Un día de 1962, algo terrible le ocurrió a Dick y Judy Hoyt. Después de nueve meses de alegre anticipación del nacimiento de su primer hijo, algo salió terriblemente mal. Durante el parto, el cordón umbilical se enrolló alrededor del cuello del bebé, cortando el paso de oxígeno al cerebro. El bebé nació con daños irreversibles, cuadripléjico, y además, con parálisis cerebral. Los doctores dijeron que el niño sería un vegetal toda su vida, y recomendaron llevarlo a una institución de cuidados especiales.

Dick y Judy se negaron. Ellos llevaron a su hijo Rick a casa, decididos a sacar el máximo provecho de la situación. Seis años después, cuando la escuela pública local rechazó a Rick como estudiante, Dick y Judy le enseñaron el alfabeto.

A pesar de que Rick no podía hablar ni moverse, Dick y Judy estaban convencidos de que él entendía lo que ocurría a su alrededor y de que era tan inteligente como sus dos hermanos menores. Rick tenía 11 años cuando sus padres juntaron cinco mil dólares y se acercaron a ingenieros en computación en la universidad de Tufts para construir una computadora que le permitiera a Rick comunicarse utilizando el único movimiento que controlaba, leves movimientos laterales con su cabeza. Los ingenieros se negaron, ellos dijeron que el niño no tenía nada para comunicar, ya que nada pasaba por su cerebro.

"No es verdad", insistió Dick. "Cuéntale un chiste". Un ingeniero le contó un chiste y Rick rió enérgicamente. Unos pocos meses después, la computadora llegó a la casa de los Hoyt en Holland, Massachussets. Apretando un botón situado al lado de su cabeza, Rick escribía palabras de aliento para su equipo favorito de hockey sobre hielo.

Cuando tenía 13, Rick fue finalmente admitido por la escuela pública. Dos años más tarde un jugador de Lacrosse de la escuela sufrió un accidente que lo dejó paralizado. La escuela organizó una carrera de cinco millas para recaudar fondos. Rick escribió en su computadora "yo quiero participar".

"Cuando estoy corriendo, siento como si mi minusvalía desapareciera".

Aunque Dick Hoyt, un ex-soldado de infantería de la marina que sirvió en la Guardia Aérea Nacional, estaba fuera de estado, aceptó empujar la silla de ruedas de su hijo en la carrera. Cuando cruzaron la meta, Rick tenía una sonrisa de oreja a oreja. En su casa, escribió en su computadora: "Cuando estoy corriendo, siento como si mi minusvalía desapareciera".

Eso era todo lo que Dick Hoyt necesitaba escuchar. Desde aquel día, Dick ha empujado la silla de ruedas de su hijo en 65 maratones (incluyendo 25 Maratones de Boston, una clásica carrera de más de 42 kilómetros) y 224 triatlones, incluyendo 6 competiciones Ironman (un triatlón Ironman consta de 3,9 kilómetros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y 42,2 kilómetros de carrera a pie). Para los segmentos de ciclismo, Rick se sienta en un asiento delante de la bicicleta de su padre, para los segmentos de natación, Rick se recuesta en una balsa salvavidas atada con una soga a la cintura de su padre. Nada de esto fue fácil para Dick. Antes del primer triatlón, tuvo que aprender a nadar. "Me hundí como una piedra la primera vez", él recuerda, "no había montado una bicicleta desde los seis años". En 1992, el dúo de padre e hijo, llamado "El Equipo Hoyt", cruzó (en bicicleta y corriendo) los Estados Unidos de punta a punta, un viaje de casi seis mil kilómetros que les llevó 45 días.

En 1992, Dick fundó la fundación Hoyt, "para mejorar las vidas y la movilidad de gente con discapacidad, y para integrarlos a la vida diaria".

Cada vez que pienso en Dick Hoyt, tengo sentimientos encontrados. Primero lloro por la absoluta grandeza de este hombre. Después me pregunto si alguna vez habría llegado a tal nivel de grandeza si su vida no hubiese sido golpeada, e impulsada, por la desgracia.

Llegando a Merecer

En Pesaj celebramos que Dios redimió a nuestros ancestros de la esclavitud en Egipto hace 3320 años. Los sabios preguntan una pregunta obvia: si Dios es el único poder en el universo, ¿no fue también responsable por castigarlos con la esclavitud?

Libre albedrío significa que los seres humanos, como el Faraón, pueden elegir hacer el mal, pero si ellos tienen éxito o no en sus proyectos nefastos, eso en última instancia depende de Dios.

De hecho, la pregunta se agudiza al leer el capítulo 15 de Génesis con los comentarios clásicos. Cuando Dios le promete a Abraham que sus descendientes heredarán la tierra de Israel, Abraham, quien está acostumbrado a los convenios de mutualismo, cuestiona cómo esta promesa unilateral puede ser cumplida si sus descendientes no lo merecen. Dios, en una aparente incongruencia, responde que los descendientes de Abraham serán esclavos en una tierra extraña y sufrirán opresión por 400 años.

Los comentaristas clásicos explican que las tribulaciones de la esclavitud harían a los descendientes de Abraham merecedores de heredar la Tierra Prometida.

Estamos predispuestos a pensar que el sufrimiento es un castigo. Este versículo, en el que la decisión de Dios de esclavizar a los descendientes de Abraham claramente antecede a cualquier error por parte de ellos, ofrece un nuevo paradigma: el sufrimiento como un impulsor del crecimiento y la grandeza.

¿Qué cualidad necesitaba adquirir el pueblo judío que podía ser alcanzada a través de la experiencia de la esclavitud?

El Talmud afirma que la característica distintiva del pueblo judío es rajamim, compasión. El Talmud es tan determinante que dice que si te encuentras con un judío que no tiene compasión, puedes dudar legítimamente si es judío o no.

La compasión judía está comprobada. Los judíos están en el primer plano de todo movimiento social dedicado a aliviar el sufrimiento de los oprimidos. Esta compasión se forjó durante la etapa formativa del surgimiento de la nación judía, en el crisol de la esclavitud.

Pesaj celebra no sólo nuestra redención, sino también el sufrimiento que nos llevó a ella.

Así, la mesa del Seder es adornada con símbolos de sufrimiento: las hierbas amargas, el agua salada simbolizando las lágrimas, el Jaroset recordándonos los morteros, aun la matzá, llamada tanto "el pan de la libertad" como "el pan de la aflicción". ¿Puedes imaginar una celebración del día de la independencia de tu país llena de emblemas de la nación opresora? La preponderancia de símbolos de sufrimiento en el Seder sugiere que Pesaj no sólo celebra nuestra redención, sino también el sufrimiento que nos llevó a ella.

Una de las cuatro mitzvot bíblicas del Seder es comer hierbas amargas. Se nos ordena no sólo mirar lo amargo, o recordarlo, sino también absorberlo. Sólo al "tragar" el sufrimiento que se nos sirve alcanzamos la redención.

¿Malo = Doloroso?

El judaísmo no glorifica el sufrimiento. De hecho, en la liturgia de los diez días de teshuvá, y las fiestas de Rosh Hashaná y Iom Kipur, pedimos expiación, "pero no a través de enfermedades severas". Nunca deberíamos pedir ser testeados. Aún así, el judaísmo entiende que el propósito de la vida es la redención individual y colectiva (superando nuestras limitaciones, reparando nuestros defectos, y alcanzando nuestro máximo potencial espiritual), y que el proceso de redención a menudo incluye penurias, dolor y dificultad.

Una de las ilusiones más dominantes en nuestra sociedad es que una vida "bien vivida" está caracterizada por la comodidad y el placer. Por lo tanto, todo lo que se inmiscuya en nuestra comodidad y placer (como enfermedad, el nacimiento de un niño minusválido, pérdida financiera, o la muerte de un ser querido) es por definición "malo". Para muchos, la pregunta: "¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?" presupone la definición de "malo" como equivalente a "doloroso".

En el concepto judío, la vida bien vivida se caracteriza por el crecimiento espiritual, esto permite que una persona adquiera profundidad y compasión. Adquirir estas cualidades a menudo requiere atravesar desafíos y privaciones.

¿Qué es libertad? ¿Escapar del dolor?, o ¿Aceptar nuestros desafíos y utilizarlos como una catapulta para el crecimiento espiritual?

El modelo de "comodidad y placer" produce gente superficial. El modelo de "crecimiento espiritual a través de penurias" produce gente como Dick Hoyt. El punto crucial de este tema es: ¿Cómo defines libertad? Hay una pregunta implícita detrás del Seder. ¿Qué es libertad? ¿Yacer en la playa durante un año? ¿Escapar de todos los dolores? ¿O en cambio, aceptar los desafíos y utilizarlos como una catapulta par el crecimiento espiritual?

La palabra "Pesaj" alude a "saltear". De esta manera, Pesaj es el momento para reemplazar el paradigma de "penuria como sufrimiento" por el paradigma de "penuria como una oportunidad de impulsarnos hacia adelante".

Esto no es para decir que el sufrimiento necesariamente produce grandeza espiritual. Un componente indispensable de la fórmula es cómo respondemos a las penurias que se nos presentan. Estas son las posibilidades:

PENURIA + EVASION = MEDIOCRIDAD ESPIRITUAL PENURIA + RECHAZO = AMARGURA PENURIA + ACEPTACION = CRECIMIENTO ESPIRITUAL USAR LA PENURIA COMO UN TRAMPOLÍN = GRANDEZA ESPIRITUAL

El Trampolín

En el último verano, una familia de Manchester, Inglaterra, vino a Jerusalem. El padre, León Phillips, era un abogado exitoso en sus cuarenta y tantos cuando se le diagnosticó un tumor cerebral fatal. Después de cinco años y tres complejas cirugías, León está en una silla de ruedas, su práctica legal ha sido truncada, los recursos financieros de la familia están muy complicados debido a los inmensos costos médicos, y su fe y optimismo yéndose a pique. Sentada con ellos en la recepción de un hotel de Jerusalem, me sentí incapaz de animarlos. Después de todo, ¿qué sabía yo de penurias catastróficas como esas?

Luego, de repente, se me ocurrió: ¡Llevarlos a conocer al Dr. Melamed-Cohen! El Dr. Melamed-Cohen sufre del mal de Lou Gehrig, él ha estado paralizado completamente y conectado a respiración artificial por más de diez años. En ese estado, se las arregló para escribir nueve libros utilizando el movimiento de sus ojos con una computadora especial. Yo llamé a su casa, y su nieta le pasó a él mi petición. La respuesta del Dr. Melamed-Cohen fue rápida: "¡Sí, vengan!".

Con dificultad, Lucille Phillips puso a su marido en un taxi, puso la silla de ruedas en el baúl, y fuimos. El ascensor que el Dr. Melamed-Cohen había instalado durante las primeras etapas de su enfermedad llevó al señor Phillips en su silla de ruedas al segundo piso del departamento de la familia Melamed-Cohen.

Entonces ahí estaban, mirándose uno al otro: dos hombres en sillas de ruedas cuyas vidas habían sido golpeadas por enfermedades devastadoras. En una carta posterior, Lucille Phillips describió la visita como "totalmente maravillosa".

Nos sentimos tan privilegiados de conocer al Dr. Melamed-Cohen y dar un vistazo a la manera en la que conduce su vida con tanta fe, alegría y determinación a pesar de su parálisis. Nos sentimos honrados por haber podido conversar con él y nos sentimos muy bienvenidos allí... ¡Realmente nos sentimos absolutamente maravillados por él y por su familia!

El Dr. Melamed-Cohen ha llamado a los años de su parálisis total "los mejores años de su vida". Cuando le preguntan cómo puede ser eso, dado que su vida anterior estuvo llena de logros profesionales y de alegría familiar, él explica que su enfermedad le causó desafíos de los que nunca pensó que saldría victorioso. De esta manera, él alcanzó niveles totalmente inesperados de profundidad y compasión.

Su vida con el mal de Lou Gehrig no ha sido cómoda ni grata, pero ha tenido aires de redención.