¡Feliz! ¡Sobrecogido! ¡Eufórico! Estas palabras están por lo general reservadas para los grandes momentos de la vida. Como cuando el departamento de Recursos Humanos te llama para decirte que has obtenido el trabajo de tus sueños, o cuando finalmente oyes las palabras: “Es un bebé sano”.

Lag B´Omer es un día de esos. El 18 de Iyar es altamente probable que se reúnan cerca de 250.000 personas en Merón, una pequeña aldea ubicada al norte de Israel en donde descansan los restos de Rabí Shimón bar Iojai. Es un festival espiritual de 24 horas que incluye música, baile, intensas plegarias y un repleto mercado callejero en el que las últimas ediciones del Zohar (el texto principal del misticismo judío) son estruendosamente pregonadas junto a fotos de tzadikim (rabinos rectos), amuletos hechos a mano y coloridas bufandas. También hay allí grandes cantidades de niños de tres años que esperan recibir su primer corte de pelo, el cual ocurrirá ante la presencia de sus familias y de las decenas de miles de judíos de todas las clases y colores que se reúnen por Rabí Shimón.

Todo esto tiene lugar en medio de Sefirat HaOmer, la cuenta de 50 días entre Pesaj y Shavuot. Este período de tiempo viene acompañado por leyes que exigen un cierto grado de duelo. No se permiten las bodas ni la música. El duelo es un recordatorio de la terrible muerte de los 24.000 estudiantes de Rabí Akiva que perecieron durante este período de tiempo.

Y entonces llega Lag B´Omer, como si fuera un deslumbrante diamante en un mar de triste gris. ¿De qué se trata?

La famosa razón que explica la alegría de Lag B´Omer es que en ese día dejaron de morir los estudiantes de Rabí Akiva. Sin embargo, ¡la razón por la que dejaron de morir es porque ya no quedaba ninguno! ¿Acaso esa es una razón para celebrar?

¿Por qué hubo tantos estudiantes de Torá que fueron abatidos por la plaga? Nuestros Sabios nos dicen que ellos no se trataban con kavod (respeto) unos a otros y que por lo tanto fueron golpeados por una enfermedad que los asfixió. La palabra hebrea kavod tiene las mismas letras que la palabra kaved, que significa pesado o importante. Tratar a alguien con kavod implica reconocer que esa persona es importante, que la escuchas y que tiene un mensaje valioso que sólo ella puede transmitir.

¿Qué hace que una persona sea única? Puede que externamente compartamos características similares, pero por dentro nuestras almas son sumamente diferentes. Los estudiantes de Rabí Akiva erraron al no reconocer que todo judío tiene un valor infinito y una perspectiva diferente simplemente por el hecho de ser único. Fueron castigados con el estrangulamiento, una condición en que la persona no puede respirar. No respetar adecuadamente a otra persona significa dejar de respirar su rúaj, su ‘espíritu’. Cuando una persona no honra a otro judío muestra que ya no aprecia el espíritu único de esa persona.

Mi yerno Israel tenía casi 20 años cuando se unió a nuestra familia. Nunca olvidaré un incidente que ocurrió en uno de los primeros shabatot que compartió con nosotros. Vino un amigo de la familia a visitar e Israel advirtió que mi hijo de cuatro años miraba tímidamente la escena. Estaba contento de conocer a su nuevo cuñado, pero la llegada de otro adulto desconocido hizo que se retrajera. Israel sonrió, le dio la mano y le presentó al visitante. “Este es mi cuñado Yehudá”, dijo. Yehudá sonrió resplandecientemente… era una persona digna de reconocimiento.

Con esto en mente, podemos volver a Merón y comprender de qué se trata.

Todo judío merece respeto, especialmente un talmid jajam, un ‘sabio de Torá’, ya que su alma está entrelazada con la Torá. Conocer realmente a alguien significa saber lo que piensa. Estudiar Torá significa conocer los pensamientos de Dios y unir nuestra mente con la de Él. Significa inculcar rasgos divinos en ti y acercarte a Dios. Entonces, cuando alguien ofrece respeto a un erudito de Torá, en esencia le está dando respeto a esa parte de Dios que vive dentro de todo judío.

¿Por qué celebramos Lag B´Omer? Nos regocijamos en que Rabí Akiva no sucumbió ante la desesperanza luego de su monumental pérdida. Nos maravillamos ante la fortaleza excepcional que mostró al reunir a cinco nuevos estudiantes y al transmitirles la Tradición Oral que tenemos hoy en día. Rabí Akiva enseñó: Vehavtá lereaja kamoja, ze klal gadol baTorá (“Ama a tu prójimo como a ti mismo, es un principio fundamental de la Torá”). La Torá te lleva a un lugar en el que puedes encontrar a Dios. El primer lugar en que puedes encontrar a Dios es dentro del corazón de todo judío.

Rabí Shimón bar Iojai fue uno de los cinco estudiantes de Rabí Akiva. Él reveló los secretos de la Torá: cómo encontrar la chispa divina dentro de uno mismo y en los demás. Rabí Shimón dijo que fuéramos a su tumba en el aniversario de su muerte, Lag B´Omer, y que nos regocijáramos.

El Maharal cita el Zohar, el cual dice que es más fácil construir una conexión con un tzadik después de su muerte porque ya no está limitado por lo corpóreo. Un aspecto del espíritu del tzadik permanece en su lugar de descanso y desea dar de sí mismo. Sin embargo, el grado con el que te identificas con el tzadik es el grado con el que el tzadik se identifica contigo. En Lag B´Omer, al visitar la tumba de Rabí Shimón, básicamente estamos diciendo: “Rabí Shimón, tú trajiste sentido y realidad al mundo, queremos ver el sentido y la bondad en nosotros mismos y en las otras personas. Por favor ayúdanos a hacerlo”.

En donde sea que estés este Lag B´Omer, si te tomas un momento para identificarte con la santidad interior que hay en tu prójimo, entonces absorberás el profundo significado del día.