El Libro de Ester es el único libro de la Biblia que no menciona el nombre de Dios. Después de 3000 años de historia bíblica, en donde Dios le habla a un elenco de personajes desde Abraham hasta Job, aparece en sueños, realiza milagros maravillosos, se revela en el Monte Sinai y manda a sus profetas con mensajes específicos para el pueblo y para los reyes de Israel, repentinamente... una historia sin Dios.

¿O no?

El relato de Ester sucede seis décadas después de la destrucción del Primer Templo. Este evento catastrófico cambió la forma en que Dios se relacionaba con los seres humanos: mientras el Templo conllevaba una manifestación explícita de la Presencia Divina (se veían abiertamente 10 milagros que todos podían observar), con su destrucción, la Presencia Divina se replegó a un estado de ocultamiento.

Los sabios llamaron a este modo de funcionamiento operante "hester panim", lo que significa "rostro oculto". La raíz de la palabra es la misma que la de la palabra Ester. La Meguilat Ester, el Rollo de Ester puede también ser traducido como el "Rollo del Ocultamiento".

Si alguien se está ocultando, eso quiere decir que está allí, pero no se puede ver. En todo caso, ciertos signos, como un bulto detrás de la cortina, pueden dar pistas de su paradero. El Libro de Ester está lleno de coincidencias, la persona correcta está "justo" en el lugar correcto "justo" en el momento indicado, y se produce un dramático cambio en el destino. Estos son los bultos detrás de la cortina que apuntan a la orquestación divina de los eventos. Un espectador puede escoger atribuir tales sucesos al azar, o a Dios.

Desde la destrucción del Primer Templo, nuestro desafío es encontrar a Dios detrás de la cortina de la historia, identificar la Mano Divina detrás de los eventos y reconocer la intención de Dios en las ocurrencias aparentemente fortuitas de nuestras vidas.

¿Coincidencias?

Para dar un ejemplo de un milagro oculto en mi propia familia: Mi primo Larry y su esposa Ruth estuvieron casados por varios años cuando se dieron cuenta que no podrían tener hijos. Anhelando una familia, adoptaron un bebé. Randi, una niña hermosa de pelo rubio y grandes ojos azules. Pronto se volvió evidente que sufría de un problema respiratorio crónico que requería un cuidado médico permanente, exámenes y rayos X periódicos. Los años pasaron. Mientras tanto, Larry y Ruth adoptaron un segundo niño. Entonces, para su gran sorpresa y deleite, Ruth descubrió que estaba embarazada. Este hermoso embarazo terminó con el nacimiento de Amy, una niña sana y robusta.

Ruth naturalmente llevaba consigo a Amy a todas partes. Cuando la niña tenía alrededor de un año, Ruth llevó a Randi a uno de sus exámenes regulares de rayos X. Cuando estaban esperando el turno de Randi, Ruth decidió que mientras estuvieran pasando todo este lío, también podía hacerle un estudio de rayos X a su bebé.

Los rayos X de Amy revelaron que tenía un cáncer raro y fatal.

Como lo detectaron tan temprano, incluso antes de que la bebé presentara síntomas, fueron capaces curarla totalmente. Casi tres décadas más tarde, Amy está casada y tiene su propio bebé.

O tomen el caso de un hombre que una noche repentinamente decidió una nueva ruta a casa. Mientras pasaba por un montón de zarzas, escuchó el sonido inconfundible de una lucha. Una mujer estaba siendo atacada.

El hombre, que no era valiente ni atlético, temió por su propia seguridad si se veía envuelto. Pero el escuchar que los gritos de la chica estaban debilitándose, resolvió tratar de ayudarla. Corrió detrás de las zarzas y tiró al asaltante lejos de la mujer y forcejeó con él hasta que el atacante saltó y se escapó.

Sólo entonces se dio cuenta que la niña era su propia hija.

El libro "Pequeños Milagros", de Yitta Halberstam y Judith Leventhal, relata docenas de estos sucesos. A pesar de que el libro se subtitula "Extraordinarias Coincidencias de la Vida Cotidiana", las autoras claramente creen que las coincidencias son mucho más que sólo casualidades o suerte. Como lo asegura Yitta Halberstam en su introducción: "Para nosotras, las coincidencias son... impactantes y sobrecogedores ejemplos de la Providencia Divina. Son actos de Dios".

Estos actos de Dios camuflados también ocurren a nivel nacional.

La Guerra de los seis días

En Mayo de 1967, las tropas egipcias y sirias se amontonaron en las fronteras de Israel, Egipto cerró el Estrecho de Tirán a los barcos israelíes, y el presidente Gamel Abdal Nasser hizo llamados para lanzar a los judíos al mar. El estado de ánimo de Israel de 19 años de edad era deprimente. Enfrentando a 5 ejércitos árabes bien equipados y entrenados por los soviéticos, la derrota de Israel era inminente. La frase de humor negro que todos comentaban en ese momento era: "Que el último en salir no se olvide de apagar la luz".

Todos saben que, en vez de una derrota, Israel alcanzó una victoria rotunda. El 5 de Junio a las 7:46 AM, los aviones israelíes destruyeron completamente la fuerza aérea egipcia en tierra. En seis días, Israel triplicó su territorio, ganando la Península de Sinai, las Alturas del Golán, la Ribera Occidental y – más precioso que todo el resto – la Ciudad Vieja de Jerusalem y el Monte del Templo.

La estrategia crucial de destruir la fuerza aérea egipcia cuando sus aviones estaban aún en tierra abrió el camino para la victoria israelí. El éxito de la maniobra se atribuye a que los aviones israelíes volaron bajo la altura de detección de los radares egipcios. Sin embargo, muchos otros factores contribuyeron al éxito del ataque aéreo y de las batallas subsiguientes. De hecho, las coincidencias y los sucesos improbables precisamente en el momento adecuado eran tan abundantes que, a medida que conocemos los detalles de la victoria, el bulto tras la cortina se nota claramente.

Por ejemplo, algunos días antes de la guerra, el Comandante en Jefe del ejército egipcio recibió órdenes de cambiar a los comandantes de la mayor parte de sus brigadas por otros oficiales que no conocían ni el terreno ni a sus fuerzas.

En la misma mañana del 5 de junio, tres horas antes del ataque aéreo israelí, la inteligencia egipcia efectivamente envió una alerta diciendo que "un ataque aéreo israelí comenzaría en minutos". En ese momento, Egipto aún tenía tiempo para hacer despegar sus aviones y salvarlos. El mensaje llegó al búnker del Comandante en Jefe en El Cairo. Un ayudante recibió y firmó una copia, pero nadie se preocupó de buscar al Comandante en Jefe.

En la misma mañana del ataque, oficiales egipcios estacionados en la estación de monitoreo en el norte de Jordania captaron al avión bloqueador de señales israelí, y enviaron un mensaje de alerta roja al Cairo. El sargento en la sala de decodificación del comando supremo trató de descifrar el mensaje utilizando el código del día anterior y falló.

¿Y dónde estaba el Comandante en Jefe egipcio? La noche anterior, él y la mayor parte de sus oficiales de más alto rango asistieron a una fiesta en una base aérea en el norte de la zona del delta, en la que se presentaba una renombrada bailarina de vientre. Temprano a la mañana siguiente, partió al Sinai, donde había ordenado que todos se reunieran para encontrarse con una delegación iraquí de alto rango. Cuando sucedió el ataque israelí, no había un sólo oficial de alto rango en su puesto.

Milagros de hoy

Las noticias diarias en Israel están repletas de milagros. Por ejemplo, el 8 de Febrero de 2001, un auto bomba cargado con 15 escalofriantes kilos de explosivos, estalló en una calle angosta en el barrio religioso densamente poblado de Mea-Shearim. De acuerdo con los testigos, esquirlas de la explosión volaron por los aires unos 150 metros. Aún así, no hubo ningún muerto, y sólo una persona resultó herida levemente.

Tres minutos antes que se activara el auto bomba, un camión lleno con gas propano pasó junto al auto estacionado. Diez minutos antes de la explosión, una verdulería directamente adyacente al auto bomba cerró sus puertas brevemente, para que su dueño pudiese asistir al rezo de la tarde. Normalmente, la mujer del dueño de la verdulería lo reemplaza en ese lapso, pero cuando telefoneó a su mujer para que viniera, ella estaba en un momento crítico de sus preparativos para Shabat. Cuando apagó la cocina y corrió para abrir la tienda, lo que encontró fue un hoyo en el piso.

Además, sólo 20 minutos después de que la bomba explotara, docenas de indigentes tenían que alinearse en una vereda adyacente para recibir su porción semanal de comida de beneficencia.

La magnitud de este milagro fue tan obvia para los residentes locales, que rompieron espontáneamente en cantos, bailes y alabanzas a Dios durante dos horas.

Al día siguiente, salieron a la calle y pusieron panfletos en los árboles y en los postes telefónicos llamando a la gente a recitar el Salmo 21 en agradecimiento por el milagro. Se celebró una cena de agradecimiento, como lo requiere la ley judía cuando se nos ha salvado la vida, en el mismo lugar de la calle en el que la bomba, que había sido instalada para matar y mutilar, estalló sin lograr su objetivo.

Respondiendo a un milagro

Hace algunos años, leí un artículo de la Revista Gente sobre una mujer paracaidista. En uno de sus saltos, su paracaídas falló, ella tiró el cordón de su paracaídas de emergencia, pero éste también estaba defectuoso. Mientras caía libremente hacia el piso, estaba segura que moriría. Entonces cayó en un gran charco de agua, y salió ilesa.

El reportero le preguntó a qué atribuía su improbable supervivencia. Ella contestó convencida "¡Tuve suerte!".

Los milagros ocultos operan con la misma mecánica que la lactancia. Mientras más se nutre el bebé de su madre, más leche produce la madre. Similarmente, mientras más respondemos apropiadamente a los milagros divinos ocultos, más milagros ocurren.

Lo contrario también es cierto.

La respuesta correcta ante un milagro no es decir: "¡Huau! ¡Que increíble!", sino: "¡Huau! ¡Dios es increíble!"

La victoria de la Guerra De Los Seis Días fue tan dramática e inesperada – especialmente al recuperar el Monte del Templo después de 2000 años ¬– que prácticamente todos en Israel lo consideraron un Milagro Divino.

Incluso el Jefe de Estado Moshe Dayán, secular comprometido, reconoció la Mano de Dios en el triunfo. Al llegar al Muro Occidental, al día siguiente de su liberación, Dayán, siguiendo la costumbre común, escribió un mensaje y lo insertó en un hueco entre las antiguas piedras del Muro. Tan pronto salió, naturalmente, los reporteros sacaron la nota y la leyeron. Contenía una línea de un Salmo:

De Dios fue esto. Fue maravilloso a nuestros ojos. (Salmos 118:23)

Pero encontrar a Dios en esta larga y obscura era de ocultamiento, requiere tanto que se reconozca su Mano, como que se recuerden los milagros históricos. Sólo seis meses después de la Guerra de los Seis Días, la gente le estaba dando crédito a la destreza militar del ejército israelí por la sorprendente victoria. Ésta actitud – que el brillante y poderoso ejército de Israel nos salvó – se mantuvo hasta que el ejército casi fue derrotado en la Guerra de Iom Kipur, con 2000 bajas y los tanques sirios rodando por la Galilea camino a Haifa.

Los milagros no sólo deben ser reconocidos, sino que también hay que responder a ellos de manera que cambien al beneficiario del milagro.

Gratitud pública

El judaísmo, una religión que detesta la falta de claridad, nos instruye cómo responder a los milagros de forma concreta. Estas formas consisten tanto en alabar a Dios públicamente, como agradecerle con bondad: Así como Él ha sido magnánimo con nosotros, así nosotros debiésemos ser también magnánimos con sus hijos.

Así, una persona cuya vida ha sido salvada debiera recitar una bendición de agradecimiento conocida como Birkat Ha-Gomel en presencia de un minián. Cuando un auto bomba explotó en el centro de Netanya en el clímax de la hora de compras, y nadie murió, el alcalde secular de Netanya declaró: "Todos deberíamos recitar la bendición de agradecimiento Birkat Ha-Gomel".

Se debe notar que Birkat Ha-Gomel debe ser recitada en público. El punto es publicitar lo que has experimentado. El velo del ocultamiento se disminuye cada vez que uno descubre una revelación de Dios.

Por eso la Menorá de Januca debe ser encendida donde otros puedan verla, ya sea afuera (como lo hacemos en Jerusalem), o en una ventana, o en una habitación frente a otros. Todo el punto de la mitzvá es "publicitar el milagro".

Una persona que ha experimentado una salvación milagrosa, como la recuperación de una enfermedad que amenazaba su vida, también es instada a hacer una "comida de agradecimiento". Esto provee una ocasión tanto para publicitar el milagro, como para expresar nuestra gratitud a Dios, y también una oportunidad para alimentar a otras personas, de la misma forma en que uno se ha visto alimentado por la inmensidad de la Bondad Divina. Otra respuesta apropiada a un milagro es dar beneficencia o mejorar nuestro servicio a Dios.

Ahora podemos entender las cuatro mitzvot de Purim. Reconocemos públicamente cómo Dios orquestó los eventos en esta era Post-Templo leyendo el Libro de Ester. También hacemos una cena, damos caridad al pobre y enviamos dos paquetes de comida a amigos. Dado que el reino del Rey Ajashverosh abarcaba casi la totalidad de los judíos de esa era, todo judío vivo hoy (exceptuando a los conversos) es descendiente de alguien que fue salvado por los milagros ocultos de Purim. La respuesta apropiada son estas cuatro mitzvot.

La Divinidad se esconde para que nosotros la busquemos... y la encontremos.

Una vez, cuando era pequeña, estaba jugando a la escondida y se me ocurrió un escondite excelente. Esperé y esperé a que mis amigos me encontraran; mi ansiedad se convirtió en impaciencia y finalmente en desesperación. Cuando, después de lo que me pareció una eternidad, salí de mi escondite, me di cuenta que mis amigos se habían dado por vencidos y habían cambiado el juego.

Dios no se desespera por los seres humanos. Él está detrás de la cortina esperando... y espera... y espera...