¿Quién es el héroe de la historia de Purim? Si respondiste Ester, es correcto, pero sólo en parte. La respuesta real es que el héroe de la historia es una abstracción: los elementos de ocultamiento y encubrimiento. La historia de Purim es un cuento que enmascara, oscurece y oculta.

Todo esto está contenido en el nombre Ester, que deriva de la raíz hebrea ocultar. De hecho, toda la historia de Purim es un ejercicio de ocultamiento.

El Talmud (Julín 139b) pregunta si hay en la Torá algún indicio o alusión a la Reina Ester. Los sabios responden que se alude a ella en el versículo en que Dios dice: “Ciertamente ocultaré [Mi rostro de ellos]” (Deuteronomio 31:18). La palabra hebrea para ‘ciertamente ocultaré’ es aster astir, que contiene las letras del nombre Ester. Dios ocultando Su Rostro significa, entre otras cosas, que Dios conducirá al pueblo judío de una forma no evidente, de manera oculta. Israel no será consciente de que Dios está dirigiendo las cosas; de hecho, para muchos parecerá como si Dios no estuviera presente en la vida del hombre, como si nos hubiera abandonado y ahora nos las tuviéramos que arreglar solos.

Cuando uno lee la historia de Purim, la mano de Dios está casi completamente oculta. De hecho, el nombre de Dios no es mencionado en la Meguilá ni una sola vez. A primera vista uno podría pensar que Dios no está involucrado en absoluto; las cosas parecen simplemente ocurrir. El nombre mismo de la festividad, Purim, significa echar a la suerte, señalando nuevamente la naturaleza fortuita de los eventos.

Las coincidencias parecen ocurrir por casualidad. La reina Vashtí pareciera rehusarse casualmente a aparecer en el banquete real, generando la búsqueda de una reina nueva. Ester pareciera casualmente ser elegida como la nueva reina. Mordejai pareciera casualmente estar en la puerta del palacio para oír el complot en contra del rey. El rey pareciera casualmente estar desvelado en una noche y recurrir a las crónicas reales que recuerdan que Mordejai salvó su vida.

A primera vista todas estas son coincidencias pero, en realidad, lo único que hacen es enmascarar la Mano Divina que guía los eventos.

Una de las razones por las que no vemos la intervención Divina en esta narrativa es la gran cantidad de tiempo cubierto por la historia, que abarca un período de nueve años.

Ester misma es el epítome del ocultamiento, el silencio, la reticencia. El texto menciona dos veces que “Ester no reveló su origen” (2:10 y 2:19). Todo lo que ocurre es mantenido en secreto, mientras que todo lo que ocurre lleva al dramático clímax en que Ester revela quién es y, así, salva al pueblo judío.

No sorprende que las máscaras sean un elemento característico de Purim. Al usar máscaras estamos, sin darnos cuenta, imitando a Dios, que también enmascara Su acción y oculta Su Presencia.

Por supuesto, el ocultamiento de Dios no es nuevo. Mucho antes de la historia de Ester, Moshé le pidió a Dios que le revelara Sus caminos, a lo que Dios contestó: “Mi rostro no será visto”. El ocultamiento es un ingrediente necesario de la santidad. El misterio, el ocultamiento y la incomprensibilidad son partes intrínsecas del maquillaje de Dios. El Kotzker Rebe dijo: “No adoraría a un Dios si pudiera entender todas sus acciones”. Isaías dijo mucho antes: “Mis pensamientos no son Tus pensamientos…” (Isaías 55:8). ¿Cómo podríamos entenderlo por completo? Lo mortal no puede entender por completo lo inmortal. Lo finito no puede entender por completo lo infinito.

Puede que Dios esté oculto, pero siempre está presente.

El milagro de Purim es el paradigma del milagro oculto, en contraste a los obvios milagros abiertos como un frasco pequeño de aceite ardiendo durante ocho días en Januca o la partición del Mar de los Juncos.

En consonancia con este tema de ocultarse, el signo del zodiaco para el mes de Adar es piscis, el pescado. Una de las características principales de los pescados es que no son vistos; están ocultos, cubiertos por el agua. El símbolo mismo de este mes es una señal del ocultamiento de Purim.

Puede que Dios esté oculto, pero quiere que lo busquemos. Una vieja historia judía cuenta de un niño que está jugando a las escondidas en la calle, llora: “Me estoy escondiendo pero nadie me está buscando”. De la misma forma, Dios se queja: “Me estoy escondiendo, pero mi pueblo no Me está buscando”.

A menudo, los caminos de Dios están ocultos. No comprendemos de inmediato por qué las cosas ocurren de tal manera. Pensamos que si fuésemos Dios haríamos las cosas de manera diferente.

En estos días tan llenos de tensión para Israel y el pueblo judío en todo el mundo, podemos confortarnos con la idea de que a pesar de que la Mano de Dios no sea vista claramente, Él continúa a cargo de Su mundo. “Contemplen, el Protector de Israel no dormita ni duerme” (Salmos 121:4). Está oculto, pero siempre está presente. Puede ser difícil de percibir, pero nosotros nos reconfortamos en la promesa de Dios para el futuro, que “no continuaré ocultando Mi rostro de ellos” (Ezequiel 39:29).