Recuerden que fueron esclavos una vez en Egipto…

El Éxodo y los milagros de la historia de Pesaj ocurrieron hace mucho tiempo, pero todavía son parte de nuestra conciencia contemporánea gracias al poder de la memoria. Thomas Cahill, el literato católico que escribió el best seller The Gifts of the Jews (Los Regalos de los Judíos), concluyó que fue la Torá junto con sus mandamientos de recordar los acontecimientos, lo que le dio al mundo el concepto del tiempo y la reverencia por el pasado. Pesaj le habla a todas las generaciones, recordándonos no sólo nuestro pasado sino también dándole forma a nuestro futuro.

Pero no todos recuerdan y, trágicamente, algunos eligen olvidar, como quedó demostrado en el increíble incidente que ocurrió con el plato de Seder de Samuel.

Hace unos años, yo estaba dando vueltas en una tienda de antigüedades en East Side en Nueva York, cuando de pronto vi un objeto demasiado familiar. Lo reconocí inmediatamente, aún antes de ver el apellido grabado en su borde. ¿Cómo podría no reconocerlo siendo que estuve tan involucrado en su historia? Después de todo, mi elogio de Samuel, un milagroso sobreviviente del infame campo de concentración de Auschwitz, se enfocaba en este objeto.

Qué historia había sido. Los alemanes habían rodeado a todos los judíos en su pequeña ciudad para deportarlos. Algunos creían que estaban siendo meramente transportados a otro sitio para ser empleados como mano de obra. Pero Samuel sabía que iban a ser asesinados. Entendió que los nazis querían eliminar a todo judío así como cualquier reminiscencia de su legado religioso.

Si hubiese sido atrapado, hubiera pagado con su vida.

Entonces Samuel se arriesgó. Si hubiese sido atrapado, hubiese pagado con su vida. Pero hizo lo que tenía que hacer para que algo permaneciera – si ni un judío en el mundo quedaba con vida, alguien lo encontraría, reflexionaría y recordaría. Se alejó 26 pasos, correspondiendo al valor numérico del nombre de Dios, desde el manzano al lado de su casa y enterró su tesoro cuidadosamente – un Plato de Seder de plata.

Deseaba poder haber escondido mucho más. Quería tanto preservar un rollo de Torá. Pero tenía tan poco tiempo, tan poco espacio para esconder un objeto tan valioso. En retrospectiva, por su simbolismo, su elección pareciera casi divinamente inspirada – la vasija principal utilizada para conmemorar el festival de la libertad. Samuel pensó, con lo que consideró luego que era demasiado optimismo, que podrían ocurrir milagros de nuevo en los tiempos modernos. Y desde ese momento en adelante no volvió a pasar un día en el infierno de los campos de concentración en el que su mente no volviera a su Plato de Seder en su especial lugar de escondite.

Samuel nunca pudo explicar cómo, de entre toda su familia y sus amigos, fue el único que sobrevivió. En el fondo de su corazón, una vez me confió, que puede haber sido porque vio la continuación de su existencia en la Tierra como una misión sagrada – volver a sus raíces y descubrir su propio símbolo de supervivencia. Increíblemente, en caminos que desafían toda la lógica y que Samuel sólo me sugirió a mí, este escape del genocidio del siglo 20 estaba reunido con su recuerdo de la liberación de la opresión del antiguo Egipto. Samuel volvió a su casa, encontró su árbol, contó sus pasos, cavó en donde recordaba haberlo enterrado y recuperó exitosamente su Plato de Seder. El Plato se convirtió también en un símbolo de su propia liberación. Con él celebró docenas de Pesaj, hasta su muerte.

Ese plato de Seder es lo que vi, con completa incredulidad, a la venta en el negocio. Pregunté de dónde era ¿Qué estaba haciendo a la venta cuando llevaba tantos recuerdos preciosos? “Sí, quiero comprarlo”, le aseguré al vendedor, “pero necesito saber cómo llegó aquí”.

“Fue parte del contenido de una herencia que vendieron unos hijos”, contestó el vendedor. “Verá, el difunto era religioso pero sus descendientes no lo son. Por lo tanto dijeron que no necesitaban artículos como éste para nada”.

El mismo símbolo que santifica la memoria fue descartado por aquellos que olvidaron su pasado.

El mismo símbolo que santifica la memoria fue descartado por aquellos que olvidaron su pasado.

Si tienes un ser amado que sufre de Alzheimer sabes lo horrible que puede ser vivir sin la conciencia de los eventos que ocurrieron antes. No tenemos un nombre para una condición similar que describa la ignorancia de nuestro pasado colectivo. Pero el abandono voluntario de la memoria histórica es igualmente destructivo.

Cómo desearía que la severidad de la falta de sentimentalismo de los descendientes de Samuel fuese sólo una aberración, una demostración sumamente inusual de insensibilidad con pocas posibilidades de ser repetida por otros. Pero la triste verdad es que somos parte de una cultura de “tirar a la basura” que le da la misma importancia a los autos usados, a los muebles viejos y a los viejos tesoros familiares. Lo que ha servido en el pasado no interesa hoy si su único valor son sus asociaciones.

Los objetos personales han perdido su encanto porque ya no reverenciamos el significado de las memorias. ¿Y qué – me preguntan a menudo — si mis abuelos utilizaron esto en toda festividad? No tenemos lugar, no lo necesitamos. ¡Como si una función utilitaria fuese la única razón para aferrarse a algo que nos permite preservar nuestro pasado!

El anillo con el que casé a mi esposa puede que no sea el más caro, pero rezo que continúe en mi familia como un legado del amor que compartimos, posiblemente para ser utilizado de nuevo por mis nietos. La copa que utilizo para santificar todo Shabat puede reflejar la pobreza de mi juventud, pero espero que sea preservada en el futuro como testimonio de la importancia de los valores religiosos en nuestro hogar. Si lo que nosotros hemos atesorado es considerado sagrado por mis hijos, entonces posiblemente lo que fue la razón de nuestras vidas también será conmemorado con reverencia.

“A menos que recordemos, no podremos entender”.

“A menos que recordemos”, escribe tan hermosamente el novelista inglés Edward Morgan Foster, “no podremos entender”.

Es por eso que lloro por mi amigo Samuel, cuya familia se ha convertido en un huérfano en la historia, separada de su pasado.

Y es por eso que continúo contando la historia de Samuel en Pesaj, porque creo que captura el mensaje esencial de esta historia. Dios nos ordenó recordar, porque sólo atesorando los mensajes del pasado podremos entender el presente y esperar un futuro con más bendición.