¿Dios hace milagros?

Me encantaría ver algo que esté a la altura de la partición del Mar de los Juncos, de las 10 plagas o del sol quedándose quieto a la orden de alguien como Hoshea.

¿En dónde están todos los milagros de Dios hoy en día? Dios no se ha ido de vacaciones ¿verdad? Entonces, ¿qué ocurre realmente?

Hay una festividad en el calendario judío cuyo punto principal es resolver este mismísimo problema. Y es por eso que los rabinos del Talmud sostenían que aunque todas las otras festividades eventualmente quedarán en el camino en la era mesiánica, una festividad será observada por siempre. El mensaje es tan poderoso que nunca podremos atrevernos a olvidarlo.

No es ni Pesaj ni Iom Kipur. Sorprendentemente, la única festividad que tiene garantizada la inmortalidad en la tradición judía es la aparentemente pequeña festividad de Purim. Y eso requiere una explicación.

“No Puedo Seguir Viviendo”

Una historia personal arrojará un poco de luz sobre el asunto. Hace treinta años, en la mitad de una clase que estaba dando en Yeshiva University fui interrumpido repentinamente debido a “una emergencia de vida o muerte”. Uno de mis estudiantes estaba amenazando con cometer suicidio en su habitación y necesitaba desesperadamente unos consejos.

Me apresuré en llegar y encontré al joven sollozando y gimiendo. “¡Este es el peor día de mi vida!” gritó, “Ya no quiero seguir viviendo”. Lentamente, la historia salió de él. Su novia acababa de romper con él y estaba desconsolado. “Usted no entiende, rabino. Nunca encontraré a nadie como ella. Nunca encontraré a nadie tan perfecta como ella. No puedo seguir viviendo, sólo quiero morir”.

Me quedé con mi estudiante todo el día, y también la noche siguiente. Traté de asegurarle que su vida no había terminado. Para la mañana finalmente ya había conseguido que él me prometiera no renunciar a su futuro. Aceptó que el suicidio es un pecado y que lucharía para continuar, aunque le doliera haber perdido lo que estaba seguro que era su única posibilidad de ser feliz.

Hay veces en la vida en la que confundimos bendiciones con tragedias.

Poco más de 20 años después estaba enseñando en la misma aula cuando alguien golpeó la puerta. Un joven pidió permiso para entrar y luego, con una sonrisa, preguntó: “¿Rabino, se acuerda de mí?”.

Me llevó un momento darme cuenta quién era. “Por supuesto que te reconozco”, le dije, “y todavía me debes una noche de sueño”.

El joven volvió para contarme el final de la historia. “¿Recuerda ese día en el que quería suicidarme y le dije que era el peor día de mi vida? En retrospectiva, ahora me doy cuenta de que ese día fue en realidad el día más afortunado de mi vida. La chica con la que rompí aquel día ha estado envuelta en drogas y en una serie de escándalos que llegaron hasta los periódicos. Mi vida hubiese sido un horror si hubiésemos seguido juntos. Volví para agradecerle, rabino, porque hoy estoy casado con una mujer que es realmente lo mejor del mundo y tenemos cuatro hijos maravillosos que me dan alegría todos los días. Supongo que lo que nos enseñó es verdad. Hay veces en la vida en las que confundimos bendiciones con tragedias”.

Pero ese no es el final de la historia.

Justo un año después de esta conmovedora experiencia fui invitado para servir como erudito residente en una sinagoga en Los Ángeles. Para mi sermón de Shabat elegí un tema basado en un versículo en Éxodo en respuesta al pedido de Moisés de ver a Dios. Dios le dijo a Moisés “No puedes ver Mi rostro, porque el hombre no puede ver Mi rostro y vivir… verás Mi espalda, pero Mi rostro no será visto” (Éxodo 33:20). Por supuesto, Dios no tiene cuerpo. No era Su apariencia física lo que estaba siendo discutido. Moisés quería “ver” –comprender– los caminos de Dios y Su interacción con Sus creaciones. Lo que se le dijo es que con nuestra inteligencia finita no podemos entender los eventos a medida que se revelan, es sólo retroactivamente que “Verás Mi espalda” y entenderás la sabiduría infinita de Dios. Cité a Kierkegaard, quien expresó la misma idea cuando dijo: “La tragedia más grande de la vida es que debe ser vivida hacia adelante y sólo puede ser entendida hacia atrás”. Y luego, mientras hablaba, de repente me vino a la mente la historia del estudiante suicida y la conté como ilustración.

La noche del domingo siguiente, uno de los congregantes me dijo que mi discurso había inconscientemente salvado una vida. Parece que en la audiencia en el servicio de Shabat del día anterior había un joven que estaba a 24 horas de su boda. Tenía planeado viajar a Nueva York en la noche del sábado para unirse a su prometida para la ceremonia que había estado esperando ansiosamente durante los últimos seis meses. Apenas terminó Shabat recibió la llamada que destruyó sus sueños. Su prometida decidió a último momento que no podría hacerlo. Llamó para informarle con pesar que todo había terminado.

El joven les describió más tarde a sus amigos lo que pasó a continuación. Por un momento se sintió suicida. Quería hacer estragos, liberar su ira, gritar. Pero un pensamiento se mantuvo repitiéndose en su mente. ¿Por qué era que esa misma mañana había escuchado un sermón describiendo un evento casi igual? No tenía planeado ir a esa sinagoga en particular. Fue una decisión de último minuto que lo llevó al lugar en el que, casi como un mensaje Divino, pudo escuchar las palabras que en el corolario de su propia tragedia le ofrecerían algo de consuelo.

Además, él no sabía que la inserción de esa historia en particular también fue totalmente imprevista. Una fuente superior la puso en mi mente y en mi boca – un regalo de Dios para permitir que alguien sobreviva un dolor increíble sólo unas pocas horas después.

Y esta historia también tiene un final feliz. Este último julio mi esposa y yo estábamos poniéndonos el cinturón de seguridad en nuestros asientos de El-Al camino a Israel. Los pasajeros todavía estaban en fila en los pasillos cuando uno de ellos comenzó a mirarme fijamente y finalmente gritó: “¿No es usted el rabino Blech?”. Cuando respondí que sí, se identificó a sí mismo. Cinco años antes, me dijo, estaba sentado en una sinagoga en Los Ángeles en el día anterior al día en el que se suponía que iba a casarse. Procedió a compartir la parte de la historia que yo ya conocía.

Con lágrimas en sus ojos, me pidió que vaya con él para poder presentarme a su esposa y a sus tres hijos. “Soy igual al estudiante de la historia que nos contó en ese inolvidable Shabat. Hoy soy el hombre más feliz del mundo. Puedo decir honestamente que la maldición de ese sábado en la noche resultó ser mi bendición más grande”.

Cambio Radical

Hay una palabra hebrea en el libro de Ester que es central en la historia de Purim, y que captura esta idea magníficamente: Venaafoj – hubo un vuelco radical. Todo lo que al principio parecía ser una desagracia en retrospectiva fue reconocido como un milagro Divino. Porque hay milagros que, a diferencia de aquellos de la Biblia, vienen camuflados como aparentes coincidencias, como eventos naturales, como incidentes que “simplemente ocurrieron”, pero que en realidad son los productos de intervención celestial en los asuntos de la humanidad.

Todo lo que parecía ser una desgracia fue reconocido retrospectivamente como un milagro Divino.

El mismo nombre de Purim viene de la palabra que significa “lotería”. Algunos le llaman a ese un juego de pura suerte, el ganador es determinado por fuerzas azarosas, inexplicables, que no tienen una base racional. Sin embargo, la fe nos permite entender que en un mundo gobernado por un Dios Omnisciente no puede haber lugar para una casualidad absoluta. Una lotería es mucho más que suerte, es permitirle al Director del universo que decida el resultado mientras Él se está ocultando en el fondo.

Purim es la festividad que habla sobre lo que la gente llama coincidencia. Nos recuerda, como lo dice el proverbio, que “la coincidencia es la manera de Dios de elegir permanecer anónimo”.

Purim tiene muchos milagros en su historia. No el tipo de milagros que pasan por encima de las reglas de la naturaleza. En cambio, los milagros que pasan mucho más frecuentemente en nuestras vidas. Los milagros que tan a menudo descartamos porque Dios elige no gritar, sino murmurar. Debemos adaptarnos a su voz baja para escuchar mientras transforma las tragedias en bendiciones. Y es por eso que la festividad de Purim, con su mensaje de milagros camuflados como coincidencia, sobrevivirá a todas las otras festividades en el calendario judío.