Para todos aquellos que están profundamente preocupados acerca de las alarmantes tasas de asimilación y de matrimonios mixtos hoy en día, mi única pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué tanta preocupación? ¿Por qué nos molestaría si dejásemos de existir como una nación judía diferenciada? ¿Por qué no dejar que el judaísmo muera? ¿Acaso es este una especie de juego llamado “la ultima religión del planeta gana”?

Estas son exactamente el tipo de preguntas que el Profesor de Leyes de la Universidad de Harvard Alan Dershowitz intentó responder en su libro de 1997, “The Vanishing American Jew”. Así como Elliot Abrams escribió en su critica sobre el libro de Dershowitz: “Fue su esfuerzo definir el como la comunidad judía estadounidense debiera confrontar este terrible problema demográfico; su constante disminución de tamaño, debido a las bajas tasas de natalidad, alta tasa de asimilación y secularización. Curiosamente, el libro es también una enérgica defensa del judaísmo secular, ya que Dershowitz reconoce que él es un judío por emoción, origen étnico, enseñaza, educación – pero no por creencia. Él ama ser judío – desde los rezos y prácticas ortodoxas con las que fue criado y educado, hasta la cocina étnica, las historias y los chistes. Él no es, sin embargo, un hombre religioso, y no ve a Dios como un eje central del judaísmo.

¿Pero por qué deberían las personas que no fueron criadas y educadas similarmente, seguir siendo judías, a menos que sean judíos en el sentido religioso? Dershowitz tiene una mentalidad afiladísima y es un espectacular profesor; es un misterio que él haya escrito un libro que no pueda responder a esta pregunta.

El problema básico con el libro – y un problema que muchos judíos quienes están intentando resolver el problema de los matrimonios mixtos comparten – se hace evidente a partir de una historia que Dershowitz cuenta sobre si mismo. Él observa que a él mismo no le gustaría casarse con una mujer no judía, sin embargo no puede explicarles por completo a sus hijos porque ellos no deberían hacerlo. (De hecho, Dershowitz cuenta, que uno de sus hijos se casó con una no judía). Sus problemas en relación a este tema surgieron durante un debate con el fallecido Rab Meir Kahane, que Dershowitz – un brillante participante de debate – admite haber perdido:”

El me preguntó si yo quería que mis hijos se casaran con judíos. Sin vacilación, yo dije sí. Luego me preguntó si mi deseo estaba basado en Halajá (ley judía). Yo dije no. “Entonces”, él insistió, apuntándome con un dedo, “no eres nada más que un racista”. Me sorprendió esa estridente acusación, pero Kahane explicó: “Hay bastantes personas no judías maravillosas que serían excelentes parejas para tus hijos. ¿Por qué los estás excluyendo a todos, a menos que estés obligado a excluirlos por una ley religiosa? Si solamente estás expresando una preferencia étnica por uno de tu propia especie – esa es la esencia del racismo”.

Si bien Kahane fue hiriente al utilizar el termino “racista”, su punto base era correcto. ¿Qué razón hay para permanecer judío [especialmente] si a uno le faltan profundas raíces culturales y étnicas – actualmente muy poco comunes entre los judíos estadounidenses – a menos que uno realmente crea en el judaísmo como religión?

La Pasión del Judío

La realidad es que nunca seremos exitosos en frenar los matrimonios mixtos entre los jóvenes judíos de hoy, a menos que podamos darles – y a nosotros mismos – una buena razón de porqué no deberían hacerlo. Los viejos argumentos que utilizaban nuestros padres, tales como “¿Tus abuelos fueron asesinados por ser judíos y ahora tú te estás casando fuera del judaísmo?” o “Hemos sido judíos y nos hemos casado con judíos durante miles de años así que ¿quien eres tú para alejarte de esa tradición?”, suenan vacíos con la nueva generación de judíos quienes están casi completamente desconectados de su herencia y tradición. Y si no podemos encontrar una razón convincente de porqué no deberían casarse con la maravillosa chica no judía que conocieron en la universidad, podríamos muy posiblemente parecer racistas ante sus ojos.

Puede que los no judíos nos vean como un “club” elitista en el cual solamente judíos pueden entrar.

A decir verdad, no son solamente nuestros hijos los que pierden respeto por nosotros cuando les decimos que no se casen con no judíos sin una buena razón. El mundo no judío pierde también respeto. Cuando nos rehusamos a casarnos fuera de nuestra fe sin una buena razón, los no judíos no pueden evitar vernos como un cierto tipo de “club” elitista en el cual solamente se permite entrar a judíos.

Por otro lado, si estamos comprometidos con la fe judía y apasionados acerca de nuestra observancia de Torá y mitzvot, entonces el mundo puede entender porqué no nos casaremos con sus hijas. Después de todo, no es nada personal – solamente necesitamos compartir nuestras vidas de casados con aquellos que comparten nuestra pasión por el judaísmo y su misión indicada, la cual en la práctica, descarta a cualquiera que no sea judío. Pero no reflexiona para nada acerca de los pros y los contras de los judíos y no judíos. Como el Rab Michael Skobac de "Judíos por el Judaísmo" dijo una vez, “¡Yo ni siquiera me casaría con una judía que no fuera tan apasionada por su judaísmo como yo!”.

La Queja de Hamán

Este último punto queda mejor ilustrado a través de un fascinante pasaje en el Talmud (Meguilá 13b) el cual revela la conversación “tras bambalinas” que ocurrió entre el Primer Ministro Hamán y el Rey Ajashverosh (basado en Ester 3:8), en la cual Hamán convenció al rey de exterminar a toda la nación judía. Hamán le dijo a Ajashverosh: “Los judíos han sido poco estrictos en su observancia de la Torá… [y] ellos no se casan con nuestras hijas…”

Los comentaristas destacan una inconsistencia en la queja de Hamán en contra del pueblo judío. El comienza afirmando que los judíos son poco estrictos en observar la Torá y sus mandamientos. ¡Pero luego pasa a lamentarse de cómo los judíos se niegan a casarse fuera de su fe!

Los comentaristas explican que Hamán estaba mostrándole al rey cuan “racista” es realmente el pueblo judío y su religión. Después de todo, una cosa es que no quieran casarse fuera del judaísmo porque la Torá así lo ordena. Pero, ¿son poco estrictos en su observancia (ellos se presentaron y festejaron en el salvaje banquete de 180 días del rey como todo el mundo) y aún así no quieren casarse con nuestras hijas? Esto solamente puede significar que son un grupo de racistas.

La Continuidad Judía

Si queremos entender que es lo que salvará al pueblo judío de la autodestrucción a través de la asimilación y el matrimonio mixto, solamente tenemos que observar la historia de Purim y examinar qué hicieron los judíos de ese entonces para salvarse a si mismos de la aniquilación a manos del malvado Hamán. Después de todo, el mundo judío de hoy se encuentra en una situación similar a la de los judíos en Persia hace 2,300 años. Somos poco estrictos en nuestra observancia y hemos perdido nuestra pasión por nuestro judaísmo, justo como Hamán afirmó acerca de los judíos de entonces. Y sin embargo muchos de nosotros estamos en contra del matrimonio mixto, enviando un mensaje confuso a nuestros propios hijos acerca de lo que significa ser judío.

Lo que hizo el pueblo judío, liderados por Mordejai y Ester, para garantizar la continuidad de su comunidad y ser salvados de las amenazas de la destrucción, fue fortalecerse con la alegría y la belleza de ser judío. Cuando los judíos una vez más se apasionan y se emocionan por el hecho de ser judíos – y cuando los judíos están emocionados por ser judíos – su continuidad está garantizada.

La única forma de destruir a los judíos es si ellos han perdido su pasión por el judaísmo.

Vemos esto en la historia de Purim (ver Ester 6:13) cuando Hamán regresa a casa abatido y con la cabeza cubierta de vergüenza después de haber sido obligado a conducir a Mordejai el judío a caballo a través de la calle principal de Shushán. Él le cuenta a su esposa Zeresh lo que ocurrió, a lo cual ella responde, “Si él [Mordejai] es de la semilla de los judíos, tú no prevalecerás en su contra”. Los comentaristas preguntan cómo Zeresh puede haber cuestionado si Mordejai era o no judío, cuando era tan obvio para todos que lo era.

Mi abuelo, Rab Yosef Mordejai Baumol z''l, explicó el significado de las palabras de Zeresh: ella le estaba diciendo a Hamán que la única forma de destruir a los judíos – o conseguir que los judíos se destruyan a si mismos – es si ellos pierden su pasión por el judaísmo. Cuando esto ocurre, no hay nada que los detenga del matrimonio mixto y de asimilarse hasta desaparecer. Si las únicas personas que están preocupadas por el judaísmo son los octogenarios diciendo Kadish en la sinagoga mientras los jóvenes están escapando de su judaísmo tan rápido como pueden, ya no queda esperanza para ellos; y tú, Hamán, prevalecerás. Pero “si es de la semilla de los judíos” – es decir, si los judíos están nuevamente emocionándose por su judaísmo y lo que significa ser judío – entonces no podrás vencerlos.

Emborrachándose en Purim

Con esto podemos comprender una halajá muy extraña mencionada en el Talmud y en el Código de la Ley Judía relacionada con Purim. Dice: Una persona está obligada a beber en Purim hasta el punto en que ya no pueda discernir entre el maldito Hamán y el bendito Mordejai. Esta halajá es muy difícil de entender y se han ofrecido muchas explicaciones de porqué los Sabios ordenaron una mitzvá de beber (casi) hasta el emborrachamiento en Purim.

En cuanto a lo anterior, me gustaría sugerir que los Sabios querían recordarnos cada año en Purim acerca de la razón por la cual fuimos salvados, y acerca de lo que costó en ese entonces (y lo que aún cuesta hoy) prevenir la destrucción, o bien destruirnos a nosotros mismos a través de la asimilación.

Como aprendemos de la historia de Purim, si vamos a sobrevivir y prosperar como una vibrante nación judía, simplemente no es suficiente que seamos judíos solamente por el “maldito Hamán” – es decir, nuestros abuelos fueron asesinados por los nazis porque ellos eran judíos. Ni tampoco es suficiente que nos casemos con un judío solamente por el “bendito Mordejai” – es decir, nuestros abuelos, y sus abuelos antes que ellos, eran todos judíos orgullosos. Estas razones intelectuales para no casarse fuera de la fe judía simplemente no funcionarán – no funcionaron para los judíos en ese entonces y con certeza no funcionarán para los judíos de hoy.

La única forma en que podemos garantizar la continuidad de nuestro pueblo es si trascendemos el nivel intelectual y llegamos al fondo de lo que significa ser judío y sentir esa felicidad en nuestros huesos. Un día al año, en la festividad de Purim, la cual celebra la continuidad del pueblo judío, los Sabios ordenaron que bebamos hasta el punto en el cual ya no podemos articular las razones de porque seguimos siendo judíos – porque esas razones no son suficientes para mantenernos ahí de todas maneras – sino que en cambio, llegamos al punto en que sentimos la simjá (alegria) de ser judíos en el mismo centro de nuestro ser.

Y si nuestros hijos ven y sienten esta alegría que estamos sintiendo, no solamente en Purim, sino el resto del año también, habremos solucionado el problema del matrimonio mixto para siempre. Garantizado.