Una tarde, el cardiólogo canadiense Dr. Earl (Eliahu Abraham) Nussbaum descubrió que su secretaria le había programado por error una cita con una señora mayor que había sido atendida anteriormente por otro cardiólogo de su grupo de médicos. Ella no era ni siquiera su paciente. Es más, se suponía que a esa hora él tenía que recoger a su hija después de la escuela en una parada de autobús a la intemperie.

A pesar de que estaba irritado, él sabía que su colega nunca aceptaría ver a una paciente que no estuviera en su agenda para el día, incluso si ella era mayor y ya estaba en la oficina. Así que se reunió con ella en vez de hacer un alboroto con las secretarias.

Después de hablar con la paciente y examinarla, le ordenó una serie de exámenes y programó una cita de seguimiento para revisar los resultados. Sus resultados estaban bien. Pero para su sorpresa, cuando el Dr. Nussbaum le informó a la señora mayor que su corazón estaba bien y que sus síntomas no eran para preocuparse, ella no mostró ninguna señal de alivio.

En ese momento, el esposo de la señora mayor le confesó al Dr. Nussbaum que su esposa sufría de ansiedad crónica y le preguntó si podía prescribirle algunas medicinas. “¿Nerviosa? ¿Por qué está nerviosa? ¡Usted debería estar feliz de que su corazón está bien!”.

El esposo indicó con un gesto que las cosas no eran tan simples y miró a su esposa pidiendo permiso para compartir algo privado con el doctor. Ella asintió.

“Tuvimos una tragedia en nuestra vida”, comenzó él. Aunque no era su estilo ser entrometido, el Dr. Nussbaum lo presionó para obtener más detalles.

“Hace treinta y cinco años, nuestra hija de 18 años fue asesinada cuando un camión de basura golpeó su auto”, continuó el anciano esposo. El Dr. Nussbaum preguntó dónde ocurrió el accidente, y cuando le dijeron que había ocurrido en Montreal, Canadá, presionó para obtener más detalles de la ubicación. El hombre anciano contestó: “En St. Laurent”.

“Yo estuve ahí”, dijo impulsivamente el Dr. Nussbaum.

La escena de la transitada intersección al final de la calle en la que había crecido se proyectó vividamente frente a él. Un camión de basura había golpeado a un pequeño Austin mini en el lado del pasajero con tal fuerza que la rueda frontal del camión se curvó hacia adentro. Un cuerpo estaba tendido sobre el pasto, bajo una lona.

Mucho después de que los mirones se habían ido, el curioso niño de diez años seguía ahí. Y estuvo ahí cuando llegó el camión de la morgue y levantó la lona para revelar a una hermosa y joven mujer de larga y rubia cabellera. A medida que los trabajadores de la morgue la levantaban, el pequeño notó que no había desfiguración de ningún tipo en el rostro de la mujer. Ella parecía estar durmiendo placidamente. Incluso la forma en que sus extremidades colgaban mientras la cargaban no sugería ningún hueso roto. Por más de una semana después, Earl tuvo pesadillas cada noche, las cuales hicieron que la escena quedara permanentemente grabada en su memoria.

Ahora, 35 años después en su oficina, el Dr. Nussbaum les contó esta historia a los aún afectados padres de esa hermosa niña de larga y rubia cabellera. Entonces el entrenado cardiólogo agregó: “Ella no sufrió nada”.

“¿De verdad?”, respondió la anciana mujer. “Yo la vi mucho después y siempre me pregunté eso”.

Con el beneficio de su experiencia como cardiólogo, el Dr. Nussbaum se dio cuenta de que la muerte había sido causada por la desconexión entre la arteria pulmonar y la aorta. En el momento del nacimiento, el ligamentum arteriosum forma una cicatriz y conecta las dos partes del sistema circulatorio. En heridas de alto impacto, ese ligamento se arranca de la aorta como un enchufe que es arrancado de la pared. La muerte es instantánea. Él le explicó todo esto a los padres de la víctima.

Esto no era una simple “coincidencia”; ellos sintieron que Dios les había dejado una tarjeta de presentación.

Los tres se sentaron allí abrumados por una sensación de que algo sobrenatural había ocurrido. ¿Cuál era la probabilidad de que 35 años después de la tragedia, esta pareja judía conociera a un testigo ocular del accidente que estuviera calificado para asegurarles que su hija no había sufrido? Esto no era una simple “coincidencia”; ellos sintieron que Dios les había dejado una tarjeta de presentación. Una tarjeta de presentación significa que Dios estuvo allí, incluso si no lo vieron en ese momento. Si Dios había arreglado esta fortuita reunión, quizás Él en realidad sí se preocupaba de ellos.

La próxima vez que vieron al Dr. Nussbaum, él hizo algo que nunca antes había hecho. Les entregó el libro El jardín de la fe, del rabino Shalom Arush. Este libro superventas explica uno de los principios fundamentales de la fe judía (emuná): que a pesar de las apariencias, todo viene de Dios, y todo lo que viene de Dios es bueno, aunque nuestra limitada comprensión humana no nos permita ver la mano oculta de Dios o la inescrutable bondad oculta en lo que experimentamos como doloroso.

Un año más tarde, el Dr. Nussbaum vio a la anciana pareja nuevamente. Ellos estaban tan transformados desde el año anterior que no los reconoció hasta que ellos le recordaron del accidente que él había presenciado cuando niño. Ellos habían sufrido una completa metamorfosis y la anciana exudaba felicidad. Eran el tipo de pareja anciana adorable que las parejas jóvenes anhelan como modelo de una vejez feliz.

Cuando en la revisión del año siguiente la anciana pareja todavía se veía transformada y feliz, el Dr. Nussbaum no pudo resistirse de preguntar cuál había sido la causa del completo cambio que había habido en su comportamiento. La anciana mujer respondió que el primer paso había sido su increíble encuentro; y que el segundo paso había sido leer El jardín de la fe, que los había convencido de que todo viene de Dios y de que Él es quien orquesta los eventos para su eventual —y a veces inmediato— bien.

¿Le importo a Dios?

Un importante tema de Purim es el ocultamiento de Dios. En la Meguilat Ester, el único libro del Tanaj en el cual Dios no es mencionado ni siquiera una vez, la historia se desarrolla a través de una serie de coincidencias y ocurrencias furtivas. De hecho, el periodo del exilio Persa, el cual vino justo después de la destrucción del Templo Sagrado, marcó un cambio en la historia judía. Mientras que el Templo era el sitio de la revelación de Dios, su destrucción trajo consigo el largo y doloroso periodo del ocultamiento de Dios.

Sin embargo, aunque no tenemos milagros revelados como los que ocurrían cuando existía el Templo, Dios sí deja sus “tarjetas de presentación” en muchos milagros ocultos de nuestras vidas. Cuando nos enfrentamos a experiencias dolorosas, todos nos llenamos de preguntas: “¿Le importo a Dios? ¿Se da cuenta que yo existo? ¿Me quiere?”. Las “tarjetas de presentación” de Dios son pistas sutiles de que la respuesta a estas preguntas es “sí”.

A veces, como en el caso de esta anciana pareja, el mero hecho de recibir una confirmación de que Dios está orquestando los eventos puede transformar nuestra actitud frente a la vida.

Adaptado por Sara Yoheved Rigler de un articulo por Jonathan Rosenblum que apareció en la Revista Mishpacha.

Para la aliat neshamá de Israel ben Yosef Yehudá