“Un resumen breve de cada festividad judía: ellos trataron de matarnos. Nosotros ganamos. Vamos a comer”. Así bromeó el comediante Alan King y, por cierto, parece que estaba pensando en Purim. Hamán quiso aniquilar al pueblo judío, pero entonces el marionetista Divino tiró unos cuantos hilos mágicos tras las bambalinas y el resultado fue simplemente espectacular: nuestro nefasto adversario fue colgado, matamos a muchos enemigos y uno de los nuestros llegó a ser el segundo al mando de todo el reino.

Por supuesto que hubo muchas razones para celebrar, y Purim se celebra con banquetes con mucho vino y (sorprendentemente) ebriedad judía. ¡Incluso tenemos nuestra propia versión de un baile de disfraces! ¡Y todo esto se considera una mitzvá!

¿Es esta realmente la forma de celebrar? Todavía más, ¿es esta la forma judía de celebrar?

Purim en la cúspide

Para que no pensemos que la celebración de Purim es insignificante en comparación con nuestro sagrado Iom Kipur, el elevado Día de expiación, el famoso Arizal, basado en el texto místico del Zohar, nos recuerda que es exactamente al revés. El momento más destacado de las Altas Fiestas se llama “Iom HaKipurim”, el día que es como Purim (kiPurim). Esto resalta que Purim es la festividad que se encuentra sobre el pedestal de las fiestas judías. Podemos alejarnos de los placeres físicos y pasar la mayor parte del día absortos en fervientes plegarias angelicales. Sin embargo, toda esa abstinencia y trabajo duro de un Iom Kipur está en un segundo plano en relación al alegre Purim.

¡Aquí hay algo que no se entiende!

El contraste de Iom Kipur/Purim

Iom Kipur es crucial. Un día al año debemos salir de nuestro medio mundano, elevarnos por encima de los seductores placeres del mundo físico. Sin el Día de Expiación anual, un día enfocado en la introspección, el arrepentimiento sincero y el esfuerzo por parecernos más a la Corte Celestial, probablemente terminaríamos sofocados espiritualmente por nuestra constante autosatisfacción. Iom Kipur sirve como una necesaria llamada de atención respecto a nuestra verdadera vocación espiritual y nuestra misión en la vida.

Pero, simplemente, no es posible vivir en ese escenario en medio del ajetreo de la vida cotidiana, atrapados en las garras de nuestras carreras, la vida familiar y las necesidades físicas que todos compartimos. Iom Kipur nos permite sentir el sabor de una percepción mucho mayor del mundo que nos rodea. Un sabor dulce, pero extremadamente difícil de sentir a largo plazo una vez que bajamos de nuestro estado similar a los ángeles y nos vemos forzados a enfrentar nuevamente nuestra humanidad.

Cuando llega Purim nos encontramos con el lado opuesto de la moneda Iom Kipur/Purim. Adelante: toma un trago. Y otro más o tres más… Disfruta del suntuoso banquete. En otras palabras, puedes ser humano… Y puedes ser una parte real de este mundo físico con las delicias mundanas que tiene para ofrecer. Pero a pesar de todo, deja salir a tu verdadero “yo”.

En Purim aprendemos a acceder a la alegría de los milagros del día, la euforia vivida por aquellos judíos que años atrás fueron testigos de la mano oculta de Dios que protegió a Su pueblo con un milagroso giro del destino. Observamos el mundo y, a veces, nos cuesta ver la intervención constante de Dios en nuestro beneficio; quitarle su camuflaje a la madre naturaleza y dejar que se manifieste la Presencia Divina que produjo y sigue dirigiendo su maravillosa actuación: cada acto, cada escena, cada segundo del día.

Cuando llega la época de Purim, participamos activamente en los placeres de este mundo mientras intentamos, una vez más, comprender que el mundo físico que nos rodea, con todas sus aparentes coincidencias, no es nada más que una fachada que esconde innumerables milagros. Nos embriagamos principalmente como un medio para revelar el “yo” verdadero, que está escondido debajo de las capas protectoras que intentamos levantar. El verdadero “yo” (esperemos que sólo el lado sagrado) se soltará a medida que el alcohol haga efecto, mientras las máscaras y los disfraces de Purim protegen nuestra apariencia externa, la parte que nunca puede expresar realmente nuestro “yo” verdadero.

Si Purim nos revela Quién está realmente tras las bambalinas del escenario del mundo, entonces nos debemos a nosotros mismos la revelación de la persona verdadera que habita dentro de nuestro ser exterior. Y esto, por cierto, lo podemos aprovechar también durante el resto del año.

De regreso al Gan Eden

A esta dicotomía de Iom Kipur/Purim se alude al comienzo de Génesis. Adam y Javá son colocados en el Jardín del Edén, rodeados de una belleza incomparable. Aparentemente les dan un solo mandamiento: no comer del Árbol del Conocimiento.

Sin embargo, como afirman muchos comentaristas, en verdad hubo también otro mandamiento: “De todos los árboles del jardín comerán” (Génesis, 2:16). No era solamente un permiso, sino más bien un verdadero mandamiento de disfrutar las magníficas delicias que tenían frente a ellos. Esta mitzvá es la base de la intrigante frase del Talmud Ierushalmi: “En el futuro tendremos que responder ante Dios por todo lo que nuestros ojos vieron (en Su mundo, con todo lo que tiene para ofrecer) y no lo disfrutamos”. (Kidushín, 4:12, comentario del Meshej Jojmá).

Como todos sabemos, Adam y Eva fallaron en cumplir el mandamiento de abstenerse de comer del Árbol del Conocimiento. Pero ellos también fallaron con respecto al mandamiento positivo de comer de todos los otros árboles como una mitzvá real. Quizás podemos sugerir que el valioso regalo que nos hizo Dios de la moneda de dos caras de Iom HaKipurim y Purim, nos da la oportunidad de expiar por estos dos graves errores.

En Iom Kipur aprendemos cómo abstenernos de alimentos y bebidas, además de otros placeres mundanos. Aprendemos que hay un momento y un lugar para todo, tratamos de hacer todo lo posible por aplicarlo, y ciertas cosas sin duda quedan prohibidas. Nos elevamos para asemejarnos al Adam espiritual en el Jardín del Edén, e intentamos rectificar su grave error de desobedecer el mandamiento de Dios. Dicho sencillamente, es un momento para trascender el mundo físico que nos rodea.

Damos vuelta la moneda y encontramos a Purim, un día que nos da la oportunidad de expiar por el pecado de desobedecer el mandamiento positivo de disfrutar de todos los otros magníficos árboles. En Purim tenemos las mitzvot de comer un banquete festivo y beber mucho vino. Dios nos creó humanos, con necesidades y deseos humanos, pero nuestra actitud debe ser que hacemos todo lo posible por aprovechar y disfrutar, por consumir y beber, porque esa también es la voluntad de Dios. Disfrutar de Su mundo y sus placenteros tesoros. Pero sólo si reconoces Quién es la fuente de todo esto y que Dios le dio al hombre mortal estos regalos como un medio para acercarse a Él, también a través de Su mundo físico.