En el año 370 AEC, los judíos del imperio persa fueron salvados de la aniquilación a manos de Hamán, el malvado consejero del rey Ajashverosh. Cada año celebramos en Purim nuestra salvación leyendo el Libro de Ester, enviando regalos a nuestros amigos y a los pobres, disfrutando una comida festiva y, por supuesto, emborrachándonos "hasta que no sepamos diferenciar entre ‘bendito es Mordejai’ y ‘maldito es Hamán’" (Talmud Meguilá 7b).

Espera un minuto. ¿Emborracharse? ¿Por qué? ¿Es acaso Purim la versión judía de una fiesta juvenil? ¿Cuál podría ser la razón detrás de una obligación tan extraña – beber hasta no distinguir entre el recto líder de los judíos y su malvado adversario?

En realidad, Purim es mucho más que una historia sobre el triunfo del bien sobre el mal; es la historia de la supervivencia del pueblo judío en lo que para ellos era un mundo completamente nuevo. Exiliados por primera vez en su historia, los judíos del imperio persa estaban cautivos en una tierra extraña, sin soberanía, Templo, profecía, sacerdotes, ejército ni rey – y, como corolario, enfrentaban una amenaza mortal a su existencia. De hecho, parecía que habían sido completamente abandonados por Dios (lo cual, de acuerdo a nuestra tradición, es la razón por la que en todo el Libro de Ester no es mencionado ni una vez el nombre de Dios).

Entonces, ¿cómo respondieron los judíos ante esta difícil situación? No podríamos culparlos por sentirse abandonados o por preguntarse "¿Dónde está Dios?". Pero, sin embargo, su respuesta fue completamente diferente. En lugar de dudar, eligieron entender su situación como una respuesta a sus propios errores y, como resultado, ayunaron y se arrepintieron. En lugar de perder la esperanza, eligieron ver los eventos como parte de un plan superior y, para el final de la historia, ese plan superior fue revelado en un irónico giro de la narrativa, demostrando claramente que lejos de estar ausente, Dios estuvo en control todo el tiempo, orquestando cada movida hasta tal punto que Hamán y sus diez hijos terminaron siendo colgados en las mismas horcas que ellos habían preparado para Mordejai.

Purim demuestra que la realidad no es lo que aparenta ser. Hay alguien dirigiendo el show, sólo que se está escondiendo. Nada es aleatorio; incluso el mayor mal o sufrimiento, más allá de lo difícil que pueda ser de comprender, es al final de cuentas parte de un plan superior.

Artículo Relacionado: Ahora Ves a Dios, Ahora No.

Pero la pregunta más grande sigue presente: ¿Por qué Dios esconde Su rostro mientras lleva a cabo Su plan?

Quizás la respuesta yace en lo que podría considerarse el clímax de la historia de Purim, cuando Mordejai, el líder de la comunidad judía, le dice a su sobrina, la Reina Ester, que debe revelarle al rey su identidad verdadera e implorarle que salve a su pueblo del decreto de Hamán. Cuando Ester le recuerda que si se acerca al Rey sin una invitación puede ser ejecutada, Mordejai le responde de una manera sorprendente. En lugar de pedirle que utilice su poder e influencia, como hubiésemos esperado, le dice con calma:

"No creas que podrás escapar, en el palacio del rey, más que cualquier otro judío. Porque si te mantienes en silencio en un momento como este, el alivio y la salvación vendrán a los judíos desde otro lugar, mientras que tú y la casa de tu padre perecerán. ¡Y quién sabe si fue sólo para este momento que alcanzaste la posición real!" (Ester 4:13-14).

En otras palabras: No te necesitamos Ester, ¡tú nos necesitas a nosotros! Porque cuando Dios se oculta, por así decir, y permite que el mal asome su asquerosa cabeza, no es porque haya perdido el control de Su mundo y necesite nuestra ayuda; sino porque quiere crear una oportunidad para que demos un paso adelante y llenemos el vacío. Los desafíos e imperfecciones que experimentamos en la vida son precisamente las cosas que nos incitan a materializar nuestro potencial, lo que significa que incluso lo "malo" en nuestro mundo es, en realidad, lo mejor para nosotros.

Y esto nos devuelve al tema de emborracharnos hasta no poder distinguir entre “bendito es Mordejai” y “maldito es Hamán”. El hecho de beber en Purim no tiene el objetivo de nublar nuestra percepción, sino de profundizarla. Porque en realidad, tanto Mordejai como Hamán – el bien y el mal – son parte de un plan superior; ambos son componentes esenciales del mejor mundo posible.

Purim nos recuerda que nosotros somos quienes determinamos la calidad de nuestras vidas, y que cada uno de nosotros es capaz de ser feliz más allá de lo difícil que parezcan las cosas a primera vista. Nos inspira a mirar la vida con más profundidad y verla como realmente es: un increíble regalo y oportunidad. Pero quizás, por sobre todas las cosas, nos desafía a mirar muy adentro nuestro y reconocer que nuestros desafíos más grandes son oportunidades hechas a medida para que salgamos al ruedo y descubramos de qué estamos hechos realmente, y que entonces podamos brillar.

Les deseo un Purim alegre y significativo.

Y, por favor, ¡beban con responsabilidad!