La estructura tradicional de 15 pasos del Séder está repleta de un profundo significado. El ritmo y la progresión del Séder son una plantilla eterna para la más profunda transformación del alma judía. En la noche del Séder podemos recibir un influjo espiritual que nos llevará a un nuevo ciclo de crecimiento durante el año siguiente.

Cada proceso de despertar espiritual contiene tres etapas: “hajnaá” (sumisión), “havdalá” (separación) y “hamtaká” (endulzamiento). Estas tres etapas también se presentan aquí y convierten al Séder en un proceso poderoso que brinda profunda curación a nuestra alma.

Primero, sumisión – Esto tiene lugar ANTES de Pésaj

En el judaísmo, el camino es una parte esencial del destino. Este es un cambio de paradigma para nuestras mentes occidentales que se obsesionan con el logro de los objetivos. La forma en que recorremos nuestro camino es lo que permite a Dios entrar a nuestras vidas.

En este sentido, la fuerza transformativa del Séder de hecho comienza antes de que llegue Pésaj. En las semanas de limpieza, compras y cocina, nos preparamos para vivir una vida sin jametz, sin productos leudados. No sólo erradicamos la sustancia misma que representa el ego inflado, sino que el acto de adherirnos a la voluntad de Dios disuelve nuestros egos. Cualquier forma de ser falsa a la que nos hayamos apegado, lentamente comienza a derretirse a medida que refregamos nuestras casas para quitar todo el jametz. La sumisión es el primer paso de la transformación, porque nos elevamos por encima de nuestra identidad limitada y nos encontramos cómodos siendo parte del mundo de Dios y en Su sistema de valores. Esta sumisión nos permite llegar a algo mayor que nosotros mismos. Ahora el escenario está preparado para la redención.

Segundo, havdalá, 'separación' – Comienza el Séder

1. KÁDESH – SANTIFICACIÓN

El primero de los 15 pasos es recitar el Kidush, con el cual santificamos todo lo que sigue a continuación. En la etimología judía, el concepto de santidad implica separarse de todo lo que es profano. Por lo tanto, con el Kidush partimos en un recorrido con la intención de transformarnos.

2. URJATZ – LAVARSE LAS MANOS

Lo primero que necesitamos es alejar las fuerzas ajenas que nos rodean durante el curso regular de la vida y que impiden nuestro crecimiento. Estas fuerzas oscuras representan los aspectos del mal que logramos enmascarar como buenos ante nuestros propios ojos, y de hecho les tomamos cierto afecto. Con el simple acto de lavarnos las manos, podemos ver esas fuerzas negativas como lo que son (ya sea que se trate de pensamientos, emociones, comportamientos o afiliaciones) y separar entre lo que es verdaderamente bueno y lo que no lo es, entre lo que es sagrado y lo impuro.

Es un fuerte movimiento en la escalera de transformación judía, cuando nos preparamos a mirarnos honestamente y permitimos que lo que no es esencial se vaya con el agua.

3. KARPAS – SUMERGIR UN VEGETAL EN AGUA CON SAL

No existe un auténtico camino espiritual sin lágrimas, que se pueden considerar como el sudor del alma. No existe la alegría de la transformación sin cierto grado de dolor. Para vivir una vida auténtica hace falta coraje y fuerza de carácter. Mientras que en el paso previo aislamos nuestra esencia de todas las capas no esenciales de nuestro ser y las lavamos para que se vayan, en Karpas sembramos en la tierra la semilla de esa esencia recién descubierta y la regamos con el agua salada de nuestras lágrimas. Como dijo el salmista: “Quienes siembran con lágrimas cosecharán con alegría” (Salmos 126). Estas son las mejores lágrimas que alguna vez derramaremos al expandir nuestras papilas gustativas/nuestra capacidad para la espiritualidad y nos dirigimos nada menos que a nuestra grandeza.

4. IAJATZ – PARTIR LA MATZÁ

El siguiente paso es disolver esa semilla en la tierra, la parte del proceso que parece ser la más devastadora. Iajatz implica quebradura, en alusión que las cosas parecen ir peor antes de llegar a mejorar. Finalmente nos desprendemos de cualquier vestigio de ego que quedara y confrontamos la vulnerable verdad de lo que significa ser humano. Mirar de frente a nuestra vulnerabilidad expande la pequeña semilla de esencia espiritual perfecta en nuestro interior, y llegamos al campo coherente de la verdad simple de que Dios es Uno y lo único que existe, y que Su amor por nosotros no tiene límites. Por lo tanto, podemos soportar quebrar la matzá, porque sabemos que la porción quebrada se convertirá en la joya de la corona al final del Séder, cuando volverá a aparecer como el ansiado afikomán en la etapa de Tzafún.

Tercero: hamtaká, 'endulzamiento'

5. MAGUID – RELATAR LA HISTORIA

Con Maguid, comienza a tener lugar la verdadera sanación. Aprovechamos la energía característica del mes de Nisán, que de acuerdo con el Séfer Haietzirá tiene la energía del “habla sagrada”.

El regalo del habla es la corona de la humanidad. Con las palabras somos capaces de trascender incluso las circunstancias más difíciles al expresar nuestro deseo de algo diferente. Los primeros movimientos de redención en Egipto tuvieron lugar cuando el pueblo judío perseguido se permitió gemir. Dios escuchó sus gritos primigenios y supo que estaban preparados para el primer brote de su redención.1

Cuando comenzamos a agregar palabras a esa expresión gutural, somos capaces de delinear los detalles de nuestra historia en la secuencia en la cual ocurrieron. Maguid es una forma de terapia narrativa a través d ela cual comenzamos a unir todos los detalles en un continuo dentro de nuestros corazones. Esta es la esencia de la idea kabalística de “endulzar”, porque de repente comprendemos que no hay ninguna porción de la historia que pueda excluirse y que de alguna manera, en medio de los retorcijones de dolor y alegría con sus millones de matices, siempre hay un orden superior, un Ser infinitamente Grandioso y cercano que une todas las partes en una Gestalt.

Al relatar nuestra historia, entrelazamos lo amargo y lo dulce en una historia de tensión y patetismo, de lucha y heroísmo, y sobre todo de amor. Cuando tenemos el coraje de ver nuestras vidas de la forma de una historia, cuando exploramos nuestras historias desde sus comienzos poco gloriosos y todo lo que experimentamos, sin recortes, dejamos expuesta nuestra humanidad más profunda y allí podemos encontrar a Dios. Comprendemos que no hubo nada irrelevante y que, para nuestra sorpresa, Él estuvo todo el tiempo a nuestro lado. Quizás la mejor parte sea comprender la emergencia de nuestros propios recursos, porque sin importar cuánto hayamos logrado admitir nuestra imperfección, ahora seremos capaces de admitir nuestra grandeza. De esta forma, nuestra experiencia se integra a nuestra identidad más profunda y el bien y el mal ya no son vistos como dos entidades separadas. Este es el eje del Séder y cuando comienza a tener lugar la verdadera transformación, aunque eso no hubiera sido posible sin todos los pasos previos.

6. RAJTZÁ – LAVARSE PARA COMER MATZÁ

Ahora estamos listos para lavar cualquier cosa que no haya sido redimible en nuestra historia, así como las capas de estructuras de creencias erróneas que sólo oscurecen nuestra verdad más profunda. Lo que queda es un apego a Dios que se volvió a encender y ahora tenemos claro que nuestra misión es movernos en el mundo como Su pueblo. La fragmentación y la lucha entre el bien y el mal que podemos haber sentido en las etapas previas desaparecieron y son reemplazadas por la galvanización de todos nuestros recursos internos.

7. MOTZÍ

8. MATZÁ – DOS BENDICIONES Y SE COME LA MATZÁ

Con este paso, estamos listos para embeber en nuestro ser el pan de la humildad al comer la matzá, porque ya no queda nada del ego, sino sólo conexión con Dios. El alimento se volvió algo sublime y el acto de comer la matzá es el cumplimiento de un mandamiento positivo. Estamos listos para vivir con nuestro compromiso respecto a nuestra relación con Dios como una parte natural de nuestras vidas y a recibir todo lo que Él desea darnos.

9. MAROR – LAS HIERBAS AMARGAS

El maror es el factor de la “vida real”.

Pregúntate a ti mismo: ¿Qué es más delicioso, el azúcar sacada del paquete o un buen chocolate? ¿Agua con azúcar o limonada? ¿Leche caliente endulzada o un café? En todos estos placeres hay un componente intrínsecamente amargo que se agrega a la dulzura, y el resultado es mucho más placentero que consumir directamente la dulzura.

De forma similar, la luz es más brillante cuando está sobre un fondo de oscuridad, y en este punto del Séder somos capaces de relacionarnos con nuestro sufrimiento desde un lugar diferente y extender nuestra compasión tanto a nosotros mismos como a aquellos que sufren. Por razones que no podemos llegar a entender por completo, Dios en Su amor infinito agrega desafíos dolorosos a la mezcla de la vida, y a través de ellos nos elevamos y nuestras almas se expanden. Un Séder sin maror carece de profundidad y belleza, y un corazón sin un poco de dolor carece de empatía. Este es un paso avanzado y acrecienta la enorme recompensa eterna de aceptar con amor nuestros sufrimientos. En definitiva, nuestro dolor nos lleva a un nivel más refinado de espiritualidad donde eliminamos cualquier vestigio de impureza de nuestro ser y nos presentamos ante Dios completamente limpios.

10. KOREJ – EL SÁNDWICH

Aquí podemos soportar la paradoja y en consecuencia ir más allá de las limitaciones de nuestra mente. Nos recostamos como hombres libres y hacemos sándwiches como hizo Hilel en la época del Templo. El sándwich es la máxima mezcla: el pan de la libertad (matzá) junto con las hierbas amargas (maror) sumergidas en la mezcla dulce del jaroset que simboliza la mezcla con la que los esclavos formaban los ladrillos. Esta es un verdadero brebaje, una especie de final de la consciencia que fuimos cultivando hasta el momento, donde nos relacionamos con nuestras vidas en un nivel mucho más profundo que lo que nos parecía en un comienzo. En definitiva, la verdadera libertad deriva de nuestra relación con Dios y le da a nuestro espíritu dimensiones enormes a través de las cuales podemos soportar la paradoja más intensa.

11. SHULJÁN OREJ – LA COMIDA

En este momento llegamos al nivel de santificación en el cual el acto de comer la comida festiva es el pináculo de nuestro servicio Divino. Para probar que es así, justo antes de comenzar la comida decimos los dos primeros párrafos del Halel, las alabanzas que el Rey David compuso para decir en nuestros momentos más felices y elevados. No podría quedar más claro que el acto de comer no es una interrupción del sagrado Halel, sino una continuación de nuestras alabanzas al participar de una comida deliciosa. Alabamos a Dios y unimos lo físico con lo espiritual.

12. TZAFÚN – REVELAR LO OCULTO

Ahora, con una relación nueva con nuestro sufrimiento, estamos del otro lado de cualquier prueba que hayamos tenido que enfrentar, y mostramos nuestras cicatrices de las batallas con el corazón repleto de alegría y los ojos llenos de lágrimas. En este estadio avanzado, tenemos un entendimiento más profundo y vemos por qué todo tuvo que ser de esa forma. Nuestras almas están completamente abiertas. Lo oculto quedó revelado y nosotros…

13. BAREJ – AGRADECIMIENTO DESPUÉS DE LA COMIDA

…pasamos directamente al agradecimiento después de la comida, materializando nuestra alegría que no tiene límites, porque identificamos a Dios como la fuente de todos los milagros únicos de nuestra travesía. Ahora entendemos claramente que tanto las dificultades como los momentos fáciles se originaron en esa misma fuente.

14. HALEL – SALMOS DE ALABANZA

Ahora utilizamos la fuerza de nuestra palabra, que se desarrolló de un gruñido primitivo de opresión a la brillante articulación de nuestra gratitud, en el reino de los cánticos. Dominamos el arte de convertir nuestras propias vidas en un cántico y abrimos la boca para entonar sin vergüenza esa canción singular que nos pertenece. Porque esa es la razón por la que llegamos al mundo.

15. NIRTZÁ – ANHELO DE REDENCIÓN

Ahora completamos el círculo, y todo lo que queda escuchar es el silencio centellante cuando termina el cántico y sus notas y palabras finales ya no son necesarias. La impresión de nuestras voces perdura en el aire mientras nos concentramos en nuestro anhelo por la redención final. Rezamos para que Dios reciba todas nuestras ofrendas sinceras y nos brinde la capacidad de llevar a la realidad todo lo que fuimos capaces de descubrir sobre nosotros mismos durante el Séder. ¡El próximo año en Jerusalem!


Notas:

1. La palabra Pésaj puede dividirse en dos palabras: “pé” “saj”, la 'boca que habla'. Esto en contraste directo con el nombre de la realeza egipcia, Paró (faraón), que está compuesta de las palabras “pé” “rá”, una 'boca malvada'.