el mínimo daño. Te reirías a carcajadas, ¿verdad? O te apresurarías a llevar a tu amigo a que reciba un tratamiento psiquiátrico. ¿Realmente creemos en el milagro de Janucá?

Creo que damos crédito a los milagros antiguos que contradicen las leyes de la naturaleza en proporción directa al grado en que percibimos lo sobrenatural en nuestras propias vidas. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿qué es lo sobrenatural? Quiero compartir con ustedes una historia que leí en el libro del Dr. Harley Rotbart, Miracles We Have Seen (Los milagros que hemos visto).

No era yo

La octava bendición de la Amidá silenciosa, es una plegaria por la curación completa de la enfermedad. Los sabios instituyeron esta octava bendición porque cada día un niño judío es circuncidado al octavo día de su vida, lo que crea cada día en algún lugar del mundo la necesidad de una plegaria por curación. Si alguna vez hubo evidencia de la intervención sobrenatural en los asuntos humanos, esto fue en el reino de la medicina.

Durante algunos años en la década de 1990, para Rosh HaShaná y Iom Kipur me senté cerca de Louis Richtol (1904-2005), un sobreviviente de los pogromos de la Primera Guerra Mundial. Él usaba el mazjor de su juventud, el libro más inusual que vi en mi vida. Allí había una plegaria por el bienestar del gobierno… ¡del gobierno del zar! La plegaria especialmente invocaba bendiciones para el zar y la zarina. La ironía es que la plegaria por un régimen completamente antisemita fue incluida en el sidur por orden del régimen.

El nieto de Richtol, Harley A. Rotbart, eligió un camino muy diferente. Él se convirtió en profesor de pediatría. Desde este puesto, reunió a 86 médicos de todos los Estados Unidos en una obra literaria: Miracles We Have Seen: America’s Leading Physicians Share Stories They Can’t Forget (Los milagros que hemos visto: Los principales médicos de Norteamérica comparten historias que no pueden olvidar").

Hombres y mujeres de ciencia registraron milagros médicos: resultados en los que estuvieron involucrados profesionalmente, pero para los que no tenían una explicación profesional. De hecho, muchos de los resultados contradecían lo que la medicina había pronosticado.

No se trata de un libro de teología ni de exageraciones. Es un libro con testimonios médicos de una intervención sobrenatural, similar a la octava bendición del Shemoná Esré. Entre estos 86 médicos hay alguien que también se sentó a mi lado en la sinagoga, aunque en una fundada muchos años más tarde, el Dr. Matthew A. Metz.

Cuando estaba en su segundo año como residente en cirugía, "cerca de la base del tótem", según sus palabras, lo invitaron a observar cómo quitaban una masa a una mujer de 60 años. Él se hubiera considerado afortunado si le llegaban a pedir que sostuviera el "retractor" o si le permitían ayudar a cerrar la herida quirúrgica de la piel cuando terminaran el importante trabajo que debían efectuar dentro del abdomen.

Era un procedimiento bastante rutinario, pero el Dr. Metz relata que apenas comenzó, todo empezó a marchar mal. Apenas el cirujano principal, uno de los más destacados del país, comenzó a extraer la masa, empezó la hemorragia. El tumor había crecido hacia la vena femoral y esta se desagarró. El abdomen se llenó de una hemorragia incontrolable y no podían encontrar su origen. Ninguna herramienta ni mano podía descubrir lo que ocurría. Lo que parecía ser un procedimiento de rutina probablemente terminaría en una tragedia.

En lo que Metz posteriormente definió como un ataque de adrenalina y pánico irracional, se escuchó a sí mismo diciendo: "¿Puedo intentarlo? ¿Puedo intentarlo?". ¿Qué era lo que estaba pensando en ese momento? ¿Quién era yo para imaginar que podía hacer algo que todo un equipo súper especializado no podía hacer?

Pero todos estaban desesperados y el resultado parecía ser inevitable. Así que el jefe de cirugía miró a Metz con una sonrisa y le dijo: "Seguro Metz, aquí tienes", y le entregó un impulsor de aguja vascular, la pinza especial para coser un agujero en un vaso sanguíneo, lo que ningún cirujano experimentado podría llegar a hacer en medio de un mar de sangre.

Lo que pasó después, para Metz sigue siendo un recuerdo nebuloso.

No tengo idea lo que ocurrió en el abdomen de esa mujer esa mañana, pero sé una cosa: no fui yo quién guio mi mano hacia ese vaso sanguíneo.

"Agarré el impulsor de aguja, la aguja de sutura adjunta y hundí mi mano a ciegas en medio del mar de sangre de la cavidad abdominal. De alguna manera, la aguja y la sutura llegaron precisamente a donde estaba el agujero en la vena y rápidamente pude unir los dos lados."

Ante el asombro de todos los que estaban en la sala, la hemorragia se detuvo.

"En ese momento, la adrenalina desapareció de mi cuerpo casi instantáneamente, y sentí que me temblaban las rodillas". La cirugía fue un éxito y la paciente se recuperó por completo.

"Después les dije a mis colegas que no merecía sus felicitaciones No tengo idea lo que ocurrió en el abdomen de esa mujer esa mañana, pero sé una cosa: no fui yo quién guió mi mano hacia ese vaso sanguíneo".

¿Qué es lo sobrenatural?

¿Qué es lo sobrenatural? Basado en la plegaria de agradecimiento, Rav A. G. Yachnes cita una distinción a menudo mencionada entre "maravillas" (niflaot) que siguen a las leyes de la naturaleza, y "milagros" (nisim), la intervención Divina directa en la naturaleza. El Talmud enumera ocho instancias de intervención Divina directa, comenzando con la partición del Mar Rojo (Brajot 54a, b). Asimismo, los ocho días de Janucá representan el milagro de que el aceite que era suficiente para que ardiera un día duró ocho días (Shabat 21b).

En The Choice to Be, Jeremy Kagan plantea otra distinción, entre la Providencia Divina antes de la destrucción del Segundo Templo, que guiaba directamente los asuntos humanos, por ejemplo curando sin la ayuda de la ciencia médica, y la Providencia Divina después de la destrucción, que guía los asuntos humanos a través de la causalidad dentro de la naturaleza, por ejemplo, curando a través de la ciencia médica.

En mi experiencia, la distinción entre milagros y maravillas, o entre curar con o sin la ciencia médica, no es algo tan sencillo.

Incluso en el mundo de la causalidad científica, el mar de sangre de Dr. Metz muestra que las leyes de la naturaleza no son las que controlan por completo. Innumerables médicos han dado testimonio de pacientes que se recuperaron de formas que ellos no pueden explicar. Siempre están en juego tanto la intervención sobrenatural como la ciencia. Es una mezcla.

Esto encaja con lo que conocemos respecto a lo sobrenatural. Moshé no pudo ver el "rostro" de Dios, pero le permitieron ver la "nuca" de Dios (Éxodo 33:18-23). En otras palabras, las leyes de la naturaleza presentan tanto lo cognoscible como lo incognoscible. Cuando lo sobrenatural invade nuestro mundo, ya sea en el campo médico o en otros aspectos de la vida humana, somos capaces de percibir y reconocer la huella de Dios.

Cuando lo sobrenatural invade nuestro mundo, ya sea en el campo médico o en otros aspectos de la vida humana, somos capaces de percibir y reconocer la huella de Dios.

Lo sobrenatural emerge en el mundo cotidiano. Por ejemplo, a veces somos testigos de un esfuerzo sobrehumano, un acto que va más allá de lo que uno puede esperar razonablemente de un ser humano. Puede ser un acto de respuesta física ante el peligro, aparentemente algo que estaba fuera de las posibilidades de esa persona, o puede ser el autocontrol ante una provocación intensa. Tales actos, al ir más allá de la naturaleza, son sobrenaturales, pero también son naturales.

El límite entre ambas cosas no es tan claro.

"Ver un mundo en un grano de arena/ y un cielo en una flor silvestre/ Sostener el infinito en la palma de tu mano/ y la eternidad en una hora"

William Blake

A veces nos perdemos estas cosas por esperar que lo sobrenatural siempre sea deslumbrante y milagroso. Perdemos de vista las maneras en que lo sobrenatural da testimonio de la participación de Dios en los asuntos humanos.

Pero si no perdemos de vista la intervención de lo sobrenatural en nuestros asuntos, se vuelve posible creer que de hecho hubo una intervención de lo sobrenatural en una manera que contradice el curso natural de los eventos humanos, tal como ocurrió en el milagro de Janucá.


Este artículo apareció originalmente en Intermountain Jewish News, con base en Denver, Colorado.