He estado pensando últimamente bastante acerca de Purim – un poco acerca de recetas de hamantashen (orejas de Hamán), un poco acerca de mishloaj manot – pero principalmente acerca de Dios escondiendo Su cara, acerca de vivir en una época de ocultamiento.

En un nivel nacional, o en un nivel internacional, nos enfrentamos a la incertidumbre y la inseguridad. Ningún país está inmune al estrés financiero, hay tribus y naciones en guerra por todo el mundo, Irán está preparado para adquirir capacidad nuclear, Pakistán ya la tiene, y el sentimiento anti-Israel parece estar en alza.

Más localmente, en mi pequeña comunidad ha habido recientemente una gran cantidad de pesares – muertes repentinas, enfermedades entre los niños, relaciones dañadas o destruidas.

Es imposible darle sentido a todo. Es un mundo en donde Dios esconde Su cara.

Y no solamente es imposible controlarlo todo, sino que no es nuestro trabajo. Por supuesto, tenemos que hacer nuestro esfuerzo, debemos hacer lo que es correcto, tenemos que ser amables y bondadosos. Pero el resultado final – para el mundo y nuestro pueblo y nuestras comunidades locales e individuos – descansa en un poder más grande que nosotros mismos.

Y la verdad es que eso es un alivio. Porque si Dios no estuviera a cargo, entonces realmente tendríamos que preocuparnos.

Sí, estamos confundidos, no estamos seguros – incluso un poco trastornados a veces, pero sabemos que estará bien.

La lección más importante de la historia de Purim es que incluso cuando la situación parece sombría, incluso cuando la cara de Dios está oculta, Él aún está ahí tras bambalinas, moviendo los hilos. El Titiritero Cósmico.

Solamente debemos seguir recordándonos que Dios está aquí, podamos o no ver Su cara.

Ese conocimiento no calma todo el dolor. Solamente libera la tensión; un pequeño paracetamol espiritual. Mantiene nuestra ansiedad en niveles manejables y fuera del manual de enfermedades psiquiátricas. Porque realmente no estamos a cargo. En realidad no tenemos que planear el futuro del mundo. Y en realidad todo estará bien.

Solamente tenemos que continuar recordándonos que Dios está aquí, podamos o no ver Su cara.

Debemos hacer un esfuerzo razonable para estimular la economía pero si este plan en particular funciona, eso está fuera de las manos de Barak Obama y de los demás líderes mundiales. Tenemos que pelear por nuestra tierra e intentar hacer paz para Israel, pero si esto se logrará, no depende realmente de si Bibi o Tzippi Livni están manejando el gobierno. Debemos ir a doctores y tomar nuestros medicamentos pero si la cura será o no efectiva está fuera de nuestras manos. Debemos buscar una educación y enviar nuestros currículos si estamos buscando trabajo. Pero quien nos contratará, en que cargo y a que sueldo, no depende de nosotros.

Sería menos frustrante si la cara de Dios no estuviese oculta. Todo sería claro y nuestras decisiones fáciles. De seguro dormiríamos mejor por la noche. Pero ese no es nuestro desafío, esa no es nuestra oportunidad de crecimiento.

En los tiempos de Ajashverosh, nuestro pueblo tenía problemas para recordar la presencia oculta de Dios. Era un poco muy “ojos que no ven, corazón que no siente”. Con la ayuda de Ester, ellos se despertaron justo a tiempo.

Tenemos que despertarnos ahora, avanzar con fe y optimismo, reconociendo que a pesar de que Él pueda estar oculto, todo está en sus manos. Y en Purim, podemos tomar un pequeño trago (énfasis en pequeño), para ayudar a calmar nuestras ansiedades e inhibiciones y limpiar el camino hacia este reconocimiento.

Recemos para que este sea un año en que todo el pueblo judío llegue a reconocer la presencia de Dios y que la mascara de oscuridad sea removida de nuestro mundo.