Siempre he pensado que Rosh HaShaná es un poco confuso. Solemne, pero festivo. Conmovedor, pero da miedo. Inspirador, pero algo intimidante.

Pero hay una faceta de este santo día que es tan clara como el llamado mismo del shofar – es un día de oportunidad para cercanía con Dios. Algunos la encuentran a través de la introspección, otros a través de la meditación. Para otros, el rezo es el medio elegido, mientras que para otros son los toques del shofar que penetran a través de las cortinas de lo mundano. Pero para muchos de nosotros, la cercanía nunca llega realmente, y la decepción es palpable.

La clave para sacar lo máximo de cualquier experiencia es preparación antes del evento. No puedes esperar saltar de la ducha al shul e instantáneamente sentirte santo. Simplemente no funciona así.

No puedes esperar saltar de la ducha al shul e instantáneamente sentirte santo.

Con eso en mente, este año decidí hacer algo práctico para ponerme "a tono". Pura reflexión y contemplación no estaban funcionando.

Siendo un nativo de la jungla de asfalto llamada "Manhattan", yo me impresiono demasiado fácil con cualquier cosa que crezca y que tenga tono verde. Muéstrame un impresionante pedazo de césped artificial y quizás me verás recitando algún tipo de sagrada bendición. Necesitaba elevar la vara.

Así que hice planes de visitar las pintorescas Montañas Bocono en Pensilvania Oriental. Había estado ahí antes y siempre había apreciado el increíble paisaje y las maravillas celestiales. Quizás eso funcionaría. Quizás al presenciar las maravillas de la naturaleza de Dios, esa cercanía especial estaría a mi alcance.

Era, gracias a Dios, un glorioso martes cuando mi esposa y yo nos embarcamos en nuestro VPEI (Viaje para estar inspirado), también conocido como Cataratas de Bushkill. La Cámara de Comercio de este excelente Estado ha considerado apropiado describir esta atracción como El Niágara de Pensilvania. Mmm…

Nos estacionamos, buscamos la cámara que mi esposa (no yo…nunca yo) olvidó, compramos dos botellas de agua por unos USD $150, y nos preparamos para "conectarnos".

Nuestra primera tarea fue elegir qué sendero recorrer. Iban desde Azul (la caminata más corta), hasta Rojo (la más larga). Escogimos Amarillo y comenzamos. Como este no es un documental de viajes, me voy a saltar los detalles innecesarios. Bushkill en realidad contiene ocho "cataratas" diferentes. La mayoría de ellas son pequeñas, así que nos concentramos en la principal. Es en realidad bastante linda. Ves las cataratas desde lejos al principio del sendero, y caminas por una serie de escaleras en espiral y puentes, acercándote cada vez más a las cataratas.

La temperatura en el área del desfiladero es bastante fresca y el sonido del agua corriendo agrega un tranquilizador elemento al sereno ambiente.

"¿No es esto… ehh… agradable?", le dije a Temmy.

"Supongo", dijo ella.

Cuando llegamos al final y estábamos lo más cerca posible de las cataratas, creo que detecté un débil rocío en el aire. No era el barco "Maid of the Mist".

"Bueno…" comenté.

No hubo respuesta.

Nos quedamos ahí lo más que pudimos y comenzamos nuestro asenso a la eventual salida. No necesitaba ser genio para entender lo que Temmy estaba pensando, porque yo estaba pensando lo mismo. Después de todo, este era un VPEI.

"Este es un lugar muy lindo, pero ¿¡EL NIÁGARA DE PENSILVANIA!?".

No estaba seguro si el publicista que inventó aquel concepto debería ser despedido o promovido, pero con certeza no quería conocerlo. ¿Pintoresco? Sí. ¿Relajante? Supongo. Pero, ¿inspirador? No exactamente.

Subimos de regreso hacia la cima de las cataratas y hablamos de varios temas. No hace falta decir que las palabras Rosh HaShaná no fueron mencionadas.

El sendero termina en la cima de las Cataratas. Yo ya había declarado la experiencia como algo entre decepcionante y “está bien”. El cartel de salida con la tradicional flecha apuntaba hacia mi izquierda. Pero mi ojo vio algo. Era pequeño. Era sutil. Pero era profundo.

Estábamos parados sobre las Cataratas. Podíamos ver desde donde se originaba el agua. El agua se estaba moviendo lentamente a través del bosque. Era, supongo, lo que se llama “un arroyo”. Las piedras causaban que el agua se dispersara en muchos canales diferentes, todos moviéndose tan lentamente hacia el borde del acantilado. Sin propósito; sin dirección. Pero entonces, todos los canales como que se angostaban en ese borde. Y cuando las aguas chocaban con el borde, ellas simultáneamente caían en cascada sobre las formaciones de roca naturales en un apurado torrente.

Quieres crear una catarata, pero tienes que empezar de a poco.

Nos quedamos ahí… fijos. Cuando vimos las cataratas, no estuvimos particularmente impresionados. Después de todo, estábamos esperando una experiencia tipo Niágara. Pero ver la fuente y ver como estas cataratas se producían, fue otra historia.

Nos sentamos en una banca y contemplamos el pequeño arroyo. No dijimos nada. Era tan simple y pacífico, sin pretensiones. Y entonces hablamos de Rosh HaShaná… finalmente.

Las personas siempre hablan acerca de hacer grandes cambios - resoluciones de Año Nuevo.

"Quiero perder 20 kilos".

"Quiero terminar todo el Talmud".

"Voy a pasar 90 minutos de tiempo de calidad con mi hija cada noche".

No funciona. Nunca funciona. Y si funciona se extingue. No tienes alternativa. Debes empezar de a poco. Quieres crear una catarata… quizás un Niágara, o incluso un Bushkill. No pasa así no más.

Necesitas un arroyo y unas cuantas piedras. El agua tiene que avanzar y deambular y lentamente llegar a su destino. Y entonces… cuando el momento es apropiado… puede chocar y salpicar y hacer zum y convertirse en algo.

Casi lo perdimos, pero tuvimos nuestro “Viaje para estar inspirado”.

Y espero que tú también lo tengas.

Anda lento y que tengas un maravilloso e inspirador Año Nuevo.

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