Estamos entrando en el mes judío de Nisán. En este mes dejamos Egipto en el último minuto. Corrimos con nuestras pertenencias colgadas sobre nuestros hombros y nuestro pan sin leudar. Después de todos los milagros y las plagas que Dios había hecho para nosotros, ¿por qué tuvimos que irnos con tanto apuro al final? ¿No podía Dios haber organizado todo para que pudiéramos tomarnos nuestro tiempo para empacar y organizar nuestra partida?

Es en el espacio entre lo familiar y lo desconocido en donde debe ocurrir el cambio a la velocidad de la luz.

Es precisamente en el espacio entre lo familiar y lo desconocido en donde debe ocurrir el cambio a la velocidad de la luz. Es difícil dejar atrás lo que conocemos. Es difícil dejar ir los cómodos contornos de nuestras rutinas. Y esto es lo que el mes de Nisán nos exige: que comencemos de nuevo. Que crucemos el mar hacia un desierto no definido por el tiempo o el espacio. Que nos redefinamos a nosotros mismos y a nuestras vidas en un lugar al que solamente podemos acceder si tomamos conciencia del poder de un minuto.

Porque cuando somos apasionados por una meta, cuando queremos ir más allá de donde estamos hoy, las rutinas de nuestras vidas se condensan en una pequeña ventana de oportunidad. Es por eso que no podemos dormir, no podemos comer, no podemos ni siquiera respirar cuando estamos llenos con la singular determinación de tener éxito.

Eric Thomas, un orador motivacional, cuenta la siguiente historia:

Había un hombre joven que quería ganar mucho dinero. Él fue con su gurú y le dijo, “Quiero ser tan exitoso como tú”. El gurú le dijo, “Si quieres ser tan exitoso como yo, te veo mañana en la playa a las 4 a.m.”.

El joven llego ahí a las 4 a.m. vistiendo su mejor traje. Debería haberse puesto pantalones cortos. El gurú tomó su mano y le preguntó, “¿Cuántas ganas tienes de ser exitoso?”.

“Muchas”.

El gurú le dijo, “Camina hacia el agua”.

El joven se metió hasta la cintura en el agua pensando, “Este tipo está loco. Yo quiero ganar dinero y él me tiene aquí nadando. Yo no pedí ser un salvavidas”.

“Anda un poco más adentro”, dijo el gurú.

Entonces caminó un poco más adentro hasta que el agua estaba hasta sus hombros. “Entra un poco más”. Estaba justo en su boca. El joven pensó para sí mismo, “No voy a ir más allá que esto”.

Y entonces el gurú le dijo, “¿Yo pensé que dijiste que querías ser exitoso? Camina un poco más”. Entonces metió la cabeza del joven bajo el agua y lo sostuvo abajo por un minuto. Después lo levantó y le dijo, “Tengo una pregunta para ti. ¿Cuántas ganas tienes de tener éxito? Porque cuando quieras tener éxito tanto como quieres respirar, entonces serás exitoso”.

Así querían los judíos dejar Egipto. Ellos lo querían más de lo que querían comer, más de lo que querían dormir, más de lo que querían incluso respirar. Cuando llegaron al Mar Rojo, estaban atrapados: sus enemigos detrás de ellos y el agua frente a ellos. Pero quizás más de lo que ellos querían pasar de la esclavitud a la libertad, Dios quería liberarlos.

Junto con el profundo deseo de ir más allá de los límites del pasado está la garantía de que Dios nos ayudará si nosotros damos el salto. Si entramos un poco más en el agua; si nos sumergimos en el cambio y éste llena nuestras bocas, nuestros hogares y nuestros corazones. Pero si demoramos y nos tomamos nuestro tiempo, puede que nos perdamos la oportunidad. A veces necesitamos ir a la playa a las 4 a.m. listos para entrar en el agua. A veces es en esa fracción de segundo, cuando enfrentamos las ilusiones que ocupan demasiado espacio y tiempo, que nos vemos enfrentados con una elección: ¿tendremos el valor de dejar el jametz, la pesadez, lo superfluo atrás para adentrarnos en el mar, para cruzar el desierto, para escuchar a la Fuente de nuestras vidas diciéndonos: ve un poco más allá? Si quieres lo que tengo para darte, tienes que caminar un poco más y entrar en el agua.

3 formas de prepararte para Pésaj

El poder espiritual del mes de Nisán está disponible para nosotros también. Igual como Dios sacó al pueblo judío de Egipto, él nos saca a cada uno de nosotros de la angosta confusión que puede ensombrecer nuestras vidas. He aquí tres formas a través de las cuales podemos conectarnos con la energía de este mes y comenzar a prepararnos para Pésaj:

  1. Estudia la Hagadá: La Hagadá que leemos la noche del Séder está llena de ideas profundas y detalles de nuestra historia. No esperes a que llegue Pésaj para leerla; podemos sacar tanto más de la festividad si la estudiamos antes. Descubre la maravillosa historia de nuestro pueblo, una historia que ha sido contada de generación en generación por más de 3.000 años. Tenemos que conocer la historia para entender el verdadero poder de nuestro potencial.

  1. Conecta las generaciones: Una de las partes más preciosas de Pésaj no es solamente hablar sobre nuestra historia sino honrar el proceso de transmitir sabiduría de una generación a otra. Habla con miembros mayores de la familia sobre sus experiencias. Haz que ellos compartan sus historias de vida con tus hijos. Te sorprenderás de cuánto no sabías sobre tu propia historia familiar. Parte de lo que siempre nos ha hecho fuertes y duraderos como nación es el vínculo único entre las generaciones. Conviértete en un eslabón de esta cadena. Desde tus hijos a los hijos de tus hijos; cada uno de nosotros tiene algo que contribuir.

  1. Simplifica: Deshazte de las cosas inapropiadas en tu vida que te tiran para abajo. El proceso tradicional de limpiar nuestras casas de jametz nos permite dejar atrás el bagaje emocional también. Tira no solamente las cosas que te bloquean espiritualmente sino también las actividades y rutinas que te hacen desperdiciar tu tiempo y energía.

En este mes, en este minuto, podemos comenzar de nuevo. Solamente tenemos que querer tener éxito más de lo que queremos cualquier otra cosa y saber que Dios lo quiere para nosotros incluso más que eso. ¿Cuántas ganas tienes de ser libre? Porque en cierto punto, debemos ser capaces de dejar que el agua llegue más arriba de nuestra cabeza. Debemos correr hacia Él en el desierto llevando nada más que nuestros corazones. Querer Su amor incluso la mitad de lo que Él quiere el nuestro.

Porque este es el mes donde cada minuto, cada pequeño paso, cuenta.