Todo el mundo sabe que la matzá es pan no leudado y que su opuesto es el jametz, ‘lo que leudó o se elevó’. En Pesaj somos sumamente cuidadosos y limpiamos meticulosamente nuestros hogares para erradicar todo resto de jametz que esté en nuestra posesión antes del comienzo de la festividad.

¿Pero cuál es la diferencia entre el proceso de horneado de pan (jametz) y el de horneado de matzá? La misma masa puede ser utilizada para ambos. La diferencia es la siguiente: para evitar que la masa de matzá fermente, crezca y leude (convirtiéndose en jametz y quedando prohibida para su uso durante Pesaj) la masa de matzá se trabaja, amasa, apisona y achata durante la etapa inicial del proceso. Los panaderos no pausan ni por un instante. La única forma de hacer que el producto siga siendo matzá es trabajar exhaustivamente en las fases de amasado y apisonado y meterla en el horno inmediatamente después. Un solo momento de retraso (aunque técnicamente el retraso podría durar hasta 18 minutos en circunstancias extremas) podría cambiar su estatus, pasando de ser el objeto con el cual cumplimos la mitzvá de comer matzá, a ser un objeto que está prohibido en Pesaj.

La diferencia entre la matzá y el jametz es literalmente un tema de diligencia, concentración, esfuerzo y, principalmente, una aguda consciencia del tiempo.

La matzá es el alimento que representa todas esas características: no quedarse cruzado de brazos dejando que las cosas fluyan de acuerdo a su curso natural. Es el símbolo de realizar tareas con diligencia y concentración en el momento en que hay que hacerlas, ni siquiera un momento después. Esta característica, conocida como zerizut, ‘presteza’, es uno de los ingredientes clave para vivir una vida espiritual.

Quizás a esto se referían nuestros sabios cuando hicieron un famoso juego de palabras. La Torá dice: “ushmartén et hamatzot” ‘cuidarán las matzot’ (Éxodo 12:17). Nuestros sabios dicen que, dado que matzot y mitzvot en hebreo se escriben igual, podemos leer ‘cuidarán las mitzvot’. La Torá nos está diciendo, indirectamente, que debemos respetar las mitzvot de la misma forma en que hacemos las matzot: con diligencia, atención y concentración. Tal como no permites que la masa de matzá fermente o leude por causa de un retraso en tu tarea, no permitas que ninguna mitzvá que se presente ante ti se avinagre y fermente a causa del retraso y el aplazamiento.

Como dicen nuestros Sabios: “Una mitzvá que se te presenta en el camino, no dejes que se haga jametz” (Mejilta Shemot 12); es decir, no dejes que leude, no te demores hasta que se haga jametz; sino que debes hacerla de inmediato. ¿Tienes la oportunidad de dar tzedaká? ¡Hazlo ahora! ¿Te interesa estudiar Torá? ¡Hazlo ahora! ¿Quieres poner una mezuzá en la puerta? ¡Hazlo ahora!

Pesaj entonces, es la festividad de ‘hacer’ (si no me crees, pregúntale a cualquier ama de casa que esté preparando su hogar para Pesaj). La matzá representa muchas cosas pero, por sobre todo, representa diligencia y entusiasmo en el servicio a nuestro Creador.

La matzá ofrece también otra lección importante. No tiene adornos, es humilde y pura, sugiriéndonos la forma en que debemos hacer una mitzvá: sin adornos, con humildad y con pureza; si inflarnos con nuestro ego, exactamente igual que la matzá.

La conexión entre matzá y mitzvá nos enseña otra cosa más. No sólo debemos poseer matzá, sino que también debemos comerla. Y tal como al ingerir matzá la convertimos en parte de nuestro sistema, asimismo debemos internalizar las mitzvot que realizamos, convirtiéndolas en parte integral de nuestro ser.

Observar Shabat no sólo implica evitar las actividades creativas, sino que también implica hacerlo parte de nosotros, darnos cuenta de que hay un Creador del universo que reside sobre nosotros. Usar tefilín no sólo implica poner cajas negras en nuestro brazo y cabeza, sino que también implica internalizar lo que contienen esas cajas negras: la unicidad de Dios, el requisito de servirle con todo lo que somos y poseemos.

Cuando estemos cumpliendo con la mitzvá de comer matzá, espero que la equivalencia de ambas nos inspire a absorber sus numerosos mensajes: un mayor entusiasmo y diligencia en todo lo que hacemos, una consciencia mayor del significado del tiempo, una conexión más elevada con Dios y con el hombre por medio de ser más genuinos, simples y menos presuntuosos y extravagantes.

Espero que logremos internalizar la festividad de Pesaj, y no sólo internalizar la deliciosa comida.