En las últimas semanas ha habido una confluencia de eventos en los que mi pasado regresó repentinamente a mi vida. Todo comenzó con un correo electrónico de Perry – el menor de dos chicos que crecieron al frente de nosotros en un barrio muy judío de Toronto. Como muchos, me encontró online. Él fue siempre un buen jugador de hockey y un excelente atleta, lo cual le ha servido mucho ahora que ha llegado a convertirse en un reconocido periodista deportivo en Canadá.

¿Quien soy yo? ¿Puedo esconderme para siempre? ¿Pretender que no soy el hombre que era antes? – Los Miserables.

No hace mucho me pidieron que ayudara a un amigo que estaba oficiando en un casamiento. Resulta que la madre de la novia era Judi, mi prima en segundo grado de una parte de nuestra familia con la que teníamos poco contacto. Había mucha geografía judía para discutir, y me enteré que el ex-marido de Judi terminó casándose con la hermana de mi buen amigo de la época de la escuela secundaria, Joel – otro tipo que no he visto o sabido de él en más de 30 años.

Y entonces, hace tan sólo unos días, Carey me encontró en facebook. Siempre había querido ponerme en contacto con Carey y pedirle perdón por hacer que su infancia fuera miserable por apodarlo cabeza de repollo. En una ocasión él tuvo el descaro de responder y me llamó cabeza de zanahoria, así que lo golpeé. Esto llevó a que su madre llamara a la mía, y ambas se hicieron amigas.

Con Pesaj tan cerca, el momento en que todas estas personalidades pasadas han aparecido en mi vida es muy apropiado. En Pesaj no solamente recordamos el pasado, sino que también debemos revivirlo. No debemos solamente recordar la esclavitud y la redención del pueblo judío, sino, como lo indica la Hagadá, debemos tratar de experimentarlo una vez más.

“En cada una de las generaciones una persona está obligada a considerarse como si él personalmente hubiese salido de Egipto”.

Pesaj nos recuerda que no solamente no podemos escapar de nuestro pasado sino que además debemos apreciarlo. Sin importar cuan lejos corras, tu historia está contigo. No solamente está contigo – es lo que te hace ser tú. Tú eres un producto de las capas de todos los años y eventos que han sido parte de tu vida. Esto es verdad tanto a nivel personal como a nivel nacional.

Es por eso que es tan importante para los judíos que tienen poca conexión con su herencia el descubrir la gloria y la grandeza de nuestro pasado.

A través de aprender como el pueblo judío contribuyó enormemente a las civilizaciones y las definió, todo mientras nuestras manos estaban atadas a nuestras espaldas, uno no puede evitar querer aprender cuál es el secreto de este tremendo fenómeno. Nuestra historia está inextricablemente conectada a nuestra Torá y al amplio espectro de la sabiduría judía.

La semana pasada, mi hija mayor Atara me llamó desde el aeropuerto en Israel. Ella está pasando el año estudiando en Jerusalem (bueno, no exactamente en Jerusalem, porque cada vez que hablo con ella está en un bus yendo o viniendo de un lugar distinto en Israel). Su escuela había recién regresado de su viaje a Polonia, en donde visitaron campos de exterminio, sinagogas y pueblos judíos que ya no existen más. Hablamos acerca de eso y ella continuaba preguntando como el Zeide (mi padre) podía haber sobrevivido tal infierno. Sus preguntas, su energía, el nuevo nivel de apreciación aparente en su voz – fue evidente para mí que el viaje le había dado un nuevo entendimiento de quien es ella y de donde venía.

Mi alma le pertenece a Dios, yo sé que hice ese trato hace tiempo, Él me dio esperanza cuando no quedaba esperanza, Él me dio fuerza para continuar viajando, ¿Quién soy? ¿Quién soy?

Eso es lo que estamos intentando lograr en Pesaj y en la noche del Seder. Darnos una vez más, a nosotros, a nuestra familia e invitados, la oportunidad de entender quien es realmente el pueblo judío, de donde hemos venido, cuan lejos hemos llegado, y de apreciar que a pesar de toda la esclavitud, las dificultades y todo el dolor, somos el pueblo más bendecido por Dios en la tierra.