Mi padre, Rav Meir Shlomo Sommer, o como lo llamaban en Francia ‘Monsieur Sommer’, fue un hombre de fe, convicción y coraje inquebrantables. Era el director de una escuela judía en Hamburgo/Altona, Alemania, hasta la Kristallnacht, cuando los nazis cerraron la escuela. En julio de 1939, mis padres lograron huir a Francia con una visa turista de dos semanas, escapando del terror nazi. En Francia mis padres fueron internados, por separado, en varios campos de detenimiento y trabajos forzados. Gracias a un milagro Divino, ambos fueron liberados y reunidos en octubre de 1940.

Por ser refugiados judíos alemanes, eran considerados una amenaza para Francia y fueron obligados a ocultarse en los suburbios de Perigueux, una pequeña ciudad al suroeste francés.

En 1942, en pleno reinado de terror nazi, habían "rifas" constantes – los judíos eran reunidos y enviados a horribles campos de detención, desde los cuales eran mandados a los infames campos de exterminio en Europa Oriental. Había toques de queda y nadie tenía permitido salir a la calle por la noche. Era una lucha constante por encontrar refugio para evadir a los nazis y a sus colaboradores franceses. "De una población de 330.000 judíos a finales de 1940, casi 80.000 habían sido deportados o asesinados en Francia; es decir, más del 24 por ciento de la comunidad judía" (Basado en el libro “The Holocaust, The French, and the Jews”, Susan Zuccoti, p. 207).

Durante esta época oscura, mis padres se aferraron tenazmente a su fe. En contra de todas las posibilidades, mi padre mantuvo sus fuertes principios de Torá, nunca resignando nada en cashrut, Shabat o las festividades judías. Era un hombre de fortaleza y bondad. Estaba lleno de amor por los judíos, y siempre trataba de ayudar a los necesitados. Ignoraba constantemente el toque de queda y, arriesgando su vida, desafiaba el terror de los nazis para enseñarles Torá a los niños judíos que se estaban ocultando.

Después de la guerra, mi padre fue el líder espiritual de Vichy, Francia. Poco después de su prematura muerte en 1956, recibimos la siguiente tarjeta de condolencias, la cual resaltaba cómo mi padre se las ingenió para esparcir la luz de Januca durante el período más oscuro de la Francia ocupada por los nazis:

Januca 1942

1942 en Perigueux, Francia, un pequeño grupo de hombres se escondió en un puesto militar de madera. Al entrar, cada uno abría la puerta con cuidado, mirando alrededor para asegurarse de no estar siendo perseguido. Luego fueron a un cuarto secreto interno. Este cuarto era usado como un ‘shul’ improvisado para los valientes que se atrevían a salir. El ‘shul’ apenas podía juntar un minián de hombres para rezar.

Rezaron maariv rápidamente, con los corazones latiendo con fuerza ya que sabían que en cualquier momento podrían irrumpir los nazis y arrestar a todos. Un hombre encendió la menorá mientras los otros corrían para tomar sus abrigos e ir a casa tan pronto como fuera posible.

De repente, un hombre que estaba en el fondo del cuarto se paró y comenzó, con una voz cálida y profunda, a cantar "Maoz Tzur". Los hombres estaban aterrados. Alguien podría escuchar, ¡era demasiado peligroso! Pronto otro hombre se le unió, luego otro y otro, hasta que todos estaban cantando valientemente llenos de lágrimas y con alegría. En ese momento, todos olvidaron el miedo de los nazis. Por unos pocos momentos, Januca estuvo allí con toda su gloria, como en los días de Yehuda el Macabeo: unos pocos hombres valientes se irguieron orgullosos con su fe prevaleciendo por sobre el mal que los rodeaba.

El hombre que se paró a cantar fue mi padre, Rav Meir Shlomo Sommer, conocido por todos como ‘Monsieur Sommer’, de bendita memoria. Mi padre nunca le había contado a ninguno de nosotros sobre su victoria de Januca durante ese oscuro período, pero incluso después de su muerte, esta historia continúa iluminando.