El concepto de utilizar disfraces y de ocultar la identidad, es un tema recurrente a lo largo de Purim. Los ejemplos de identidades ocultas y de disfraces en el Libro de Ester incluyen:

  1. Cuando Ester y todas las demás candidatas para reina son llevadas al palacio, ellas reciben ropas, joyas y maquillaje a elección para utilizar cuando se presenten frente al rey.
  2. Luego de haber sido elegida reina, Ester oculta su identidad judía.
  3. La identidad de Mordejai (el hombre que salvó la vida del rey) permanece oculta – hasta el momento apropiado.
  4. El rey Ajashverosh le ordena a Hamán que vista a Mordejai con vestimentas reales y que desfile con él por las calles de Shushan.

 Disfraces y Vestimentas

La vestimenta hace una declaración acerca de quienes somos. Pero la vestimenta es solamente una forma de adorno. Al pertenecer a clubes, grupos u organizaciones particulares, también nos adornamos. Nuestras afiliaciones y asociaciones también hacen una declaración acerca de quienes somos. Así igualmente lo hacen nuestros muebles, nuestros autos y las revistas a las que nos suscribimos. Todas son manifestaciones externas de nuestro yo interno.

En Purim, alteramos radicalmente nuestra forma más fundamental de expresión externa. Reemplazamos nuestra vestimenta regular por un disfraz. Al hacer esto, no esperamos cambiar un disfraz por otro, sino penetrar debajo de las capas externas y descubrir una esencia escondida. En Purim nos vestimos como alguien que nunca podríamos ser – un rey, una reina o incluso como Hamán quien odia a los judíos. Despojados de nuestro atuendo habitual, ya no confiamos en las cualidades externas de la ropa para definirnos, sino que somos libres de explorar un mundo interno muy personal.

Las máscaras, paradójicamente, nos permiten ver quien somos realmente. Al ponernos una cara que no es nuestra, tenemos la posibilidad de mirar hacia adentro y de preguntarnos, "¿Quién soy yo entonces?".

 Si invirtiéramos tanto dolor en ser quienes debemos ser, como lo hacemos por disfrazar quienes somos, quizás pareceríamos nosotros mismos sin tener que disfrazarnos del todo. (Francois de la Rochefoucauld).

 No hay temor más debilitador que el temor de "¿Qué pensará la gente?" Nos ahogamos y nos forzamos cuando no podemos ser nosotros mismos. Todo porque tenemos miedo de lo que pensará la gente.

En este sentido, un disfraz puede ser liberador. Todo lo que necesitas es una máscara y algo de ropa vieja y nadie sabrá quien eres. Repentinamente eres libre de ser tú mismo. Puedes ir por ahí bromeando y haciendo reír a la gente. O puedes pasar tiempo visitando un hogar de ancianos (si calentar corazones solitarios es lo que te gusta). O puedes ser un rey y tratar a tu esposa como a una reina. O ser un caballo y dar una vuelta con todos los niños del vecindario. O cualquier otra cosa que realmente quieras ser – pero que no eres – debido a lo que la otra gente pueda pensar.

Y si lo haces justo en Purim, puede ser que te des cuenta que ya no te importa demasiado lo que la otra gente pueda pensar.

Disfraces y Risas

Todos tenemos un alter ego, una parte de nosotros que quisiera ser algo que no somos. Este alter ego es un adversario interno que puede frustrar nuestro mejor intento por conseguir lo que queremos lograr. A veces parece que estamos encerrados para siempre en una lucha: nosotros contra nosotros mismos.

Mi maestro, el Rabino Noaj Weinberg de Jerusalem, dice que en Purim deberías vestirte como tu alter ego – y reírte.

 ¿Quieres dedicar tus fines de semana a mejorar tu comunidad, pero sientes ganas de ir a pescar? Entonces vístete como un pescador, y ríete de ti mismo.

 ¿Quieres estar ahí cuando tus hijos te necesitan, pero sientes ganas de ver una buena película en la televisión? Entonces vístete como un sofá y ríete.

 Más allá de las comedias, hay un sentido más profundo en el hecho de reír. La risa reduce las cosas a su verdadero tamaño. Como cuando nos ponemos demasiado serios acerca de cosas o estamos excesivamente absortos en nuestro trabajo, o en nosotros mismos. En esos momentos, la risa es terapéutica. Reduce las cosas a su tamaño real y nos ayuda a ganar perspectiva.

Hamán construyó una horca para colgar a Mordejai, y repentinamente Hamán mismo fue colgado en esa horca. El día 13 de Adar había sido decretado como un día de destrucción para el pueblo judío; y en un destello se convirtió en un momento de salvación. La risa viene cuando en una secuencia predecible de eventos repentinamente ocurre lo inesperado.

Purim es un tiempo para explotar el poder de la risa. Nos damos cuenta que, sin importar cuan grises parezcan las cosas, nunca debemos perder la esperanza. Cuando nos vestimos como nuestro alter ego, como un sofá, una reina de belleza, o el presidente de los Estados Unidos, nos reímos, y reducimos nuestro Némesis a su tamaño real.

Extracto de "One Hour Purim Primer", por Rabino Shimon Apisdorf. www.leviathanpress.com