La pandemia de COVID-19 que cambió de forma espantosa nuestras vidas este último año, está inextricablemente ligada con la festividad de Purim.

Es cierto que los libros de historia registrarán que el comienzo se informó por primera vez a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre del 2019. La primera muerte confirmada tuvo lugar en Wuhan el 9 de enero del 2020 y el 30 de enero la OMS declaró que el COVID-19 era una emergencia de salud global. Pero la mayoría de nosotros recién comenzamos a entender la gravedad de la pandemia en Purim del año pasado.

Esa fue la primera vez que nos vimos obligados a pensar si necesitábamos cambiar nuestros planes para la comida festiva de Purim. Purim terminó siendo el súper propagador de la enfermedad para muchas personas que sin tener conciencia de la gravedad del virus se contagiaron en grandes celebraciones comunitarias. Fue la primera vez que consideramos seriamente si debíamos ir a la sinagoga o encontrar una manera alternativa para escuchar la lectura de la Meguilá. Y entonces tuvimos que pensar lo impensable: podía llegar a ser posible que tuviéramos que cancelar nuestros planes para Pésaj y nadie sabía qué podía llegar a pasar en el futuro.

Pasó un año y no puedo dejar pasar por alto el hecho de que los judíos de todo el mundo tradicionalmente observamos Purim poniéndonos máscaras. Pero esa vez las máscaras no se retiraron al concluir la festividad. Las máscaras se volvieron una necesidad. Las máscaras son obligatorias por ley. No es una costumbre de Purim sino un requerimiento a causa de la pandemia.

Aunque las máscaras de Purim y las mascarillas protectoras son diferentes, tienen una profunda conexión. Para captar su significado profundo, reflexionemos en primer lugar sobre la razón por la cual las máscaras ocupan un lugar en la celebración de Purim.

Las máscaras ocultan lo que hay detrás de ellas. Por eso las máscaras se identifican con la historia de Purim. El Rollo de Ester tiene una característica singular. Allí nos cuentan todo sobre Ester y Mordejai, pero se omite el Nombre de Dios. Dios está oculto en un libro que conmemora un milagro que claramente se le atribuye a Él. ¡Qué extraño!

Todavía más extraño es el nombre de la persona a quien se le brindó el honor de que su nombre sea el título del libro. Hasta el día de hoy se lo conoce como Meguilat Ester o el 'Rollo de Ester'. El Talmud formula una pregunta peculiar: ¿Dónde encontramos a Ester en los Cinco Libros de Moshé? La pregunta no tiene sentido. La Torá precede a Ester por muchos siglos. No hay manera en que Ester pueda llegar a encontrarse en la Torá. Sin embargo, el Talmud responde que hay un versículo bíblico que alude a ella y a su significativo rol como la salvadora del pueblo judío del plan genocida de Hamán en Persia. En Deuteronomio 32:20, Dios le dice proféticamente al pueblo judío que llegará un momento en el cual "Yo ocultaré de ellos Mi rostro". En hebreo, esta frase es haster aster, que tienen la misma raíz que el nombre Ester. Ese fue el genio de los sabios talmúdicos. Ellos reconocieron que Ester era una forma "oculta" de identificar la presencia de Dios.

En la Meguilá —supuestamente la historia de un milagro que Dios hizo Su Nombre está ausente, oculto por innumerables "coincidencias" que en verdad son el resultado de la intervención Divina oculta. La misma palabra 'meguilá' no sólo implica un rollo sino también 'revelar'. La mitzvá de leer Meguilat Ester en un sentido más profundo viene a inspirarnos a descubrir a Dios cuando Él elige ponernos a prueba manteniéndose oculto.

Cuando Dios usa una máscara, nuestra tarea es reconocer Su presencia incluso cuando no podemos distinguir claramente Su rostro.

Hay momentos en los que Dios usa una máscara y nuestra tarea es reconocer Su presencia incluso cuando no podemos distinguir claramente Su rostro.

Purim no es como Pésaj. Los milagros de Pésaj fueron claros e indisputables. Purim requiere un nivel mayor de sabiduría y entendimiento. El Talmud dice que todas las festividades eventualmente serán eliminadas, excepto Purim. Purim es el paradigma de nuestro desafío de mantener la fe incluso cuando Su rostro está oculto detrás de una máscara de aparente indiferencia hacia nuestro sufrimiento.

Tenemos que recordar que los judíos de la historia de Purim pasaron años de agonía como espectadores de eventos atemorizantes. El festín en Shushán que encontramos al comienzo de la Meguilá, tuvo lugar cuando el rey celebró su conquista de los utensilios sagrados del Templo. La elevación de Hamán y su plan genocida contra el pueblo judío se desarrolló a través de un largo período que sin duda puso a prueba la fe en Dios y en Su constante presencia.

Ahora hemos pasado un año de estrés, incomprensión y agonía. En este año espantoso nos dejaron algunos de nuestros "gigantes espirituales". Las familias fueron testigos de la muerte prematura de sus seres queridos, a veces de forma terriblemente dolorosa. El mundo ha cambiado en muchas formas, tanto que apenas podemos comenzar a contarlas, ni siquiera podemos tomar completa conciencia de su alcance ni de su influencia en el futuro.

En este primer aniversario de la pandemia que coincide con Purim, reafirmemos que a pesar de no entender, continuamos teniendo fe. Como en Purim, a veces Dios se pone una máscara y oculta Su presencia y Su propósito. Pero como nos enseña Purim, también los milagros de salvación son parte de la historia, y tenemos la certeza de que llegará el día en que las mascarillas ya no ocultarán la presencia de Dios ni necesitaremos usarlas, cuando lleguemos muy pronto a conquistar la pandemia.