Una de las fotografías más desgarradoras que he visto, apareció en la revista Newsweek. La cámara captó brevemente una vida que había, en muchos sentidos, desaparecido antes de comenzar. Un niño, que no puede haber tenido más de tres o cuatro años de edad, estaba cargando materiales de construcción. Podríamos llamarlo un preescolar; en la Sudan de hoy en día él – y sus padres – son esclavos.

Él puede ser comprado por cualquier persona; alguien lo miró y vio dos brazos que crecerán largos y fuertes. No es probable que hayan visto una mente o un alma. En la entrevista de la revista Newsweek, el niño no tenía idea del nombre de su país o de su aldea. Mirándolo desde mi casa en Jerusalem, hice luto por su niñez, bastante más de lo que él pudo haber hecho. Desee en silencio que de alguna manera él pudiese regresar a sí mismo y aprender que es más que sus dos fuertes brazos.

Nuestra desconsiderada esclavización a la mecánica rutina, puede dejarnos sin mucha relación con nuestras almas.

En el curso de nuestras vidas, cerramos las puertas a ser más elevados y profundos, y a veces olvidamos que nosotros, también, somos más que asalariados, compradores, y viajeros por la vida. Nuestra desconsiderada esclavización a la mecánica rutina, puede dejarnos sin mucha relación con nuestras almas. En una sociedad materialista, es demasiado fácil ver a los demás como competidores. Como niños, observamos que cuando tienes tres galletas y regalas una, todo lo que te queda son dos. Desde ese punto en adelante tenemos miedo de entregar.

El problema es que el alma, a diferencia del cuerpo, prospera a través de la entrega, y del amor que es su resultado.

Además tendemos a volvernos tan egoístas que el Dios que todos intuitivamente conocemos de niños (los niños casi siempre creen en Dios, a menos que sean enseñados a no hacerlo) se vuelve cada vez más alejado de nuestra conciencia. Actuamos como si fuéramos más que simples creaciones. Esto altera nuestro sentido de dependencia en el Creador y la correspondiente comprensión, de que somos receptores de interminables regalos gratuitos. Terminamos siendo amorales, sin nadie a quien rendirle cuentas por nuestras vidas. Como el niño en la revista Newsweek, no sabemos donde estamos o quien podríamos ser.

La solución es la teshuvá, que significa "retorno" (no "arrepentimiento" o "hacerse más religioso"). A través de la teshuvá aprendemos a reestablecer una relación como creaciones de Dios. Es un modo mediante el cual aprendemos quienes somos y donde estamos.

¿Cómo funciona? Estos son los tres pasos principales. Revisémoslos uno a uno.

Confesión

El primer paso es la confesión a Dios. En términos concretos, esto significa examinar nuestras vidas y admitir honestamente nuestros errores y la posibilidad de haber desperdiciado oportunidades de crecimiento.

Un método para hacer esto es dividir nuestra vida en periodos (niñez, adolescencia, años de adulto joven, matrimonio, carrera, años de padres, mediana edad, etc.). Dedica tiempo con un cuaderno, revisando cada periodo. La pregunta que debes hacerte a ti mismo es: "¿Qué aprendí de esto?" – no: "¿Cómo me sentí?" ni tampoco: "¿De quién es la culpa?" ya que son irrelevantes para nuestro proceso.

Podemos examinar los efectos de nuestras experiencias positivas – es decir, Cuando fui voluntario en el campamento para niños con necesidades especiales, aprendí que la gente es bella en más formas de las que había conocido. O los efectos de las negativas – es decir, Cuando veo la cara de mi madre hoy en día, mientras pienso en lo que ocurrió cuando tenía 16 años, luego de que dije aquello que sabía que le llegaría tan profundo como una puñalada, se cuán poderosa se siente la destrucción, y cuán dañina es para todos nosotros.

Este proceso puede tomar unas cuantas horas, y puede ser apropiado dividirlo entre varios días. Cuando concluyas, revisa lo que has aprendido. Cuando veas las cosas negativas que has hecho, busca patrones. ¿Es la impulsividad la razón de que hayas tomado malas decisiones? Quizás el culpable es una insaciable necesidad de encontrar validación. (Recuerda, si este es el caso, no estamos buscando culpar a nadie. Estamos intentando descubrir nuestro yo más elevado y auténtico).

Una vez que tengas una idea de cómo son los patrones, puedes confesar no sólo las acciones por las que te arrepientes ahora, sino también por las causas subyacentes a la elección de aquellas acciones.

Con la teshuvá, Dios abre puertas que podemos haber cerrado hace años, borrando el impacto negativo de nuestras elecciones.

El propósito de esta confesión no es decirle a Dios algo que Él no sabe. Es ayudarnos a nosotros a recobrar nuestra identidad, a través de vernos a nosotros tal como somos, y pedirle a Dios que nos ayude a curar el daño que nos hemos hecho.

Nosotros no podemos borrar las huellas de nuestras elecciones, pero Dios creó la teshuvá incluso antes de haber creado el mundo. Es la única creación que no está sujeta a la regla de que "el tiempo solamente fluye en una dirección". Cuando hacemos teshuvá honesta, Dios revierte el tiempo y abre puertas que podemos haber cerrado hace años, borrando el impacto negativo de nuestras elecciones.

Remordimiento

El segundo paso es el remordimiento, el cual supone una disociación de los patrones negativos al punto en que ellos sean desmitificados y repugnantes. Veamos dos escenarios para comprender porque el remordimiento es tan esencial en el proceso de retorno.

Escenario 1: Oscar era un implacable cazador de mujeres. Como estudiante universitario, su presa era cualquier niña que le resultara atractiva. A medida que fue ganando más edad, fue dándose cuenta de que quería obtener la estabilidad de la vida de casado y se casó con Betty. La semana pasada se encontró con Marcos, su antiguo compañero de cuarto, en la sala de espera del aeropuerto. Ambos se dirigían a México en un avión que estaba retrasado. Mientras se ponían al día de la vida de cada uno, y recordaban sus días universitarios, a Oscar le dio nostalgia sobre sus conquistas de macho.

Escenario 2: El mismo comienzo que el escenario 1, pero con una diferencia crítica: Una noche, después de que los niños se habían ido a la cama, Betty se sinceró con él y le dijo como otros hombres la habían tratado como un objeto, y como ella nunca había confiado en nadie hasta que lo conoció a él. Esa noche, Oscar no pudo dormir. Se dio cuenta de cuanta desilusión y desconfianza había sembrado, y cuanto dolor había dejado tras de sí. Cuando se encontró con Marcos más adelante en la semana, la última cosa de la que quería hablar era de su pasado. Era algo con lo que él tenía que lidiar, y el momento y el lugar definitivamente no eran en la sala de espera del aeropuerto.

El remordimiento nos lleva a liberarnos de la prisión de la conducta auto-limitante. La culpa lleva a la parálisis.

Remordimiento y culpa no son la misma cosa. La culpa genera una parálisis. El remordimiento crea una redefinición. La culpa es pasiva – es decir, No puedo lidiar con esto en este momento. Creo que comeré chocolate y me iré a dormir. El remordimiento es activo (eventualmente Oscar llamó a su rabino y le preguntó acerca de cual debería ser el siguiente paso). El remordimiento nos lleva a liberarnos de la prisión de la conducta auto-limitante. La culpa no lleva a ningún lado, y es tan desagradable que tendemos a culpar a cualquiera que esté disponible – solamente para liberarnos a nosotros de su violento apretón sobre nuestras almas.

Resolución de cambio

El tercer paso es hacer cambios dentro de ti que sean tan reales que produzcan la desaparición paulatina de los patrones antiguos. Eventualmente llegará el día en que las elecciones anteriores dejarán de ser atractivas. Esto es análogo a cuando dejamos de morder a un amigo que nos molestaba, como era común a la edad de dos años.

¿Cómo cambiamos nuestros patrones? Hay varias formas que son recomendadas por diferentes sabios a lo largo de los siglos. Ninguna de ellas está pensada para ser la "Única Forma". Utiliza lo que sea que sirva para ti, y reconoce que mientras cambias, métodos que fueron útiles en una época de tu vida, puede que no lo sean para siempre. Necesitaras cambiar de métodos de vez en cuando.

Método 1: Contabilidad diaria

Este método fue desarrollado por los Baalei Musar (éticos) del siglo XIX:

  1. Una vez que identifiques tus patrones, y detectes que características son la causa subyacente de tus errores, aprende tanto como puedas de la característica. Por ejemplo, si encuentras que una y otra vez la ira ha sido la causa de tus malos juicios, de los cuales te arrepientes profundamente, intenta leer el libro del Rabino Zelig Pliskin "Anger: The Inner Teacher" (Ira: Un Maestro Interno). Si hay varias características problemáticas, puede que tengas que leer bastante.

Si pasas mucho tiempo viajando, escuchar muchas de las clases disponibles en archivos de audio sobre cómo mejorar alguna característica personal, puede ser una inversión valiosa.

El punto de recabar información es encontrar una frase que realmente resuene. Ella deberá convertirse en tu mantra, por decirlo así. Usando la ira como ejemplo, la frase "No seas reactivo. Se la persona que quieres ser" puede decirte algo (me dice algo a mí). Si quieres trabajar en varias características personales, tendrás que tener varias frases.

  1. Compra un cuaderno (¡eso ya te hace sentir bien!). Si estás trabajando en cuatro características, comienza por estructurar cuatro páginas de la siguiente forma: En la parte de arriba escribe tu frase clave. Bajo ella, divide la página en siete secciones, dejando un amplio margen en el lado izquierdo de la hoja. Escribe los días de la semana en la parte de arriba de cada sección. En el margen izquierdo, escribe los nombres de las características en las que estás trabajando – es decir, Ira, Deshonestidad, Insensibilidad, Arrogancia (Nota que he presentado las características negativamente en vez de positivamente. La primera de la lista es la característica que encaja con la frase al comienzo de la hoja).

 

Cada día de la "semana uno", mira la frase clave a primera hora de la mañana. Repítela varias veces. Al final del día, anota la cantidad de veces en que olvidaste esa frase en el transcurso del día, marcando un punto por cada error. A pesar de que no estás trabajando en las características 2-4 tan intensamente esta semana, revisa tu día y escribe el número de errores que han ocurrido.

     

  1. La semana siguiente, pon la primera característica al final y mueve la segunda para arriba, y en un lapso de cuatro semanas, habrás tenido cada característica como la central en la lista una vez.
  2.  

  3. ¿Esto parece infantil? ¡Sí! ¿Funciona? Sí – y con impresionante rapidez. En 40 días, comenzarás a ver dramáticos resultados, incluso con características con las que has vivido toda tu vida. Por supuesto que si no continúas el proceso, los resultados desaparecen, pero es un método asombroso.

Método 2: El método de Maimónides

  1. Imagínate a ti mismo en un momento de falla debido a tu inhabilidad (o falta de deseo) de superar cualquier característica(s) negativa(s) que es la fuente de tus dificultades. Ahora imagínate a ti mismo respondiendo a la misma situación de una manera totalmente diferente. Es importante realmente visualizar estas dos escenas para que el yo emocional, el cual es movido por las imágenes, esté tan involucrado como el yo intelectual.
  2. Hazte la pregunta crítica: Dado que la brecha entre como me gustaría responder y como respondo en realidad es tan grande, ¿Qué puedo hacer hoy concretamente para reducir esa brecha? Por ejemplo, si tiendo a perder la paciencia cuando mis planes se arruinan por las decisiones de otras personas, hoy puedo decidir que sin importar cuán afectado esté, no voy a levantar la voz. A pesar de que aún no estoy cerca de solamente tener la reacción correcta, o juzgar a la gente favorablemente, esto es, sin embargo, un buen primer paso.
  3. Se cuidadoso de fijar pasos suficientemente pequeños para que sean alcanzables, y suficientemente grandes para generar realmente un cambio.
  4. Una vez que consigas el primer paso, asegúrate de tomar un segundo.
  5. Anda mas allá de donde te gustaría llegar. Por ejemplo, si tu problema es la ira, apunta a la serenidad, no meramente a "no perder el control".

Hay dos ventajas en este método. Una es que funciona, con raras regresiones. Segundo, estás trabajando de "adentro hacia afuera", lo cual te permite estar menos a la defensiva que si tuvieras que enfrentar directamente a tus demonios. La "desventaja" es que, como puedes ver, esto requiere un compromiso a largo plazo.

Método 3: Recurre a Dios

Este tercer método es radicalmente diferente a los otros dos. Es el método más recomendado por los maestros jasídicos.

Recurre a Dios directamente, abiertamente, apasionadamente, en tu propio lenguaje.

No te enfoques en ti mismo. No hagas tablas de conducta. Recurre a Dios directamente, abiertamente, apasionadamente, en tu propio lenguaje. Pídele que te libere de la prisión que has levantado a tu alrededor. Cuéntale donde has estado, que has hecho, y como sabes que te has hecho un gran daño a ti mismo y a los demás. Cuéntale de las veces en que has intentado cambiar y fallaste, y como reconoces que Él te quiere y te ha dado vida, y que sólo Él puede ayudarte.

Haz de esto una práctica diaria en la que lo incluyas a Él en cada aspecto de tu camino.

El último mes del calendario hebreo, Elul, es llamado el Mes de la Compasión y del Perdón. Es un tiempo en el que tenemos mayor capacidad de acercarnos al Dios que durante cualquier otro mes del año. Es un tiempo en el que podemos retornar. Ya que se acerca Rosh Hashaná, utilicemos el tiempo para acercarnos también a otras personas con compasión, y verlas a ellas de la forma en que a nosotros mismos nos gustaría ser vistos por Dios. Pidamos perdón de aquellos a los que hemos hecho daño, y a través de esto, llenemos nuestro mundo de compasión y cortesía.

En memoria de mi padre,
George Herman Kestel