Esta noche quiero contarles una historia. Es una historia que comenzó en una tierra estrecha y oscura, donde sabíamos nuestros nombres, pero habíamos olvidado quiénes éramos. Es la historia de cómo nos desviamos de nuestro camino hasta sentir que habíamos llegado a un lugar donde ya no podíamos hablar. Un lugar en el que no podíamos permanecer, pero desde donde tampoco sabíamos hacia dónde ir.

Es una historia sobre la última esperanza. Sobre una fe que nos sacó y nos ayudó a dar el primer paso hacia la libertad. Es una historia sobre Dios levantándonos y sacándonos de la desesperación hacia la alegría, de la oscuridad a la luz, del caos a lo trascendental. Es una historia de la travesía de nuestra nación. Es la historia de los abuelos de nuestros abuelos. Es mi historia. Es vuestra historia.

Nuestras historias no terminan; son transmitidas de generación en generación y cada uno de nosotros agrega la suya. Historias de esperanza, de redención, de aprender a crecer para salir de la estrechez que nos aprisionaba en el pasado. Estas son algunas de las enseñanzas de la historia de Pésaj que quiero que sepan:

1. Aprende a preguntar. La mayoría de los grandes logros de la vida comienzan con una pregunta. Sé curioso. Habla. ¡Pregunta! Pregúntame sobre el agua salada y el perejil. Sobre la matzá y las almohadas de las sillas. Pregunta sobre el plato del Séder con las hierbas amargas que hacen caer lágrimas de mis ojos. Todo eso está aquí porque quiero que me preguntes por qué.

2. Responsabilidad de unos por otros. Invitamos a todos los hambrientos a entrar y comer porque somos responsables unos por otros. Algunas personas tienen hambre de comida, otras de sabiduría. Lo que sea que tengamos, debemos compartirlo tanto como podamos.

3. Acepta los desafíos. En nuestra mesa está la sal, que representa nuestras lágrimas. También hay hierbas amargas, que comeremos para recordar el sufrimiento que vivimos. Hablamos sobre nuestros desafíos y recordamos nuestras lágrimas porque ahora podemos ver cómo nos han transformado, cómo nos han conmovido, cómo nos han enseñado a anhelar la libertad. Acepta los desafíos. Aprende de ellos. Recuérdalos. Nos trajeron al lugar donde estamos hoy.

4. Actúa. Pensar y prepararnos para el cambio son pasos importantes, pero lo realmente importante es que llevemos a cabo nuestras acciones. La matzá nos enseña sobre la importancia de hacer con rapidez lo que sabemos que es correcto. No esperamos que el pan leudara, sino que tomamos la matzá y corrimos. La matzá nos enseña a movernos, a hacer, a correr hacia el objetivo.

5. Practica la gratitud judía. Esta noche cantamos Daieinu. Nos hubiese bastado si sólo hubiésemos podido levantarnos esta mañana, pero nos diste agua. Y eso hubiera sido suficiente, pero gracias a Tu gran bondad nos diste comida, visión, audición, piernas y manos. Este es el tipo de gratitud que nos enseña —incluso durante los días más difíciles— que tenemos mucho que agradecer. Que todo en la vida es inmerecido, que es un hermoso regalo.

6. El significado de la libertad. Algunas personas creen que libertad significa hacer lo que queramos cuando queramos. Sin embargo, la definición judía de libertad es la capacidad de crear una vida significativa con valores auténticos y crear una conexión con nuestro Creador. Libertad es vivir una vida de crecimiento constante y de esfuerzo para vivir a la altura de nuestro potencial.

Cuando nos reunimos alrededor de la mesa del Séder, toma esta historia que ha sido pasada de generación en generación y hazla personal. Cada uno de ustedes es un tesoro preciado para el pueblo judío.

Esta noche de Pésaj, quiero contarles una historia que, gracias a ustedes, nuestros hijos, nunca terminará.