Pobre Purim. Se ha convertido en el carnaval judío, un día de jolgorio, tomar y disfraces. Pero es mucho más que eso.

Purim es la festividad a escondidas. Uno tiene que sondear debajo de la superficie para encontrar la dimensión espiritual que yace oculta. De hecho, los disfraces y las máscaras están diseñados para acentuar la situación oculta esencial de este día.

Este tema de ocultación se encuentra en el nombre de la heroína de Purim. “Ester” deriva de la raíz s-t-r, que en hebreo significa “escondido”. En la Torá (Deuteronomio 31:18), Dios le dice a Israel: “Yo ciertamente esconderé (hastir astir) Mi rostro de ti”. Los sabios ven esta frase como una sutil sugerencia del ocultamiento de Dios durante el tiempo de Ester.

Toma a Ester misma. Nadie a excepción de Mordejai sabía quién era ella en realidad. Hasta el Rey Ajashverosh es mantenido en la oscuridad. “Ein Ester maguedet moledeta”, dice la Meguilá en 2:20. “Ester no reveló sus orígenes…” Éste es el tema del día: nada está revelado.

Nota también el linaje de los protagonistas de la historia de Purim. Es el linaje del ocultamiento. Mordejai y Ester son descendientes de la matriarca Rajel. Rajel, la madre de Yosef, es la esencia misma del ocultamiento y de la disimulación. Cuando ella fue sustituida por su hermana Lea en el casamiento con Yaakov, ¿Por qué Rajel no lloró y protestó por la injusticia? La respuesta es, porque hacerlo hubiese humillado a su hermana. Rajel sabía cómo ocultar cosas, incluyendo su amarga desilusión.

El hijo de Rajel, Yosef, también es un maestro del ocultamiento. Sus cualidades esenciales de santidad están escondidas de sus hermanos, quienes no reconocen su grandeza, ya que él la esconde efectivamente. Y cuando los hermanos descendieron a Egipto 22 años después, de nuevo fallan en reconocerlo, porque ahora está oculto detrás de sus ropas reales. El Talmud (Sotá 10) acentúa las cualidades para esconder de Yosef cuando declara que, en el caso de la esposa de Potifar, Yosef santificó el nombre de Dios en privado, a escondidas. Y Saúl, del mismo linaje de Yosef, al no sentirse merecedor de formar parte de la realeza de Israel, se esconde entre las vasijas cuando lo buscan para que se convierta en Rey.

Por lo tanto, es muy adecuado que Ester y Mordejai, que provienen del mismo linaje, también hagan su trabajo de salvación de forma tranquila, secreta y oculta.

Hasta Dios está escondido en la historia de Purim.

Hasta Dios está escondido en la historia de Purim. Revisa la Meguilá de principio a fin, no encontrarás ninguna mención de Su nombre. ¿No es extraño ésto en un libro bíblico? Lo más cerca que estamos de una referencia a Dios es cuando Mordejai le dice a Ester que la redención para los judíos vendrá de makom ajer, “otro lugar”.  

Para remarcar la ocultación de Dios, toda la historia parece ocurrir por casualidades, eventos fortuitos y coincidencias, ¡Todo lo que la Torá nos dice que el mundo no es! En la Meguilá, el rol de Dios está oculto. Su mano es invisible. La Reina Vashti simplemente se rehúsa a aparecer en el banquete real; el Rey casualmente se deshace de ella y busca una nueva reina; Mordejai está casualmente en el lugar correcto en el momento correcto para hacer fracasar el plan en contra de la vida del Rey; el Rey tiene casualmente una noche de insomnio y sus cortesanos le recuerdan que Mordejai salvó su vida; Hamán está casualmente en la cámara de la reina cuando el Rey entra. Incluso la fecha en la que los judíos serán exterminados es determinada por el azar: hipil pur hu hagoral, “ellos hicieron un pur, que es la lotería…” (Ester 3:7) y es este “pur” lo que le da el nombre a la festividad. Todos esos ecos de aleatoriedad y casualidad sugieren solamente la mano conductora de Dios.  

Hasta el milagro de Purim es oculto. Contrástalo con el milagro de Janucá. Allí, el aceite que es suficiente para un día dura ocho, lo que es un nes niglá, un milagro abierto que todos pueden ver. Pero el milagro de Purim en donde todo el pueblo judío es salvado de la destrucción, es un milagro oculto, un nes nistar. La mano de Dios que intercede es invisible. Podría ser fácilmente descrito como casualidad, al igual que todo el resto de la historia.

Gradualmente comenzamos a entender el rol de las máscaras en la historia de Purim. Toda la liberación del pueblo judío está encubierta. Es una historia envuelta en un camuflaje, escondida detrás de un disfraz, oculta detrás de una máscara.

Hasta las extrañas resoluciones del Talmud (Meguilá 7b) que nos ordenan tomar alcohol en Purim ad de lo yadá, “hasta que no sepamos diferenciar entre el maldito Hamán y el bendito Mordejai”, son parte del tema de ocultamiento. La resolución del Talmud es muy extraña. Nuestra tradición es, después de todo, una tradición que aborrece la ebriedad. Somos un pueblo racional, que opera en base al discernimiento, al análisis, todas cosas que caen en la categoría de dáat, conocimiento. Pero en Purim se nos pide que nos intoxiquemos y ocultemos nuestro elogiado dáat hasta el punto de ad delo yadá, “hasta que no haya dáat”, e ingresemos a un universo en el que la realidad no tiene significado, y entendamos que no es nuestro intelecto lo que guía el mundo sino Dios con el suyo.

Hay otra ocultación en Purim. Ésta es la festividad más física de todas. La comida festiva de Purim, los regalos de comida, tomar en exceso, son todas cosas que tienen que ver con el cuerpo. Y por contraste, ¿cuál es la festividad más espiritual de todas? Es obviamente Iom Kipur. Nuestras formas de observar estos dos días son diametralmente opuestas. Pero al examinar más de cerca percibimos que las dos están muy relacionadas, en una manera oculta pero muy real. El nombre oficial de Iom Kipur es Iom HaKipurim, que literalmente significa: “un día como Purim”. Ésto es asombroso. ¿Yom Kipur es como Purim? ¿Cómo puede ser?

Puede ser porque Purim y Iom HaKipurim son reflejos exactos el uno del otro. Iom Kipur es arrolladoramente espiritual, y Purim es abrumadoramente físico. Pero en ambos días debemos servir a Dios completamente, con nuestros cuerpos y con nuestras almas.

La lección es clara: Dios puede ser servido no solamente en la solemnidad de un Iom Kipur, sino también en el jolgorio de Purim. Dios está presente no solamente en el arca abierta de Iom Kipur, cuando la espiritualidad parece tan cercana; sino también en la comida y bebida de Purim, en donde la espiritualidad parece tan remota. Es un desafío mucho más grande recordar a Dios en medio del jolgorio que recordarlo en medio de la solemnidad. Beber y festejar, y recordar al Autor de todo: éste es el gran desafío de Purim, posiblemente un desafío más grande que el de cualquier otra festividad.

Purim es la festividad a escondidas. Pero el mensaje no tiene que estar oculto a nuestros ojos.