Hay algo muy curioso en la historia de Purim. La historia es muy apasionante y está llena de suspenso. Los eventos principales ocurren en el momento oportuno. La Mano guiadora de Dios es claramente visible. Además, al igual que en toda buena historia, la salvación llega en el momento proverbial.

Sin embargo, hay algo que falta. Si miramos bien, advertiremos que los héroes de la historia no hacen casi nada. De hecho, la mayoría de los eventos de la historia simplemente ocurren, en lugar de ser ellos quienes los provoquen. Ester es llevada al palacio en contra de su voluntad. No hace nada para mejorar su aspecto y, de todos modos, es elegida reina. No le cuenta a Ajashverosh sobre su ascendencia judía. Luego reporta el complot en contra del rey, no en su nombre sino en el de Mordejai. Finalmente, en el clímax de la historia, se acerca a Ajashverosh de mala gana, después de la segunda vez que Mordejai instó a que lo hiciera, para pedir la salvación de su pueblo.

Purim parece más una historia de ‘estar en el lugar indicado en el momento indicado’ que una de acción proactiva. Es casi como si una historia maravillosa se desplegara alrededor de los personajes principales en lugar de que ellos hagan algo en ella.

Y esa es la clave de la historia. Analicemos en profundidad.

Quisiera adelantarme hasta lo que creo es el punto crucial de la historia de Purim (también creo que estos son algunos de los versículos más difíciles en toda la Torá).

El decreto malvado de HHamán es inminente. La destrucción masiva de todo el pueblo judío ha sido decretada. Mordejai le envía un mensaje a Ester, instruyéndole acudir donde el rey de inmediato para, al menos, revelar su ascendencia y rogarle al rey que perdone a su pueblo.

Esther responde como sigue (4:11, parafraseado):

“Todo el mundo sabe que a ningún hombre ni mujer se le permite acudir ante el rey, en su patio interior, sin haber sido convocado antes. Osar algo así puede ser castigado con la muerte, a menos que el rey extienda su cetro de oro en clemencia. El rey no me ha llamado en 30 días”.

En otras palabras, es mucho más inteligente esperar a ser llamada. Eso no ha ocurrido durante un tiempo; es muy probable que ocurra en cualquier momento. Si me acerco sin ser invitada, en el peor de los casos seré asesinada. En el mejor, ya le deberé mi vida al rey. Sería un momento muy poco auspicioso para pedir otro gran favor.

Una sugerencia razonable. Después de todo, el decreto de Hamán no entraría en efecto sino hasta después de un año. Entonces, ¿por qué Mordejai responde (versículos 13-14, también parafraseado)?

“No creas que escaparás al destino de los judíos por estar en la casa del rey. Si permaneces silente, el alivio y la salvación llegarán para los judíos desde otro lugar, y tú y la casa de tu padre morirán”.

¿Eh? ¿Me perdí de algo? ¿Qué generó semejante respuesta? ¿Acaso entró en juego en algún momento la relativa seguridad de Ester en el palacio?

La respuesta de Mordejai sería entendible si, en un principio, Ester hubiera respondido así: “Sabes, Mordejai, realmente te comprendo a ti y al resto de los judíos. Sin embargo, personalmente, estoy a salvo en el palacio. No es mí problema; es tuyo. Como no siento tanta presión, creo que esperaré para acercarme al rey hasta que sea un poco más conveniente”.

Si Ester hubiera dicho algo como eso, la dura respuesta de Mordejai hubiera sido adecuada. “¡Tú tampoco estás a salvo! ¡Debes actuar como si este problema fuese tan serio para ti como lo es para el resto de nosotros!” ¡Pero eso no es lo que dijo Ester! Quizás Ester había colocado los intereses de la nación como su prioridad número uno; lo único que hizo fue sugerir que se eligiera un mejor momento. ¿Acaso Mordejai la malentendió? Parecería que estuvieran hablando sin oírse uno al otro en lugar de estar comunicándose.

Pero estaban comunicándose; ahí está la clave de toda la historia de Purim.

Ester creyó que ellos salvarían a Israel. Necesitaba hacer las maniobras correctas en el momento correcto. Pensó que dependía de ella. Tenía que planear todo muy cuidadosamente; acercarse al rey en el momento justo.

Mordejai era diferente; él veía más allá. No eran ellos los que salvarían a Israel; la salvación vendría exclusivamente de Dios. Los villanos en la historia eran, a pesar de toda su pompa y gloria, un grupo de gente insignificante. Hamán, durante la mayoría de su carrera, fue un peluquero (Talmud Meguilá 16a). Ajashverosh era una persona común; en realidad, un trabajador de establo que jamás mereció ser rey (ibíd. 11a, 12b). Eran meros peones manejados por Dios para incitar el arrepentimiento de Israel. Y si nos arrepentíamos, entonces a pesar de todo su presunto poder y apariencia temerosa colapsarían como un castillo de cartas.

De hecho, Mordejai nunca quiso acercarse a Ester (4:4). Ester le envió prendas reales para que reemplazara su arpillera y así pudiera entrar al palacio. Mordejai se rehusó a tomarlas, quería hacer una sola cosa: arrepentirse ante Dios. Si eso ocurría, los decretos de nuestros enemigos no harían ninguna diferencia.

“Tú no vas a salvar a Israel, Dios lo hará. Pero puedes elegir ser parte de ello”.

Finalmente, Ester envió un mensajero a Mordejai para preguntarle lo que pasaba y qué podría hacer ella. Entonces, Mordejai respondió: Ve donde el rey. “Tú no salvarás a Israel, Dios lo hará. Pero si realmente quieres ser parte, puedes convertirte en un engranaje del Plan Maestro de Dios, tu ayuda es bienvenida. Tú no salvarás a Israel, pero serás voluntaria para convertirte en una herramienta que Dios utilizará para traer la salvación”.

Ester vio el mundo exterior y tomó las palabras de Mordejai en serio. Pensó que Hamán estaba amenazando a los judíos. Pensó que Ajashverosh podía salvarlos (si los judíos encontraban gracia ante sus ojos). Pensó también que ella sería quien lo haría, si utilizaba su posición e influencia (estando en la casa del rey) y actuaba en el momento indicado.

Mordejai respondió que todos los eventos son simplemente la mano de Dios actuando a través del mundo natural y la humanidad. Debemos ver a través de la pantalla del mundo físico para superar el desafío que éste presenta. “No creas que estás a salvo en el palacio o que te convertiste en reina por alguna otra razón. Dios nos salvará igual, siempre y cuando lo merezcamos. Nunca te pedí que nos salvaras, que idees planes complicados para influenciar al rey de la mejor manera. Lo único que te pedí es que te dejes manipular por los eventos orquestados Divinamente, que permitas pasivamente que Dios actué a través de ti”.

De hecho, Mordejai le dijo más: Acude ante el rey, en el peor momento posible, (él estará enojado contigo por entrar a su morada sin permiso). El pueblo se ha arrepentido, este es el momento indicado. Están listos para la intervención Divina. Si bien en la tierra este es el peor momento para acercarse al rey, en el cielo es el momento ideal. La salvación de Purim ocurrirá cuando reconozcamos que el cielo es lo único que importa.

El nombre de Dios no es mencionado en el Rollo de Ester ni una sola vez. No hay milagros abiertos, no lo vemos en la superficie. La clave de la historia de Purim es ver detrás de las cortinas. Sólo cuando reconozcamos que incluso los eventos más mundanos, más naturales de este mundo, son una forma que Dios utiliza para comunicarse con nosotros, podremos vencer a los enemigos que nos amenazan tanto desde afuera como desde nuestro interior.