Dayeinu es una de los puntos centrales del Séder. La melodía es pegajosa, pero las palabas y el tema son francamente bizarros. Si nos hubieras sacado de Egipto, pero no hubieras partido el mar, dayeinu, nos bastaría. ¿En serio?

Si nos hubieras llevado al Monte Sinaí, pero no nos hubieras dado la Torá, dayeinu, nos bastaría. ¿En serio? ¿No decimos que la Torá es el aire que respiramos, indispensable en nuestra vida y para nuestra existencia? Si nos hubiese dado la Torá, pero no nos hubiera llevado a Israel, nos bastaría. ¿En serio? ¿No fue Israel creado antes que el mundo, porque Israel, el pueblo judío y la Torá son los tres pilares sobre los que el mundo mismo está construido?

Para entender la esencia de dayeinu debemos dar un paso atrás y mirar el poema como un todo. ¿Qué tienen en común estas 15 frases? ¿Por qué fueron elegidos estos eventos o circunstancias en particular?

Cada frase corresponde a un increíble acto de amabilidad que hizo Dios por nosotros y a nuestra absolutamente desagradecida respuesta.

Rav Nachman Cohén, en su Hagadá Histórica, ofrece una idea fantástica. Si ves en la Torá y en los Salmos, en el Salmo 106 en particular, verás que cada frase de dayeinu se corresponde a un increíble acto de amabilidad que hizo Dios por nosotros, y por el cual nuestra respuesta fue completamente desagradecida.

Aquí hay algunos ejemplos:

Decimos “si Dios nos hubiese sacado de Egipto, nos bastaría”. Sin embargo, si miras en Deuteronomio 1:27, no nos bastó. “Porque Dios nos odia, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos a manos de los Amoritas, para que nos destruyan”.

Otro ejemplo: decimos “si nos hubieses alimentado con el man, nos bastaría”. Pero no nos bastó. Dijimos: “Nuestra alma odia este pan”.

Decimos “si nos hubieras traído a Israel, dayeinu, nos bastaría”. Pero no nos bastó. En Números, dijimos: “[Israel es] la tierra que devora a sus habitantes”.

Rav Najman Cohen explica que dayeinu somos nosotros, reflexionando sobre nuestra historia y reparando la falta de gratitud que exhibimos en el pasado. En la noche del Séder miramos hacia atrás, a nuestra historia nacional, repasamos nuestra historia e identificamos esos momentos, esos regalos de Dios por los que no le agradecimos. Rectificamos y reparamos nuestra ingratitud durante los años al decir ahora dayeinu. En realidad, dayeinu: cada una de estas cosas fue suficiente para estar extremadamente agradecidos.

La libertad exige gratitud. Si fuiste liberado, pero no reconoces cómo obtuviste esa libertad, entonces en realidad continúas esclavizado a tu ego y egoísmo. Si no puedes reconocer lo que se hizo por ti y que no podrías haberlo logrado solo, entonces no eres libre de tu estrecha y egoísta perspectiva. La gratitud es una consecuencia de la verdadera libertad.

El Midrash dice que quien no tiene gratitud es como quien niega la existencia de Dios. Si eres tan insensible a quienes te benefician y sustentan, entonces seguramente jamás reconocerás las bendiciones que te da Dios.

En la noche de Pésaj, cuando revivimos la experiencia de convertirnos en un pueblo y celebramos el nacimiento de nuestra nación, reparamos el trágico defecto de la ingratitud, reconociendo que somos indignos y que dayeinu, que todo lo que hizo Dios por nosotros fue más de lo que merecíamos.

Imbuyendo gratitud en el hogar

Hace un par de años, el Wall Street Journal publicó un artículo titulado Raising Children With an Attitud of Gratitude, Research Finds Real Benefits for Kids Who Say ‘Thank You’ (Criando niños con una actitud de gratitud: Investigación descubre beneficios reales para los niños que dicen “gracias”). Dianna Kapp, la autora, escribe:

Un estudio realizado el 2008 sobre 221 niños, que fuera publicado en el Journal of School Psychology, analizó niños de sexto y séptimo grado a los que se les pidió que, diariamente y durante dos semanas, enumerasen cinco cosas por las que estuvieran agradecidos. Se descubrió que tres semanas después tenían una mejor actitud en la escuela y más satisfacción en la vida, en comparación a niños a quienes se les asignó enumerar cinco molestias.

“El viejo dicho de que las virtudes se contagian, y no se enseñan, aplica aquí”, dice Robert Emmons, profesor de psicología de la Universidad de California. Los padres deben ejemplificar este comportamiento para construir en sus niños el músculo de gratitud. “No es lo que los padres quieren oír, pero no puedes darles a tus hijos algo que no tienes”, dice el Dr. Emmons.

Las acciones cotidianas pueden ser incluso más importantes que los grandes esfuerzos, dicen los investigadores. “Exprésale gratitud a tu pareja. Agradéceles a tus niños”, dice el Dr. Froh de Hofstra.

La noche del Séder es una increíble oportunidad para ejemplificar gratitud para nuestros hijos. Durante dayeinu, pausa para ser apreciativo, hacia Dios por lo que ha hecho por nuestro pueblo y por cada uno de nosotros, y por todos los que trabajaron tan arduamente para este Pésaj. Alguien tuvo que trabajar duro para ganar el dinero para pagar los gastos de Pésaj. Alguien tuvo que comprar, cocinar, limpiar, preparar, organizar, etc. No le agradezcas sólo a tu pareja y a tus padres, sino también a tus hijos por lo que hayan colaborado.

Pésaj nos recuerda que, para liberarnos, debemos mirar hacia atrás e identificar a quienes hicieron una gran diferencia en nuestra vida, pero olvidamos agradecerles. Este es el momento para reparar la ingratitud y acercarnos para decir gracias.

Tengo un amigo que sugirió una pareja hace 20 años, y cada año, en su aniversario, esta pareja le compra un regalo a mi amigo, entendiendo que la felicidad que tienen juntos nunca hubiera ocurrido sin que él se hubiera molestado en emparejarlos.

¿Les hemos agradecido a quienes contribuyeron a la vida que tenemos la bendición de vivir? Todos tenemos familia, amigos, maestros, mentores y vecinos, cuyos esfuerzos son responsables por quienes somos hoy. Libertad significa saber que no lo logramos solos. Este Pésaj, cantemos nuestro dayeinu personal y reparemos nuestra ingratitud diciéndoles gracias a quienes empacaron nuestros paracaídas.