Nuestra familia fue a la feria estatal de Michigan. Todo comenzó de maravilla. Nuestras dos hijas mayores se subieron a la rueda de la fortuna con mi señora, mientras yo me quedé con el bebé en su cochecito e intenté derribar una estrella roja con una ametralladora automática en un puesto de la feria. Vimos un espectáculo de acróbatas, subimos al carrusel, tomamos una cantidad enorme de gaseosa y vimos a nuestros hijos dar vueltas en motocicletas hasta que todos estaban mareados.

La mejor parte fue el zoológico de mascotas. Yo me agaché con mis hijas y observé el deleite en sus rostros. Les expliqué como el chaleco de papá estaba hecho de lana de oveja, y luego tocamos “el chaleco de la oveja”. El lazo de unión que sentía con mis hijos en ese momento era sobrecogedor. Me dirigí a mi señora y le dije: “De esto se trata la vida”.

Pero después de cocinarnos al sol por un par de horas, los niños comenzaron a quejarse. Había un flujo continuo interminable de “¿podemos comprar más gaseosa? ¿Podemos subirnos de nuevo?” Nuestro hermoso día rápidamente comenzaba a arruinarse, y yo sabía que teníamos que dirigirnos rápidamente a nuestro automóvil. Sin embargo, con 20 dólares en tickets por gastar, decidimos quedarnos un poco más.

Mi hija mayor y yo nos subimos a un pequeño avión que subía y bajaba, arriba y abajo, arriba y abajo. No me molesté cuando me dijo “¡deja de abrazarme!”, a pesar de que un segundo antes me dijo que la abrazara porque tenía miedo. Mantuve mi calma cuando me dijo “¡deja de hacer esos ruidos molestos!”, a pesar de que mis “Huuuuus” eran sólo un intento por agregarle emoción a un juego muy aburrido de otra manera. Pero cuando me dijo “¡sabes, realmente no quería que te subieras conmigo!”, mis nervios fueron puestos a prueba seriamente. Habíamos puesto tanto esfuerzo para que pasaran un buen rato, y yo sentí como una bofeteada en el rostro. Pero el día estaba a punto de terminar, y yo quería que terminara bien.

De alguna manera, al final de algo grande, siempre se presenta un obstáculo que amenaza con borrar todo lo que se ha obtenido hasta ese punto. En ese preciso momento, o nadamos o nos hundimos. Esos últimos instantes pueden determinar si la experiencia quedará grabada para siempre en la memoria de todos como una gran experiencia o como un fracaso absoluto.

El final del año

 Como pueblo, estamos ahora en los momentos finales. Elul es el último mes del calendario hebreo, el fin del año, los últimos días antes de Rosh Hashaná, el momento cuando cerramos un año espiritual y comenzamos el próximo. Puede que haya sido un gran año para algunos de nosotros, un año difícil para otros. Pero este es el mes en el que podemos nadar o hundirnos.

De alguna manera, así como nuestra antena espiritual comienza a zumbar con excitación a medida que nos acercamos a las grandes fiestas, así mismo un par de obstáculos se atraviesan en el camino para impedirnos llegar a la meta. Tenemos todas las preocupaciones de un nuevo año y todas las cuentas del año que pasó. Pareciera como si algo allá afuera quisiera que perdiéramos la increíble oportunidad de terminar el año de buena manera.

Si controlamos nuestras fuerzas y colocamos un esfuerzo extra para aumentar nuestra espiritualidad durante este mes, podemos terminar este año como un éxito. Una manera de lograr esto es hacer que este mes sea como un mini-Rosh Hashaná, incorporando en el sus tres temas principales: Reinado, Recordación y Shofarot.

Reinado es la idea de que Dios maneja el mundo y todo lo que hay en el. Una manera de incorporar esto es escribir cada día una experiencia en la que vimos a Dios actuar en nuestras vidas: Por ejemplo, puede ser un continuo de muchas luces verdes camino al trabajo cuando estábamos atrasados. Puede ser que la persona en la que estabas pensando justo te llamó por teléfono. O puede ser que tu hijo se tropezó, pero justo había un cojín que lo salvó de lastimarse. Si buscamos la interacción de Dios con este mundo, encontraremos Su mano en todos lados.

Recordación habla acerca de como Dios recuerda todas nuestras acciones y se preocupa de todo lo que hacemos. Desafortunadamente, a menudo nosotros no nos preocupamos de lo que hacemos. Durante el mes de elul, podemos tomarnos cinco minutos diarios para pensar acerca de lo que hicimos durante el día. ¿Qué errores cometimos y cómo podemos evitarlo en el futuro? ¿Qué cosas hicimos bien y cómo podemos asegurarnos de seguir haciéndolas? Cuando realizamos este ejercicio, comenzamos a entender cuán importantes y valiosas son nuestras acciones.

Shofarot se trata del sonido del shofar y de la relación única que este sonido representa entre Dios y el pueblo judío. Durante el mes de elul, el shofar suena en la sinagoga todos los días por la mañana. Tómate un instante para pensar acerca de tu relación con Dios y de los cambios que quieres realizar antes de Rosh Hashaná.

Aprovechemos el momento, y mantengámonos a flote.