Una persona está obligada a embriagarse en Purim hasta que no sepa diferenciar entre "maldito es Hamán" y "bendito es Mordejai" (Talmud Meguilá 7b).

Todos nos preguntamos: ¿Por qué Dios permite, e incluso nos alienta, a que nos emborrachemos en Purim? Parece ser una práctica tan profana y poco judía. ¡¿Acaso es toda la diversión y el desenfreno solamente la versión judía de una fiesta universitaria?!

La respuesta obviamente es un resonante "¡No!".

No existe ninguna práctica judía que no esté repleta de profundidad, y esto es aún más cierto cuando se trata de entender una practica tan extraña como emborracharse en Purim.

La historia de Purim nos enseña una lección fundamental: mientras que a nosotros los humanos nos gusta sentir que estamos manejando el mundo y controlando nuestros destinos, al final del día es Dios quien está realmente detrás de todo. Como el Talmud (Meguilá 12a) indica, los judíos sintieron que mejorarían su relación política con el gobierno si asistían al gran banquete del Rey Ajashverosh. En realidad, su asistencia al banquete fue el detonante espiritual para el malvado decreto de Hamán de aniquilar al pueblo judío.

La asistencia de los judíos al banquete fue el detonante espiritual para el malvado decreto de Hamán de aniquilarlos.

De todas formas cabe preguntarse, ¿qué estaba celebrando Ajashverosh? Él predijo (incorrectamente, por supuesto) que el Templo de Jerusalem nunca sería reconstruido y que los judíos nunca más lograrían la independencia. Es por esto que él desfiló en el banquete vistiendo las prendas especiales de los sacerdotes Judíos del Templo.

Los judíos, por su parte, sintieron que necesitaban asistir al banquete y temieron las represalias de Ajashverosh si ellos lo boicoteaban. Esto les hizo a ellos mucho sentido desde el punto de vista político. Mordejai les advirtió que no fueran, pero ellos ignoraron su consejo (Midrash Ester Raba 7:18). Esencialmente, los judíos estaban asistiendo a una celebración de su propia tragedia y se involucraron en conductas profanas en el banquete. Los judíos se habían rendido y pensaron que las conjeturas de Ajashverosh relativas a su ruina probablemente eran correctas. Por ende, eran merecedores del decreto de su propia destrucción.

No fue sino hasta que los judíos recurrieron a Dios y reconocieron que todos los planes independientes que ellos estaban poniendo en práctica solamente traían desastres, que floreció la salvación. Cuando ayunaron por tres días y tres noches, rezando y arrepintiéndose, se dieron cuenta que sólo Dios podía traer la salvación.

En las palabras de la canción jasídica popularizada por Mordejai ben David (basada en el Talmud – Sotá 49b): "Somos creyentes, descendientes de creyentes, y no tenemos a nadie más en quien confiar, excepto en nuestro Padre que está en el Cielo".

Si hay una lección de los últimos años, es exactamente este punto: "No tenemos a nadie más en quien confiar, ¡excepto en nuestro Padre que está en el Cielo!".

Pilares de Seguridad Derrumbados

Nuestra experiencia moderna es sorprendentemente similar.

Primero, pensamos que nuestras finanzas y dinero estaban seguros. La "nueva economía de Internet" de los 90 y el mercado en constante expansión eran mantras del día. Se escribieron libros titulados "Dow Jones 20.000" y las acciones seguían subiendo sin fin a la vista. Amazon: $400 la acción, Yahoo $300, AOL: $200. Y luego, de la nada, todo colapsó. Terminamos estando inmersos en el peor estado del mercado accionario desde la Gran Depresión.

Simultáneamente, mientras pensábamos que Israel había finalmente alcanzado algún indicio de paz (al menos uno superficial, en el papel), la devastadora violencia y centenas de víctimas nos mostraron que eso no era así.

Nuestros miedos e inseguridades están aquí para quedarse.

Pensamos que podíamos confiar en el poderoso ejército e inteligencia de Estados Unidos para asegurar nuestra existencia. Entonces vino el 11 de septiembre junto a toda una nueva ola de terrorismo aparentemente imposible de detener, con lo que entramos en una larga y extendida guerra contra el terror islámico, una guerra que tomará en el mejor de los casos años y años en ser ganada. Nuestros miedos e inseguridades están aquí para quedarse.

Así que si no podemos confiar en nuestro dinero y no podemos confiar en nuestra fuerza militar, ¿en qué podemos confiar? La única respuesta es: en nuestro Padre que está en el Cielo. Por supuesto que debemos realizar nuestros propios esfuerzos al máximo de nuestras capacidades. Dios no nos ayudará si nos acostamos en la cama a esperar. Pero una persona en el siglo XXI se puede dar cuenta perfectamente que es erróneo pensar que estamos en control de nuestra seguridad y de nuestro destino.

Propósito Santo

De esto se trata emborracharse en Purim.

¿Cómo?

El consumo de alcohol hace que una persona pierda las inhibiciones normales. Alguien que se emborracha en un ambiente indecente y salvaje, probablemente perderá sus inhibiciones de una forma indecente y promiscua. Esto está prohibido. Pero si alguien consume alcohol en un ambiente de Torá y espiritualidad, con la intención de crecer a partir de la experiencia, será capaz de hacerse más santo. No estamos acostumbrados a pensar en estos términos, pero quienes lo han hecho con éxito pueden decirte que a pesar de todo, es cierto.

Una persona está obligada a embriagarse en Purim hasta que no sepa diferenciar entre “maldito es Hamán” y “bendito es Mordejai” (Talmud Meguilá 7b).

La clave de este mandamiento rabínico es que deberíamos llegar a un punto de "lo yadá" – de que “no sabemos”, sino que solamente Dios sabe. Esto es similar a la forma en que el pueblo judío demostró confianza en Dios en el Monte Sinai, afirmando “Naasé Venishmá” – haremos y escucharemos lo que sea que Dios ordene, porque confiamos y sabemos que Él tiene nuestro mejor interés en mente. Así también, los judíos de Purim expresaron el entendimiento de que solamente hay un Ser en quien podemos confiar verdadera y completamente, y ese es Dios.

Los judíos en los días de Mordejai aceptaron la palabra de Dios en un nivel más alto de lo que lo habían hecho antes.

De hecho, el entendimiento en los días de Mordejai fue alcanzado incluso en un nivel más alto. Ya que mientras que la experiencia de Sinai estuvo caracterizada por miedo y asombro, la experiencia de Purim fue un acercamiento a Dios a través del amor. "Kimu Vekiblu" – la Meguilá nos dice que en los días de Mordejai, los judíos aceptaron la palabra de Dios de una forma como nunca lo habían hecho antes.

En Purim, cuando nos emborrachamos, estamos diciendo que en realidad nosotros ni siquiera tenemos suficientes habilidades para saber la diferencia entre quién es maldito y quién es bendito. Intentamos hacer lo que nos parece correcto, pero nos damos cuenta que solamente Dios sabe en realidad qué es correcto para nosotros. Y solamente Él controla el mundo.

Si podemos tener esto en mente mientras estamos en un estado de ebriedad, y si cantamos canciones enfatizando estas ideas en nuestra cena de Purim, podremos llevar este alto nivel de confianza y creencia en Dios a todos los aspectos de nuestras vidas.

¡Lejaim!

A pesar de que el ensayo presentado está basado en conceptos desarrollados por Rav Yaakov Weinberg, de bendita memoria, de acuerdo al entendimiento del autor, el autor ha expandido y adornado estos conceptos y lecciones con ideas propias.