El número cuatro es importante en la Hagadá. Hay cuatro copas de vino, se hacen cuatro preguntas, hay cuatro hijos… Todos estos cuatros tienen su raíz en los cuatro diferentes términos que se utilizan para describir cómo el pueblo judío dejó Egipto:

  1. Yo los sacaré,

  2. Yo los rescataré,

  3. Yo los redimiré,

  4. Yo los tomaré para Mí (Éxodo 6:6-7).

Cada uno de estos términos es necesario. Constituyen cuatro diferentes partes de un proceso que llamamos “redención”. La redención no pasó de la noche a la mañana, sino que tomó tiempo. El descenso a la esclavitud tomó tiempo y el camino a la libertad también tomó tiempo. En Génesis 15:13, Dios le dice a Abraham sobre el descenso: “Tus hijos [1] serán extraños en una tierra que nos es de ellos, [2] los servirán y [3] ellos los oprimirán…”. Hubo alienación, esclavitud y aflicción. Y tal como el descenso del pueblo judío a la esclavitud en Egipto fue un proceso gradual, su ascenso a la libertad también fue un proceso gradual. Hubo llanto del pueblo judío. Moshé apareció en escena. Hubo plagas. La terquedad del Faraón. Y hubo una mano fuerte y brazo extendido de Dios que nos sacó. Fue un proceso que tomó tiempo.

¿Qué tiene esto que ver con nosotros?

La mitzvá de relatar el Éxodo de Egipto no se trata de leer noticias del pasado. Su propósito es demostrarnos que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto. Este proceso de descender y después volver a levantarse es personal.

Pero no nos relacionamos con el Éxodo de Egipto de manera personal, ya que usamos palabras demasiado impersonales para describirlo. El pueblo judío estaba en galut, ‘exilio’. El pueblo judío experimentó una gueulá, ‘redención’. ¿Qué tienen que ver el exilio y la redención con nosotros? Esas palabras nos parecen extrañas; aptas para una nación, pero no para un individuo y ciertamente no para ti o para mí.

Si entendemos estos términos bajo la perspectiva de nuestras vidas podremos relacionarnos mejor con ellos.

Galut/exilio: ¿Qué significa estar en exilio? Estar en exilio es estar atrapado en los malos hábitos. Exilio es ser esclavo de viejas formas de pensamiento. Exilio es sentirse muy lejano de las relaciones que nos importan (Mamá, Papá, Dios, amigos). Mitzraim (Egipto) viene de la palabra tzar, que significa ‘angosto’ en hebreo. Estar en exilio es sentirse limitado y restringido, incluso cuando podemos caminar o conducir tan lejos como queramos. Eso es personal. Eso es algo con lo que todos podemos relacionarnos.

Gueulá/redención: ¿Qué significa ser redimido? Redención es estar libre de la presión de nuestros pares. Redención es trabajar muy duro en algo y sentirse bien por el arduo trabajo. Redención es decir “Te quiero mamá” incluso aunque no esté de moda decirlo. Redención es hacer lo correcto, incluso cuando no es fácil hacerlo.

¿Cómo dejamos el lugar de restricción y negatividad para llegar a la libertad y felicidad? Usemos el ejemplo del pueblo judío como guía.

Cuando el pueblo judío descendió originalmente a Egipto, Iosef separó un lugar para ellos en Goshen. Puede que haya sido un espacio privado para el pueblo judío, pero seguía tratándose de una tierra extraña y pagaron el precio por ello; la influencia de los egipcios los afectó. Después de la muerte de Iosef y sus hermanos, los judíos comenzaron a trabajar para los egipcios y con el tiempo eso se convirtió en opresión y aflicción.

Esto es similar a lo que ocurre en un nivel personal. Nosotros inocentemente nos alejamos de nuestro hogar, de los valores de nuestra casa, y nos encontramos en un lugar extraño. Hoy en día ni siquiera tienes que salir de tu casa para hacerlo (¡hoy existe Internet!). No parece tan malo al principio. Al fin y al cabo todo tiene su lado positivo y su lado negativo, pero poco a poco comenzamos a adquirir hábitos muy malos, hábitos que nosotros ni siquiera queremos tener.

Entonces, ¿qué hizo el pueblo judío para salir de Egipto?

A pesar de que fue Dios quien los sacó, el pueblo judío causó la salida. El versículo dice: “Los hijos de Israel gimieron por el trabajo y ellos lloraron” (Éxodo 2:23). El gemido fue una súplica para que el trabajo duro se detuviera, pero el llanto fue un rezo, un deseo de estar cerca de Dios. Juntos ellos iniciaron el proceso de la redención. “Dios escuchó sus gemidos y Dios recordó su pacto” (Éxodo 2:24). A pesar de que la esclavitud y la aflicción aún no se habían detenido, el llanto creó esperanza. No fue hasta que “Israel vio a los egipcios muertos en la costa” (Éxodo 14:30) que las capas de la esclavitud fueron retiradas por completo, pero el proceso ya había comenzado mucho antes que eso.

Y nosotros tenemos que hacer lo mismo. Tenemos que querer tener mejores pensamientos, hábitos más sanos, relaciones más cercanas y una conexión con Dios. No tenemos que tener todas las respuestas, pero nos tiene que importar lo suficiente como para llorar: “¡Aquí estoy! ¡Quiero cosas buenas! ¡Quiero una relación!”. Esa es nuestra parte; entonces pueden ocurrir los milagros.

Ese deseo de no huir de los problemas sino avanzar hacia algo positivo es el mensaje de la cuarta palabra de redención: “Yo los tomaré para Mí”. Los primeros tres pasos en el proceso de redención son para salir de Egipto y dejar atrás todas las cosas negativas que ya no queremos. La cuarta etapa es luchar por una vida más sana y feliz. Para que Dios nos tome, nosotros debemos desear esto. Cuando tenemos eso claro, no hay límites para la libertad y la felicidad que podemos experimentar.

¿Cómo nos ayuda el Séder de Pesaj a lograr esto?

La increíble oportunidad que nos brinda la noche del Séder es que Dios nos está diciendo que tenemos una oportunidad de saltar de una forma antinatural y milagrosa desde el estado de exilio —desde nuestro mundo de limitaciones— hacia la redención total, la libertad. (Ese es uno de los significados de Pesaj: tenemos la oportunidad de hacer un salto en nuestro crecimiento espiritual).

E incluso es más que eso: Dios nos da un “traje para saltar”, una forma de experimentar ese salto. Este “traje” se conoce como las cuatro copas de vino. A medida que tomamos cada copa, avanzamos por los pasos del proceso de redención, perdiendo los niveles de esclavitud y abriéndonos hacia un mundo de verdadera libertad.

Así que para prepararte, lo primero que debes hacer es preguntarte: ¿Qué te está esclavizando? ¿Qué valores o hábitos están evitando que seas quien quieres ser?

Considera cómo eso crea alienación, esclavitud y aflicción en tu vida. Imagina como sería tu vida si esos bloques fueran removidos. Entonces podrás asistir al Séder con muchas expectativas. Antes de cada una de las primeras tres copas de vino, pídele a Dios que se lleve las cosas que te están deteniendo. Y entonces, antes de la cuarta copa de vino, pídele a Dios que te lleve a un lugar de libertad y alegría.