“Esos días serán recordados y observados por cada generación, cada familia, cada provincia, cada ciudad. Los judíos nunca dejarán de observar estos días de Purim ni perecerá su memoria entre sus hijos”.

El Rollo de Ester se debe leer cada año en voz alta en público, generalmente en la sinagoga comunitaria. Todos los hombres y mujeres adultos tienen la obligación de escuchar cada una de las palabras de la Meguilá para poder cumplir la mitzvá.

¿Por qué? ¿Acaso no hay otras festividades judías en las que hubo milagros mucho más grandiosos? ¿Por qué celebramos Purim leyendo la Meguilá?

Aquí está el mensaje que llega al corazón y al alma de cada judío a través de los siglos. El mensaje que nos susurra en el silencio de la noche: “No teman. Incluso si parece que estoy muy lejos, oculto y escondido, Yo nunca los abandonaré, Mis queridos hijos”.

Los milagros de Jánuca y Pésaj, el refugio de Sucot, todo nos habla abiertamente de la mano de Dios en nuestras vidas. La intervención Divina bajó y salvó a la nación de Israel. Entonamos cánticos por los milagros revelados. No hay forma de negar lo obvio. ¿Cómo es posible que alguien no crea? No hace falta un rollo.

¿Pero qué pasa cuando ocurre un milagro tras otro, pero nadie parece ver en acción la poderosa mano de Dios en este mundo? ¿Qué pasa cuándo la voz de Dios está enmascarada por la naturaleza y parece seguir su curso natural?

Los milagros de Purim fueron ocultos intencionalmente. De casualidad Ester fue elegida como reina. Resultó que ella era judía. De casualidad ella se ganó el corazón de Ajashverosh. Teníamos a uno de nosotros dentro del palacio… ¡Qué afortunados! De casualidad Mordejai escuchó que planeaban matar al rey. Hamán justo erigió una horca en la que finalmente lo colgaron a él.

Aquí no hay suerte ni coincidencia. Todo ocurrió exactamente como tenía que suceder, dirigido desde detrás de la escena por la mano de Dios.

En el Libro de Ester el nombre de Dios no aparece explícito en ninguna parte. Sólo es aludido, oculto, esperando que lo encuentren. Dios ocultó Su nombre a propósito para enseñarnos que a veces los grandes milagros están camuflados, esperando a ser descubiertos.

Todos experimentamos momentos en los que creemos estar solos, por nuestros propios medios. A veces son momentos de grandes éxitos. Pensamos que todo depende de esta en el lugar correcto en el momento adecuado, el karma o nuestras propias habilidades.

Ignoramos o somos indiferentes a la poderosa mano de Dios en nuestra vida empujándonos hacia adelante, llenándonos de bendiciones. De nosotros depende realmente ver y reconocer la Fuente de vida de nuestros días.

También hay momentos de oscuridad. Estamos desconcertados. ¿Qué me ocurrió? ¿Cómo voy a poder salir de aquí? ¿Dónde está Dios? Me siento tan abandonado. ¿Por qué Dios se oculta?

Nuestro pueblo pensó lo mismo cuando fue destruido el Templo sagrado en Jerusalem. Nos enviaron al exilio, dispersados como el humo y el fuego que se elevaban sobre lo que una vez fue el glorioso Templo. El temor pasaba de uno a otro. ¿Acaso era posible que Dios nos hubiera abandonado para siempre?

El Libro de Ester nos enseña que incluso en la oscuridad del exilio, incluso cuando nos acechan las sombras, nunca debemos temer. Dios nos está cuidando. Quizás Su mano parezca estar oculta. Tal vez la curación parece necesitar demasiado tiempo. Nos preguntamos: ¿A Dios realmente le importa?

Debajo del cielo oscuro está la mano de Dios, cuidándonos con cariño.

Yo nací sobre las cenizas del Holocausto. Mi nacimiento y el nacimiento de mis hermanos fueron milagros ocultos. Cada día sólo debemos mirar para ver a Dios espiándonos a través de las cortinas del Cielo. Guiándonos. Protegiéndonos. Llamándonos. Otorgándonos la vida.

Cada persona tiene que escribir su propio rollo personal. Purim nos transmite el mensaje del coraje y la fuerza necesaria para buscar la mano oculta de Dios detrás de las nubes oscuras. Esta es la verdadera definición de fe.