La Hagadá no es sólo sobre el Éxodo de Egipto. Mira debajo de la superficie y encontrarás un rico texto implícito que imparte lecciones esenciales sobre gratitud en general y sobre cómo agradecerle a Dios por la benevolencia Divina.

El nombre de la Hagadá viene del verbo hebreo: “lehaguid”, “relatar”. Hay otros verbos que significan “relatar”, pero “lehaguid” implica relatar poniendo atención en los detalles.

En la noche del Seder recapitulamos los pormenores de lo que realmente ocurrió. Nos detenemos y reflexionamos sobre los detalles.

Cuando cantamos “Dayeinu”, enumeramos lo que pareciera ser una cuenta detallada de todo lo que Dios hizo por nosotros para sacarnos de Egipto. Después de cada línea, decimos “dayeinu”, hubiese sido suficiente si eso hubiese sido todo lo que Dios hizo por nosotros. ¡Pero espera!, ¡hay más! El siguiente verso enumera otra cosa. Decimos “hubiese sido suficiente”... demostrar que reconocemos y apreciamos el beneficio de cada cosa que Dios hizo por nosotros.

En nuestro Seder, siempre uno de los invitados se queja: “Pero en realidad no hubiese sido suficiente si Dios hubiese dividido el mar para nosotros pero no nos hubiese cruzado a tierra seca. ¡No hubiésemos sido salvados, y todo el objetivo de sacarnos de Egipto hubiese sido anulado!”.

La lista detallada de “Dayeinu” no es para afirmar que los pasos que siguen a cada ítem son prescindibles. Dayeinu no es una afirmación intelectual, sino una actitud, un sentido de completitud, de haber recibido tanto que uno se siente satisfecho.

La consciencia de Dayeinu es lo opuesto a la actitud “Él/ella/ellos no hicieron lo suficiente por mí”. Una vez tuve una conversación con un joven que estaba lleno de quejas sobre sus padres. Le pregunté: “Cuando eras niño, ¿te cuidaban cuando estabas enfermo?”.

Respondió: “Obvio, todos los padres lo hacen”.

“¿Te proveyeron con ropa, libros, juguetes, una bicicleta, y tu propia computadora?”.

“Obvio, ¿pero qué importa?” contestó. “Hay muchas cosas que no me dieron”.

La base de toda relación amorosa –con los padres, con la pareja, o con Dios— es la apreciación. Y la base de la apreciación es darse cuenta y ser agradecidos por cada cosa específica que recibimos. “Dayeinu”.

Justo antes de cantar “Dayeinu”, la Hagadá relata un desacuerdo entre Rabí Yosi HaGalili, Rabí Eliezer y Rabí Akiva sobre cuántas facetas hubo en las Diez Plagas y exactamente cuántos milagros ocurrieron en la partición del Mar de los Juncos.

En muchos Seders, esta sección produce como respuesta un malhumorado: “¿A quién le importa?” (especialmente entre quienes están hambrientos esperando la cena). Diez plagas, 50 plagas, 200 plagas. ¿Cuál es la diferencia?

El secreto de la gratitud es la especificidad. Digamos que por su aniversario de bodas, David le da a su esposa Rut una caja con forma de corazón atada con una hermosa cinta y llena de chocolates de diferentes formas y sabores. ¿Cómo hace David para saber si Rut realmente está agradecida? Si le agradece no sólo por los chocolates, sino también por la caja y la cinta, y mientras come cada uno de los chocolates señala: “O, este tiene forma de mariposa”. “Mira este, parece una joya”. “Este tiene sabor a moca, mi favorito”. Así David está seguro de que su gratitud es genuina.

La autoestima de un niño no se promueve con cumplidos generales. El niño desecha: “Oh, que hermoso dibujo que has hecho”, porque es una respuesta estereotipada, no es una alabanza real. Si quieres que se sienta bien por tu cumplido, sé específico: “Me gusta el color rojo con el que dibujaste las flores, es tan brillante. Y la mariposa con los puntos verdes y azules es la mariposa más feliz que vi en mi vida”. Los niños, que son expertos en discernir lo que es genuino, saben que la apreciación real se enfoca en los detalles.

Los sabios mencionados en la Hagadá conocían este secreto hace 2,000 años. Mientras más detalles señalamos, podemos ser agradecidos por más cosas. Si hubo cincuenta milagros adicionales en la partición del mar, eso significa que podemos agradecerle a Dios cincuenta veces más.

Pesaj es sobre desarrollar una relación amorosa con Dios. Dado que las relaciones amorosas están basadas en la gratitud, la Hagadá destaca todos los detalles del Éxodo, para que nos sintamos abrumados por la gratitud hacia Dios.

La relación que recibe este estímulo en Pesaj debe ser sostenida durante el año. Es por eso que el judaísmo ordena tres rezos al día, y las bendiciones que deben ser dichas antes y después de todo lo que un judío come o bebe. Cuando un judío es agradecido por cada cosa pequeña, se da cuenta de que nada es pequeño. Incluso un vaso de agua es una manera de conectarse con Dios, que lo creó. Amar a Dios significa ser agradecido por la forma asombrosa en que cada dedo se mueve, por el sistema inmunológico que funciona 24 horas al día, por la protección diligente, e incluso por los servicios provistos por los pequeños pelos de la nariz. Dayeinu.