Aquella llamada que recibí temprano por la mañana me dejó devastada. El marido de mi amiga Faige había muerto la noche anterior de un infarto mientras hacía ejercicio en la cinta para correr que había en su dormitorio. Mi mente, atónita, pensó:

¡Tenía sólo 54 años! ¡Su hija Esti tiene sólo siete! ¡Moishi hará su bar mitzvá sin su padre! ¿Cómo se las arreglará Faige con su familia sin su marido?

Esa tarde, mientras iba camino a la shivá, temí por la escena con la que me encontraría. Nunca había visto a Faige sin una sonrisa. Ni siquiera podía imaginarla como una viuda desgarrada y sollozante. Sin embargo, cuando entré a su sala de estar, Faige me recibió con un abrazo, una sonrisa y las sorprendentes palabras: "No podría estar más agradecida por la manera en que murió – de repente, sin sufrir. No podría estar más agradecida".

¿Agradecida? ¿Cómo la gratitud se había abierto paso en esta tragedia? ¿Cómo podía Faige sacar de esta tragedia algo por lo que estar agradecida? Era como encontrar una pepita de oro en un pantano de barro.

¿Cómo la gratitud se había abierto paso en esta tragedia?

Me senté allí perpleja mientras miraba a Faige, quien estaba en su baja silla de duelo hablando alegremente sobre la hermosa vida que había tenido su marido y de lo afortunado que fue en recibir la última tumba en la vieja y codiciada sección Belzer del cementerio. Su irrefrenable felicidad era como un brilloso faro rojo titilando en un negro y tormentoso mar. Escuché en absoluta disonancia cognitiva. La nube había sido completamente disipada por un viento de gratitud.

Finalmente, fui hasta la hermana de Faige y le pregunté: "¿Cómo lo logra?".

Su hermana contestó: "Lo obtuvo de nuestra madre, que es igual. Nuestra madre y su hermana nacieron en Rumania antes del Holocausto. Cuando mamá habla de su infancia, lo que cuenta serviría de material para novelas de grandes aventuras. 'Nos escondíamos de los nazis; había una gran intriga. Luego vinieron los rusos y huimos. Nos las ingeniamos para llegar a Palestina; fue tan excitante'. Pero cuando nuestra tía cuenta la misma historia", y aquí su voz tomó un tono de duelo, "la cuenta como si hubiese sido una tragedia. 'Nos tuvimos que esconder de los nazis. Después vinieron los rusos y tuvimos que huir. Fue terrible. Tuvimos que viajar a Palestina en medio de grandes peligros. Fue terrible'. Vivieron la misma vida, pero jamás lo imaginarías".

Luego agregó: "Faige heredó su naturaleza feliz de nuestra madre. Yo no recibí ese gen".

Miré a la madre de Faige, que estaba sentada allí en la shivá de su recientemente enviudada hija. La radiante sonrisa en su cara y la suave piel que traicionaba su edad me hicieron pensar: ¿Hay un gen para la felicidad?

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La Conexión entre Felicidad y Gratitud

De hecho, algunos estudios sicológicos indican que las personas sí tienen un "nivel de felicidad predeterminado". Un estudio reveló que si una persona gana la lotería o queda paralizada del cuello para abajo, de tres a seis meses después del evento su nivel de felicidad volverá al punto en el que estaba antes.

Este hallazgo le molestó al profesor de sicología Robert Emmons, de la Universidad de California, por lo que lanzó una investigación experimental con el objetivo de "subir un poco el nivel predeterminado de felicidad". Sus experimentos revelaron que el agente que produce felicidad a largo plazo es la gratitud. Los experimentos del profesor Emmons demostraron que llevar un ‘diario de gratitud’ aumenta los niveles de felicidad a largo plazo en un 25%.

La investigación del profesor Emmons es significativa no sólo porque relaciona científicamente la gratitud con la felicidad, sino también porque muestra que el rasgo de gratitud puede ser adquirido.

En una entrevista realizada en el año 2007, le fue preguntado al profesor Emmons: "No hay muchos efectos secundarios negativos que vengan por llevar un diario de gratitud. ¿Qué cree usted que es lo que evita que más gente se beneficie con sus hallazgos?”.

El profesor Emmons respondió: "Excelente pregunta, a menudo pienso en eso. Mi impresión es que algunas personas se sienten incómodas hablando sobre estos temas, porque podrían sonar demasiado espirituales o religiosas. Otras simplemente no quieren sentirse obligadas hacia la persona que las ayudó".

Agradecer necesita un objeto.

La palabra "agradecer" en español es un verbo transitivo; agradecer necesita un objeto. Puedes estar agradecido con tu padre o pareja, con tu maestro de primer grado, con el recolector de basura o con Steve Jobs. ¿Pero con quién puedes estar agradecido por el nacimiento de un bebé saludable? ¿Por un magnífico atardecer? ¿Por tu sistema inmunológico en perfecto funcionamiento?

Ahí es donde Dios entra en escena. Como lo señaló el profesor Emmons, nuestra gratitud tiene alusiones espirituales o religiosas. Eso es porque cuando las personas están dispuestas a reconocer el bien que han recibido, el camino de la beneficencia generalmente termina en su fuente: Dios. Esto es cierto tanto para los fenómenos de la naturaleza como para los eventos que les ocurren a las personas.

Dos días después de la muerte del marido de Faige, su hijo Beri, su nuera Malka y sus dos hijos, volaron desde su hogar en Israel para asistir a la shivá. Malka estaba embarazada de seis meses. Después de la shivá, Beri y Malka, para ayudar a su desconsolada madre y a sus jóvenes hermanos, decidieron quedarse un tiempo y tener a la bebé allí. Se mudaron a la casa de Faige, y llenaron de alguna manera el agujero que había dejado su fallecido esposo.

Y allí fue donde nació la bebé. Horas después del nacimiento, ésta dejó de respirar debido a TGA (transposición de las grandes arterias). La líder mundial en TGA es la doctora Jan Quaegebeur, quien ideó un complejo procedimiento quirúrgico para corregir el defecto. La doctora Quaegebeur trabajaba “casualmente” en un hospital cercano. Inmediatamente después del descubrimiento del defecto, la bebé fue llevada allí y la Dra. Quagebeur hizo inmediatamente un procedimiento para que la bebé se mantuviese con vida, y unos pocos días después realizó la cirugía de 7 horas que finalmente salvó su vida.

Faige y su familia estaban colmados de gratitud con la Providencia Divina que había hecho que el bebé naciera allí en lugar de en Israel.

La gratitud no sólo conduce a la alegría, sino también a una relación.

Cuando se vive un evento beneficioso como si fuera una "coincidencia", no hay nadie con quien estar agradecido. Cuando se vive como un acto de Providencia Divina, se abren las puertas de la gratitud – y del amor – de par en par. La diferencia entre coincidencia y bendición de Dios es la diferencia entre encontrar un anillo de diamantes tirado en la calle y recibir un anillo de diamantes de quien quiere casarse contigo. Un anillo de compromiso vale mucho más que su valor de mercado.

Cuando experimentamos los hechos en nuestra vida – desde nuestro sistema inmunológico hasta el hecho de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado - como un regalo de Dios, estamos viviendo en una relación con un Dios que nos ama. La gratitud no sólo conduce a la alegría, sino también a una relación.

Pesaj: La Festividad de Gratitud

Pesaj es la festividad de la gratitud. La redención de Egipto fue un regalo gratuito. Dios no redimió al pueblo judío porque lo merecíamos (estábamos casi en el nivel más bajo de impureza), sino porque nos amaba y quería establecer una relación con nosotros. Como dice el último versículo del Shemá: "Yo Soy el Eterno, tu Dios, Quien te sacó de la Tierra de Egipto para ser tu Dios".

De la misma manera, la liberación interior que está disponible para todo judío en Pesaj no es una recompensa, sino un regalo gratuito. Y la respuesta adecuada es la gratitud. Incluso más que "gracias", la respuesta apropiada, al igual que cuando el ser amado nos da un anillo de diamantes, es decir: "Sí, quiero una relación contigo; sí, entiendo que este regalo representa tu amor hacia mí".

La histórica liberación de Egipto vino después de 210 años de esclavitud, que incluyeron 80 años de tortura sicológica y física, de preciosos bebés asesinados, de juegos diseñados por mentes sádicas para quebrar el espíritu de nuestros ancestros. Todo judío que dejó Egipto tenía una elección que hacer: enfocarse en los milagros del Éxodo o en el sufrimiento que le había precedido.

De hecho, las quejas periódicas – por agua y comida – durante los años en el desierto vinieron de quienes permitieron que su sufrimiento eclipsara su gratitud. Ésta es una elección que hace todo ser humano.

En el Séder, tanto los símbolos de sufrimiento como los de redención son puestos delante nuestro: agua salada representando lágrimas, hierbas amargas representando dificultad, jarózet representando el mortero de nuestra labor forzada, karpás representando vida nueva y la matzá representando tanto aflicción como liberación. El Séder debiera llevarnos a un estado de celebración de nuestra redención en lugar de quedarnos varados en nuestras penas.

La gente como Faige nos muestra que, incluso en medio de una tragedia, es posible reconocer las pepitas de oro – los regalos de amor de Dios – y estar agradecidos.

Pesaj es la festividad de la libertad, y ¿qué libertad es más liberadora que la libertad de responder a todo lo que nos pasa en la vida con gratitud?