Todos reconocemos el peligro de sacar las cosas fuera de contexto. Apuesto a que todos hemos tenido la experiencia personal de haber sido citados de manera incorrecta – ya sea ante un amigo (comenzando de esta manera una pelea), o en una entrevista en un periódico, etc. Es difícil confiar completamente en lo que lees. ¡Lo más gracioso que escuche últimamente fue un beisbolista quejándose de que estaba mal citado en su propia autobiografía!

Aún si la cita es precisa, puede estar fuera de contexto, y esto la distorsiona completamente.

Con respecto a Pesaj, las palabras de Dios también han sido sacadas de contexto, dando una imagen distorsionada sobre la festividad.

A todos nos suena familiar el grito de socorro de Moisés “Deja ir a mi pueblo”. ¿Pero cuántos de nosotros sabemos que en realidad no son sus propias palabras? ¡Son las palabras de Dios! Y más importante aún, ¿cuántos de nosotros conocemos el resto de la cita?

Dios le ordenó a Moisés que le dijera a Paró: “Deja ir a mi pueblo para que Me sirvan”. No sólo “deja ir a mi pueblo”, sino deja ir a mi pueblo con un objetivo.

Y no cualquier objetivo, sino que servir a Dios.

Pesaj no es un grito de socorro para todos los pueblos oprimidos del mundo. No es sobre el “cordero liberado” (como dice una Hagadá que vi), sobre feminismo ni sobre los iraquíes. La opresión es una cosa terrible y deberíamos trabajar definitivamente para luchar en su contra, pero no es sobre lo que trata Pesaj.

Pesaj es sobre el pueblo judío forjando una relación con Dios. No es sobre libertad física. La libertad física es sólo el prerrequisito. Como lo señaló Abraham Maslow al discutir la jerarquía de necesidades del hombre, necesitamos que nuestras necesidades físicas sean atendidas antes de que podamos explorar con más profundidad.

En Pesaj, celebramos el regalo de Dios de la libertad que nos da la energía y la motivación para crecer espiritualmente.

El objetivo es la libertad sicológica y espiritual que conduce a la habilidad individual y colectiva de consagrarnos a Dios. Alguna gente puede alcanzar esta libertad aún mientras están esclavizados – Natan Sharansky aprendió hebreo en una celda de la KGB – pero la mayoría de nosotros necesitamos primero libertad física. En Pesaj, celebramos el regalo de Dios de la libertad que nos da la energía y la motivación para crecer espiritualmente. Una vez que se logra la libertad física, comienza el trabajo real.

Hay una generosidad particular en este regalo. La libertad sin objetivo nos deja confundidos. A veces un criminal liberado vuelve a la cárcel, algunos rusos han vuelto a la ex Unión Soviética. Sin un objetivo, no sabemos qué hacer con nuestra libertad. Sin un objetivo, el aprisionamiento puede ser más cómodo. Demasiadas alternativas y opciones pueden abrumarnos. A pesar de que decimos que la libertad de la dictadura egipcia hubiese sido suficiente (¡dayeinu!), el verdadero regalo que Hashem nos dio es el objetivo de nuestra libertad, un objetivo que es un fin. Queremos utilizar nuestra libertad para servir a Dios.

En Pesaj queremos liberarnos de los impedimentos sicológicos en nuestra relación con Dios. El Jametz, la levadura, representa uno de esos obstáculos –está hinchado, inflado, como nuestros egos— y nuestros egos se interponen en el camino de todas nuestras relaciones, evitando que pongamos las necesidades de los demás en primer lugar o que nos subyuguemos a un poder más elevado.

Y también hay otros obstáculos que nos impiden ser verdaderos con nosotros mismos y con nuestra gente. Quizás sea el deseo de la aprobación de los demás, quizás sea nuestra necesidad de cierto estatus o de seguridad financiera, quizás es nuestro impulso por lograr cosas. Todos tenemos alguna combinación de obstáculos.

Como con cualquier cambio, necesitamos comenzar lentamente. Por muchos años trabajé en reconocer que no estoy en control y en relajarme. Pero ha sido difícil abandonar la ilusión. Finalmente me dije a mí misma: “esto no me está llevando a ningún lado, trataré algo más pequeño en donde exista una posibilidad real de tener éxito”. Entonces traté de trabajar en no preocuparme por mi peso (¡No sé porqué pensé que existía una posibilidad de tener éxito!) y me encontré con el fracaso de nuevo.

Pero al igual que el pueblo judío resistiendo años de esclavitud tormentosa y perseverando mientras vagaban por el desierto, yo no he renunciado. Sé que hay muchos asuntos que se interponen en el camino de alcanzar mi potencial. Si me preocupo por lo que la gente dice de mí, quizás seré transigente en mi relación con Dios. Si me preocupo por mi estatus financiero, quizás tomaré decisiones no éticas o le enseñaré a mis hijos lecciones perniciosas. Si me enfoco en mis logros, perderé de vista la Fuente de todos mis talentos.

Voy a enfocarme en la gratitud – que todo lo bueno que tengo en mi vida proviene de Dios, lo que a su vez, me inspirará a querer servirle con más devoción. Con tantas guerras en el mundo y con gente viviendo en la miseria y bajo dictaduras crueles, es un buen momento para apreciar lo que tengo. Después de todo, eso es exactamente de lo que trata la canción Dayeinu.

El objetivo de Pesaj es liberarnos de esos impedimentos para que podamos desarrollar con todo nuestro corazón nuestras relaciones con los demás y con Dios para que podamos vivir de acuerdo nuestras creencias. “Deja ir a mi pueblo” es un comienzo importante. “Para que Me sirvan” es el destino definitivo. Si podemos enseñarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos una sola cosa sobre Pesaj este año, entonces, enseñemos su verdadero objetivo.