¡Cómo olvidar esas noches mágicas de Jánuca que pasábamos con todos mis hermanos y padres! Recuerdo cómo siempre de pequeña, llegaba mi papá de la sinagoga luego de rezar Arvit y todos parábamos lo que sea que estábamos haciendo para juntarnos a cumplir esta hermosa mitzvá.

Esta fiesta en particular me recuerda mucho a momentos familiares. Somos una familia grande, de siete hermanos, y la verdad que cada uno tenía sus cosas por hacer; por lo que Jánuca representaba un momento de mucha unión familiar, ya que todos arreglábamos nuestros quehaceres diarios con el objetivo de llegar al encendido de la Janukiá. Luego, nos quedábamos bailando y cantando juntos las melodías de Jánuca y haciendo Tefilá en esos momentos donde las puertas del Cielo se abren. ¡Al octavo día siempre hacíamos la foto familiar del año!

Mis padres siempre nos han enseñado con el ejemplo; y la verdad, lo que más me impacta de ellos es su gran generosidad para recibir a cada judío con un cariño especial; encender la llama de cada persona que pasa por su camino.

De chica, pude ver todo tipo de judíos sentados en nuestra mesa de Shabat: grandes rabinos de Francia, Israel, Argentina; rabinos que venían a recaudar dinero para Ieshivot; turistas, otros que venían por trabajo; mochileros... y la lista es larga.

¡Incluso un mochilero que pasó por nuestra casa volvió en teshuvá! ¡Este joven terminó casado con una chilena y tienen 6 hijos, en el camino de la Torá!

Este es el impacto que cada uno de nosotros puede generar.

Hay una fascinante discusión en la Guemará: ¿Puedes tomar una vela de Jánuca para encender otra? Usualmente, como sabemos, tomamos una vela extra que es el shamash y la utilizamos para encender las demás velas. Pero, suponiendo que no tenemos uno, ¿podemos encender la primera vela y utilizarla para encender el resto?

En la Guemará (Shabat 22a) Rav y Shmuel discuten al respecto:

Rav dijo: “No se enciende una vela con otra” y Shmuel dijo: “Sí se enciende”.

Usualmente, hay una regla en la Guemará de que cuando Rav y Shmuel discuten, la ley queda establecida según la opinión de Rav. Sin embargo, hay solo tres excepciones a esta regla, y este es uno de los casos.

¿Por qué Rav dijo que uno no puede tomar una vela de Jánuca para encender las otras?

La Guemará responde que al hacer esto, disminuyes la primera vela; inevitablemente se cae algo de cera o aceite. Y Rav dice: no hagas nada que provoque que se disminuya la primera vela.

Pero Shmuel no está de acuerdo, y la halajá (ley) se establece según su opinión.

¿Por qué?

La mejor forma de responder esto es pensar en dos judíos; ambos cumplen Torá y mitzvot, ambos comprometidos a una vida judía. El primero podría enfocarse en sí mismo, en su crecimiento individual, lo que sería muy lindo y enriquecedor a nivel personal. Esta persona podría pensar: “Si me involucro en dar a otros, mi luz podría disminuir”. Esta es la visión de Rav.

Por otro lado, el segundo judío dice: “No. Cuando yo utilizo la luz de mi fe para encender la llama de otro, mi propio judaísmo no disminuye; al contrario, crece y se fortalece”.

Cuando hablamos de bienes espirituales, mientras más comparto, más tengo. Si comparto mi conocimiento, mi fe o amor con otros, no tendré menos; sino que tendré aún más. Esta es la visión de Shmuel y así es como, eventualmente, la ley queda establecida.

Encender la llama de otro no sólo genera impacto en él, sino que es lo que más nos fortalece a nosotros mismos. Quizás Abraham no logró convencer a las 100.000 personas de Jarán de creer en Hashem. Sin embargo, cada vez que Abraham y Sara conversaban con alguien sobre el esplendor y la grandeza de Hashem, ellos mismos se hicieron más fuertes. Somos una nación judía fuerte debido a nuestro potencial de generar un impacto en otros.

¡Tenemos alrededor nuestro, miles de judíos que nos necesitan! Este Jánuca, toma tu judaísmo y compártelo con otros, y así te fortalecerás a ti mismo. Toma la llama de tu fe y conviértete en socio de Hashem para encender y fortalecer otras neshamot.

¡Jánuca sameaj!