Pésaj es la fiesta de la libertad, la oportunidad de expandirse y crecer más allá de lo que percibimos como nuestras limitaciones. En hebreo, la palabra Egipto tiene relación con la palabra “estrecho”. Egipto era un lugar que limitaba el potencial humano y esclavizaba la voluntad. La liberación de nuestro "Egipto personal" es la experiencia de expandirse e ir más allá de nuestras limitaciones personales aprovechando y liberando nuestra voluntad.

Nuestro "Egipto personal" es el dolor de esperar mejorar en una forma específica, pero sentirnos impotentes de lograr ese cambio. En vez de crecimiento sentimos estancamiento y desesperanza.

Desde que tiene memoria, Gaby se esforzó por amar a las personas y sentirse conectado. Él probó muchas técnicas, con la esperanza de que alguna de ellas le permitiera alcanzar el progreso que tanto ansiaba. Tenía un patrón repetitivo en el que aprendía sobre una nueva herramienta para llegar a amar a los demás, se emocionaba de la novedad y dos semanas más tarde abandonaba todo al comprender que para él no funcionaba. Hace poco leyó sobre una técnica llamada “el juego del amor”: la sugerencia es estudiar de cerca a una persona y hacer una lista de cinco virtudes que ella posee. En este contexto, el amor se define como el placer de llegar a identificar a alguien con sus virtudes y perdonar sus defectos. Una vez más Gaby se emocionó, porque la idea parecía tener sentido. Lamentablemente, dos semanas más tarde todo perdió su brillo. Gaby se sintió un perdedor y se resignó a una vida de desconexión.

Me parece que todos nos podemos identificar con la frustración de Gaby. Hay algunos aspectos de nosotros mismos que deseamos cambiar, pero nos rendimos, nos resignamos a vivir con nuestras limitaciones.

Nuestro verdadero punto de libre albedrío es ese pequeño paso que podemos dar de forma consistente sin realizar un esfuerzo sobrehumano.

Nuestros Sabios enseñan que “nada se interpone ante la voluntad”. Tenemos la fuerza para mejorar de cualquier forma que realmente deseemos hacerlo. Rav Eliahu Dessler enseñó que el secreto de liberar nuestra voluntad es identificar dónde se encuentra nuestro punto de libre albedrío, o lo que yo llamaría “nuestros puntos personales de posibilidad real”. Nuestro verdadero punto de libre albedrío es ese pequeño paso que podemos dar de forma consistente sin realizar un esfuerzo sobrehumano.

Siempre existe algún cambio significativo que podemos hacer, algún paso para ser mejores. Ese cambio puede ser tan pequeño que tendemos a descartarlo por pensar que no es un gran logro. Este es un gran error. Cualquier cambio, sin importar cuán pequeño sea, es significativo y profundamente satisfactorio. Esta es la “fuerza de lo pequeño”, y es la clave para liberar la voluntad y lograr un auténtico crecimiento y transformación.

Una razón habitual por la que no logramos mejorar es porque fijamos un objetivo muy elevado, demasiado difícil de alcanzar. El Talmud nos enseña que “el que trata de abarcar demasiado, termina sin nada”. La mejor manera de evitar lo que yo llamo el desgaste y la desesperanza respecto al desarrollo personal, es apuntar a un crecimiento realista con una perspectiva honesta de nuestro punto de libre albedrío. No te dejes seducir por los logros dramáticos que alientan los coaches y mentores. Para muchas personas, esta es una fórmula para la frustración crónica y la depresión.

Conócete a ti mismo y acepta tus limitaciones. No te compares con los demás. Competir con otros nos distrae y no nos permite ser honestos con nosotros mismos. Tienes que estar seguro respecto a lo que eres: una persona imperfecta que se esfuerza por crecer. Evita la grandiosidad y el perfeccionismo. En cambio, celebra cada pequeño paso de crecimiento.

El verdadero problema de Gaby era que siempre fijaba el objetivo demasiado lejos de su punto de libre albedrío. Las herramientas que intentó aplicar estaban fuera de su rango real de posibilidades. Si Gaby hubiera sido capaz de ser honesto consigo mismo, habría descubierto que su punto de libre albedrío era un cambio muy pequeño. Afortunadamente, con un poco de ayuda, Gaby descubrió dónde estaba su punto de libre albedrío: una vez al día se propuso saludar a una persona con una sonrisa sincera y genuina. Cuando recibía en respuesta una agradable sonrisa, se sentía conectado y más positivo respecto a esa persona.

Después de un mes, Gaby se sorprendió del cambio en la forma que se sentía consigo mismo y con los demás. Se sentía con más fuerza y estaba convencido de que podría mantener ese cambio sin esforzarse demasiado. Una vez que Gaby sintió que había dominado este cambio, estuvo listo para elevar un poco el objetivo. Incluso sintió que el siguiente paso podía ser: buscar las virtudes de los demás.

Este enfoque sobre el crecimiento da mucha fuerza. El poder de lo pequeño en definitiva es la posibilidad de vivir en la realidad y esforzarse por lograr una transformación genuina. Cada éxodo de nuestro "Egipto personal" comienza con pasos pequeños que se encuentran en nuestros puntos de libre albedrío. Con la fuerza de lo pequeño, podemos entender por qué nuestros sabios dijeron que nada se interpone a la voluntad.