1. Llega Pésaj y, como sucede con el anticipo de cualquier festividad, aparecen los artículos acerca de qué hacer para aprovechar al máximo este jag. Yo no quiero hacer eso con este artículo. Hay distintos estilos, modos y familias, así que veo complicado proponer qué es lo que hay que hacer en el Seder. Lo que sí creo saber es lo que NO hay que hacer este año. Y para esto, no importa en qué lugar del mundo lo pasemos, con quienes (si con alguien), o qué bagaje familiar carguemos. Esta recomendación es "apta para todo público".

2. Primero debemos contextualizar la noche de Pésaj. Según el judaísmo, el paso del tiempo no avanza en línea recta, sino que funciona como una especie de espiral. Las fechas no recuerdan únicamente los acontecimientos pasados. En cambio, cada suceso genera una descarga espiritual en esa fecha, que se repite por toda la eternidad. Por ejemplo, el 15 de nisán, la fecha en la que celebraremos el Séder de Pésaj, no es sólo una conmemoración de la salida de Egipto, sino que ese día viene “cargado” espiritualmente con un componente de lo sucedido en ese entonces. Nisán no es considerado el mes de la redención porque allá lejos y hace tiempo fuimos redimidos. Sino porque la influencia de la redención está conectada intrínsecamente con este mes. El momento para que todo judío transmita el concepto de redención y tenga un “apoyo espiritual” es sólo en nisán, y particularmente la noche del Séder. Siendo un poco extremistas, “es ahora o nunca”.

 

3. Esto nos debería llevar a preguntarnos qué hacemos con las oportunidades. Muchos viven la vida esperando que les llegue “esa” oportunidad. La que vienen esperando, cualquiera sea el motivador que tengan. La llamada del jefe. La invitación a cenar. El partido contra nuestro eterno rival. Esa ansiada entrevista. Nos convencemos de que, si nos dieran esa oportunidad, podríamos demostrar lo que verdaderamente valemos. ¡Si tan sólo pudiéramos hacerlo, el mundo vería lo que podemos dar! Si el contexto y las condiciones están dadas, sólo deberíamos tener una preocupación: no echarlo a perder.

4. ¿Y cómo se echan a perder las oportunidades? Principalmente, no midiendo la importancia de la situación. No evaluando el costo de ciertas actitudes ante el momento que estamos por encarar. No tomando los recaudos necesarios como para minimizar el margen de error. Obviamente, todo depende del Cielo, pero nuestro esfuerzo mínimo es hacer lo que podemos de nuestra parte como para que las cosas funcionen. No existirán reclamos a aquel que llegue tarde a la entrevista laboral que tanto esperaba si tuvo una urgencia y debió ir al hospital. Pero si esta misma persona se atrasó porque se quedó dormido, evidentemente falló en un ámbito que sí estaba bajo su responsabilidad.

5. Lo que nos lleva nuevamente al Séder de Pésaj. Como dijimos, en esta noche está pasando “algo espiritual”. Es una oportunidad única para toda familia judía. Cada uno sabe dónde está parado en cuanto a su relación con Dios, y entonces él o ella sabrán qué es lo mejor como para optimizar el momento. Algunos cantarán más, otros hablarán más. (Algunos comeremos más). Pero una cosa es segura: esta noche, lo importante es el Séder. Y todo lo demás es secundario. Luego del año que hemos tenido, la tentación de ocuparse de cualquier otra cosa es enorme. Gigante. Si tenemos la posibilidad de reunirnos con familiares, la charla obligada y redundante del COVID suena tentadora. ¡No perdamos el foco! Eso sí está bajo nuestro poder, y caería en la órbita de "echar a perder el momento". La oportunidad llega una vez al año. No la dejemos pasar. Quizá no mencionar el COVID sea lo que tenga de diferente esta noche del resto de todas las noches del año.

 

Pesaj Kasher veSaméaj