Muchas personas en todo el mundo se encuentran encerradas en sus casas, siguiendo las órdenes de emergencia de “Quédate en casa. Mantente sano”, para combatir el coronavirus. Tenemos permitido salir de la casa para ciertas “actividades esenciales”, lo cual incluye ir a comprar alimentos, necesidades médicas, cargar gasolina o ir al banco. Donde yo vivo, la orden enfatiza que sólo están permitidas “actividades comerciales minoristas y esenciales” y que sólo pueden permanecer abiertos comercios “esenciales”.

La definición que trae el diccionario de algo “esencial” es: “absolutamente necesario; extremadamente importante”. Algunos sinónimos son: “crucial, necesario, clave y vital”. No esencial implica “no completamente necesario”. Algunos sinónimos incluyen: “reemplazable, innecesario, superfluo”.

Al leer esta ordenanza me quedé pensando qué es lo que consideramos esencial. Cada uno es el director de su propia vida; nosotros damos las órdenes y definimos qué es esencial, crucial y vital versus lo que no es esencial, lo que es reemplazable y superfluo, aquello sin lo cual podemos vivir.

Obviamente, nadie puede vivir sin salud o sin el bienestar de sus seres queridos. Para aquellos que están sufriendo o que experimentaron una pérdida, no hay palabras, sólo nuestra más sincera empatía y amor. Y a aquellos devastados económicamente por esta pandemia, además de nuestro compromiso a ayudarlos y brindarles apoyo, deben saber que nos preocupamos profundamente y pensamos en ustedes.

Para aquellos afortunados que conservan su salud y su estabilidad económica, las consecuencias y el impacto de esta pandemia son un gran desafío. Hay demasiados aspectos de esta nueva normalidad que frustran, desilusionan, agravian y preocupan incluso a la persona más centrada, confiada, competente y capaz.

Incluso si no estamos de duelo por nuestros seres queridos, todos sufrimos por la pérdida de la inocencia, de ciertas suposiciones y realidades que dábamos por obvias. Respeta ese sentimiento, da lugar a ese dolor, expresa esa frustración de una forma sana y luego esfuérzate para lograr obtener una sensación de daieinu o 'suficiente'.

El mensaje de daieinu es claro: tenemos que saber cómo decir “lo que tengo es suficiente”, no en un tono dañino sino de valoración. En esta fiesta de la "travesía de la esclavitud a la libertad", logramos nuestra propia libertad. Al decir daieinu nos concentramos en lo que tenemos y no en lo que nos falta: tenemos suficiente, estamos suficientemente satisfechos.

Daieinu significa 'suficiente' para disfrutar este momento, para estar presentes en esta experiencia, para saborear este regalo y valorar esta oportunidad sin tener que mirar hacia adelante o añorar lo que viene después. Por supuesto, cada etapa y cada estrofa de la famosa canción están incompletas, cada una es imperfecta, pero de todos modos daieinu; cada una sigue siendo 'suficiente'. Suficiente para impulsarnos a decir gracias e incluso suficiente para sentirnos felices.

Al igual que las estrofas de Daieinu, también nuestras vidas a menudo son incompletas, imperfectas. Para la mayoría, este Pésaj es diferente de todos los demás. Nos falta demasiado, demasiadas personas que estuvieron ausentes en nuestra mesa o personas que sintieron nuestra ausencia en la de ellos. Sin embargo, si nos focalizamos en lo que nos falta, lo que todavía no tenemos o nunca podremos tener, nos debilitamos, nos impedimos sentir felicidad. Por otro lado, si tenemos la capacidad de cantar Daieinu, de focalizarnos en lo que hay, de disfrutar lo que tenemos, nos liberamos para poder encontrar la felicidad.

Esta pandemia nos obligó a redefinir lo que es “esencial” y lo que “no es esencial”.

Nuestros Sabios enseñan que "el que tiene cien desea doscientos". Un apetito insaciable de tener más, una necesidad voraz de lo más nuevo, estar insatisfechos sin tener lo último, lo mejor, lo más, nos roba la serenidad, nos niega la felicidad y a menudo nos distrae de lo más importante.

Vivimos con libertades que no tienen precedentes: libertad para practicar nuestra religión, libertad de palabra, libertad para buscar la felicidad. Sin embargo, con todas estas libertades, nuestra generación permanece esclavizada. Somos esclavos de necesitar “más”. Estamos dominados por nuestras necesidades. Nuestra necesidad de tener más dinero, más tiempo, más cosas, lo más nuevo, una silla mejor, una habitación mejor, más poder, más amigos, la necesidad de tener la última palabra, incluso nuestra necesidad de ser necesitados.

Nuestras necesidades, deseos y falta de satisfacción se convirtieron en nuestros capataces. Ocupan lugar en nuestras mentes y en nuestros corazones, secuestran nuestros pensamientos, nos dictan cómo sentir y nos ordenan decir y hacer cosas autodestructivas.

Esta pandemia nos obligó a redefinir lo que es “esencial” y lo que “no es esencial”. Con el marco mental adecuado, muchos podemos encontrar una fuerza sin precedentes para entonar sinceramente Daieinu desde nuestra esencia más profunda.

Si mis hijos tienen maestros dedicados que los inspiran a estudiar Torá, incluso si les faltan sus campus y sus amenidades, daieinu.

Si nos tenemos los unos a los otros, si nos sentimos conectados y parte de una comunidad que trabaja junta, incluso si no podemos ir a cortarnos el cabello, a la manicura ni actualizar nuestros guardarropas, daieinu.

Si tenemos semajot para celebrar, nacen bebés y las parejas entran al lazo sagrado, incluso si no lo podemos celebrar con la pompa usual, daieinu.

Si podemos observar Pésaj, la festividad de la emuná, de la fe, recordar que Dios dirige al mundo y trae la redención, incluso si no estamos en un hotel, o donde normalmente vamos o con las personas que por lo general estamos, daieinu.

Y sobre todo, si podemos respirar con facilidad, si nosotros y nuestros seres amados estamos sanos, incluso si no podemos disfrutar a pleno nuestro estilo de vida, daieinu.

En Pésaj nos liberamos al entonar Daieinu. Nos alegramos de detenernos para reflexionar sobre lo que tenemos y agradecer por ello. Vivir con límites, encontrar felicidad en lo que tenemos, mantener la capacidad de decir “suficiente” es liberador, enriquecedor. Cuando siempre queremos más, nunca nos detenemos para disfrutar lo que tenemos, perdemos lo que tenemos por buscar lo que viene después.

En este Pésaj, tómate unos momentos para reflexionar. Revisa tu vida y no prestes atención a lo que falta, lo que desearías que estuviera. En cambio, canta Daieinu, “suficiente”, y aférrate con fuerza a lo que hay., Este es un tema fundamental de Pésaj. Es la clave para que puedas llegar a liberarte.