Hace diecinueve años, durante mi primer mes viviendo en Israel, yo estaba en un bus pasando por la principal vía de transito de Jerusalem, la calle Yaffo. El bus paró en una luz roja, y me asomé por la ventana. Vi a una anciana con sobrepeso caminando con dificultad, subiendo la colina mientras arrastraba varias bolsas. Un limosnero estaba sentado en el pavimento, con su mano estirada. La anciana se detuvo, bajo sus bolsas, una a una en la vereda, hurgó en su cartera, sacó su billetera, y le dio una moneda al hombre. En ese minuto, la luz cambió y mi bus se alejó.

La semana pasada, salí de mi casa tarde para una reunión. Cargada de bolsas de botellas vacías para reciclar en el supermercado después de mi cita, caminé tan rápido como pude hacia mi auto, en el estacionamiento del Cuarto Judío en la Ciudad Vieja de Jerusalem, a cinco minutos caminando de mi casa. Cuando iba llegando al estacionamiento, pasé cerca de una mujer pidiendo limosna con la mano estirada. Yo le había dado a esta mujer en particular hace una semana, pero ahora estaba apurada y mis brazos me dolían por el peso de las botellas. Mientras pasaba corriendo a su lado, le dije, "Esta vez no puedo. Lo siento".

Estaba a cinco o seis metros cuando recordé a aquella anciana en la calle Yaffo hace 19 años. Ella era más vieja, y estaba más sobrecargada que yo, y así y todo había parado para darle al limosnero una moneda. Si ella lo hizo, yo también podía. Me di vuelta, caminé varios metros hacia la mujer, bajé todas mis bolsas con un sonido estridente, hurgué en mi cartera buscando mi billetera y le di a la mujer una moneda de un shekel. Ella sonrió y me dio varias bendiciones.

Acciones en 3 Dimensiones

Cada acción que realiza el ser humano afecta en tres dimensiones. Afecta a quien ejecuta la acción, como un punto en una página. Afecta a la otra persona o a las personas involucradas, como cuando un punto se extiende en líneas y forma un cuadrado. Y afecta a quienes atestiguan la acción (de hecho a toda la sociedad), como cuando un cuadrado se expande y se transforma en un cubo.

Por ejemplo, si A le roba dinero a B, A se afecta a si mismo; su propio nivel de honestidad e integridad disminuye. También afecta a B, no sólo porque ahora B tiene menos dinero, sino que también su nivel de confianza disminuye. Además, afecta a quien es testigo o escucha acerca del robo, ya que robar es añadido a su lista de "comportamiento humano posible". Mientras más robos vea o escuche, lo "posible" se hace cada vez más "normal".

Este tercer efecto en realidad abarca no sólo a aquellos individuos que son testigos o escuchan acerca de un robo, sino que a la sociedad como un todo. Yo crecí en América en las décadas de 1950 y 1960, nunca vi una tienda con detectores antirrobo en la salida. Las etiquetas plásticas adheridas a cada prenda en cada tienda de ropa no existían en ese entonces. La gente podía pagar sus compras con un cheque sin tener que entregar tres diferentes pruebas de identidad. ¿Qué pasó?

Los individuos comenzaron a robar. Cada uno de los ladrones fue bajando los estándares de honestidad de la sociedad americana. Lo que alguna vez fue idiosincrásico, se transformó en la norma. De esta misma manera, cada acción que realiza individuo, sutil pero tangiblemente, afecta el todo.

El judaísmo tiene dos palabras para describir este concepto. "Kidush Hashem". Aquellas acciones que revelan la presencia de Dios en el mundo. Por el contrario, "Jilul Hashem", son aquellas acciones que esconden la presencia de Dios.

Aunque el Kidush Hashem es generalmente utilizado para describir grandezas, acciones heroicas, se aplica igualmente a toda acción que revela a Dios en este mundo.

Cuando un ser humano realiza un acto de integridad, honestidad, generosidad, compasión, o auto sacrificio, está revelando divinidad en el mundo. "Kidush Hashem", literalmente significa "santificación del Nombre Divino". Aunque el término es generalmente utilizado para describir acciones heroicas, como cuando los judíos han tenido que escoger la muerte antes que abandonar su religión, se aplica también a cualquier acción que revele la presencia de Dios en el mundo.

La anciana de la calle Yaffo que se detuvo para darle una moneda al limosnero hizo un Kidush Hashem. Al revelar su capacidad de ser bondadosa a pesar de la situación complicada que enfrentaba, ella me hizo entender acerca de mi propia capacidad para escoger la bondad ante la conveniencia. Ella subió mi estándar de "¿Qué tanto estoy dispuesta a complicarme yo misma para ayudar a otro?". Ya que la bondad es un atributo de Dios, mientras más gentileza haya en la sociedad, eso significa que más revelación de Dios va a haber en el mundo.

Por el contrario, cuando un ser humano realiza un acto de maldad, crueldad, avaricia, deshonestidad o egoísmo, está escondiendo la presencia de Dios en este mundo. "Jilul" proviene de "Jalal" que significa en hebreo "espacio vacío"; un Jilul Hashem genera que este mundo parezca vacío de Dios.

Cada acción es como una piedra tirada a hacia un charco de agua infinito; las ondas que causa van aumentando en círculos más grandes, infinitamente. Diecinueve años atrás, una anciana en la calle Yaffo bajó sus bolsas para darle una moneda a un limosnero. Ella no sabía que estaba siendo observada. Diecinueve años más tarde, inspirada por aquella mujer, yo caminé cinco metros y bajé mis bolsas para darle una moneda a una limosnera. No tengo idea si alguien me estaba observando a mí...

El Banquete del Rey

Revelar y esconder lo Divino es la esencia de la historia de Purim.

No solamente los mega-héroes juegan un papel crucial; los judíos comunes fueron los catalizadores de la historia de Purim.

Generalmente vemos la historia de Purim en términos de sus mega-héroes: Ester, Mordejai, Ajashverosh y Hamán. Sin embargo los sabios atribuyen el decreto de exterminio a los judíos comunes, quienes fueron culpables de Jilul Hashem.

El libro de Ester comienza describiendo un abundante banquete ofrecido por el Rey Ajashverosh para todos sus subordinados. De esta manera, así como cualquier subordinado, los ciudadanos judíos del reino también asistieron. Los sabios afirman que el decreto de genocidio en contra de los judíos que Hamán promulgó a continuación (con la aprobación del rey) fue resultado de la asistencia de los judíos al banquete.

Según el Talmud, el Rey Ajashverosh estaba celebrando la conclusión de 70 años desde el comienzo del exilio desde Judea. Ya que el profeta Jeremías había anunciado que el exilio babilónico duraría 70 años (contando desde la destrucción del Primer Templo, no desde la etapa inicial del exilio), Ajashverosh concluyó (erróneamente) que la victoria sobre los judíos podía ahora ser estimada como completa y final. Para su banquete de celebración, él usó vasijas sagradas del Templo y se vistió con las prendas del Sumo Sacerdote.

Los sabios son rápidos en apuntar que fue servida comida Casher para los ciudadanos judíos. Ninguna ley de la Torá fue transgredida en el banquete. Sin embargo, los sabios mantienen que el castigo por atender al festín fue un decreto de exterminio muy fuerte, del cual difícilmente podrían escapar. ¿Por qué?

Haber atendido al festín del Rey Ajashverosh fue un Jilul Hashem. Mientras que el Templo y sus vasijas cumplían la función de santificar los componentes mundanos del mundo físico, el banquete de Ajashverosh hizo precisamente lo contrario: Al utilizar las vasijas sagradas para propósitos mundanos, la fiesta degradó lo que era santo. Los judíos deberían haber respondido a este sacrilegio lamentándose y alejándose. En cambio, la tentación de ir al banquete en el palacio se sobrepuso. Su asistencia fue una aprobación a la forma de ver el mundo según Ajashverosh, un mundo en el cual Dios estaba notoriamente ausente.

Según el Talmud Jilul Hashem es el pecado más difícil de enmendar, ya que debido a su naturaleza, su efecto se extiende de tal manera que es virtualmente imposible deshacer el daño. Una vez que la piedra ha sido arrojada al charco, ¿cómo podríamos detener las olas?

Desenmascarando lo Divino

El libro de Ester es el único libro del Tanaj donde Dios no es mencionado. Los sabios explican que la época inmediatamente después de la destrucción del Primer Templo, marcó un cambio monumental en la forma en que Dios se relacionaba con Su mundo. El Templo en si mismo (y antes de eso el Tabernáculo) era un medio de revelación Divina. Cuando el Templo fue destruido (debido al pecado incontrolado), Hashem entró en una modalidad de ocultamiento. De hecho, la mano Divina va guiando toda la historia de Purim, pero se esconde en "coincidencias", "suerte" y el aparente desarrollo natural de los eventos.

El "ocultamiento" es una característica esencial de Dios en este mundo. Incluso la palabra en hebreo para "mundo" – Olam – proviene de la raíz "oculto". Desde el tiempo de la historia de Purim hasta el día de hoy, nuestro desafío es descubrir el ocultamiento Divino detrás de las apariencias de nuestro mundo.

El término para esto es Kidush Hashem. Cada vez que elegimos la generosidad, la verdad o la integridad, estamos revelando a Dios en este mundo. Estamos desenmascarando lo Divino.

En cada momento podemos revelar a Dios ya sea identificándolo o emulándolo.

Cada vez que elegimos la maldad, la avaricia o la deshonestidad, camuflamos a Dios y agregamos otra capa al disfraz Divino. Esto genera Jilul Hashem. Nosotros creamos un mundo en el cual Dios está ausente, para nosotros mismos y para todos los que nos rodean.

El clímax de la historia de Purim ocurre cuando la Reina Ester, arriesgando su vida, invita al Rey Ajashverosh y a su Virrey, el cortés y noble Hamán, a una cena privada en su morada. Ahí, la Reina Ester revela el complot de genocidio contra ella y su pueblo. El Rey indignado, demanda saber quien es el culpable detrás de tal conspiración. En uno de los sucesos más dramáticos de la historia, la Reina Ester apunta a Hamán y da a conocer su verdadera identidad: "¡Un vil hombre! ¡Un enemigo! ¡Este malvado Hamán!".

Purim se trata de ocultamientos, identidades encubiertas y apariencias engañosas. Nos desafía a revelar la verdad, como lo hizo la Reina Ester, sin embargo, nosotros no nos enfocamos en el villano, sino que en lo Divino. "Aquí está Dios... detrás de lo que me pasó hoy". "Aquí está Él nuevamente... detrás de la belleza de la naturaleza". "Aquí está Él... detrás de los titulares de los periódicos".

En cada momento, podemos revelar a Dios ya sea identificándolo o emulándolo. Nuestros modelos son la Reina Ester apuntando con su dedo, y la anciana bajando sus bolsas. No tenemos que ser un personaje ilustre para revelar a Dios en este mundo.

En memoria de Iosef Dov Ben Yejiel Mijal Aaron.