Para muchos, el mundo se ha reducido.

Para quienes se encuentran en cuarentena, o peor aún, enfermos, eso es bastante claro. Pero en todo el mundo la gente de repente vive con limitaciones a sus movimientos y a sus interacciones sociales. Finalmente, nuestros hogares se convirtieron en el lugar donde vivimos nuestra vida.

Este mundo reducido es un lugar extraño.

La gente lucha por encontrarse a sí misma y, con la soledad, el aburrimiento y la ansiedad convirtiéndose en las nuevas normas, pareciera que la vida moderna no nos preparó para este tipo de existencia.

En el mundo antes del corona, incluso cuando estábamos en casa nos sentíamos seguramente anclados al gran mundo exterior; todas las opciones estaban siempre abiertas. El mundo nos encantaba con su flujo interminable de acción y distracciones. Las actividades potenciales nos daban la ilusión calmante de la actividad real.

Hasta ahora.

De repente nos encontramos en un estado de inercia, de soledad, que no podemos racionalizar como una "opción". Estamos con nosotros mismos y con nuestra familia nuclear mucho más tiempo de lo que alguna vez hubiéramos escogido. Bienvenidos a una vida en donde no hay opciones infinitas…

¡Esto no es fácil!

Estar en este nuevo lugar por cierto revela nuestras fortalezas, nuestra capacidad para conectarnos y nuestra resiliencia. Pero también expone los dolorosos huecos de nuestras vidas. Hábitos, confusiones y vacíos que la vida regular empañaba elegantemente con distracciones, ahora quedan a la vista innegablemente en 4-D. Al igual que las limitaciones, los defectos y los autoengaños que a menudo ignoramos.

El COVID-19 nos obligó a encontrarnos con nosotros mismos.

Ahora bien, cada situación y cada desafío que se nos presenta está aquí para ayudarnos a triunfar. Reflexionemos un momento sobre el lugar fundamental en el que nos encontramos en el año judío. Acaba de comenzar el mes de elul, el mes hebreo designado para la búsqueda interior, para retornar a lo que es real. El momento para reconectarnos con Dios y con el sentido espiritual de nuestras vidas.

Al comenzar estos días especiales, eso es exactamente lo que necesitamos: enfocarnos en nuestra parte interior con una dosis de honestidad.

Para muchos, el coronavirus destruyó los viajes, los deportes, los entretenimientos, salir a comer, la "terapia" de las compras; las actividades que a menudo nos alejan de nosotros mismos. Lo que nos aleja del autoconocimiento, de vivir la vida con sentido y dedicación a ideales superiores. De hecho, el virus cerró exactamente eso, el mundo externo interconectado que ayudó a que se propagara por todo el mundo. El virus llevó a la humanidad en la dirección opuesta: hacia adentro.

Cuando se cerraron las fronteras y los comercios, cuando los viajes y el turismo se volvió algo del pasado, los países se poblaron de sus propios ciudadanos, las naciones confiaron en sus propios recursos. Los hogares sólo compartieron en familia. Nos alejamos de lo superficial y lo incidental para comenzar a enfocarnos, a integrarnos.

A volver a la esencia.

En este nuevo mundo me encuentro solo, tal como soy. Con lo que sea que haya logrado enraizar en la realidad. Con todo lo que sigue existiendo dentro de mí cuando me separo del mundo de lo externo.

Y este es el objetivo de elul. El mes de elul nos guía firmemente, día tras día, hacia Rosh HaShaná. Nos da tiempo para la introspección, para aclarar qué es lo que defendemos y regresar a nuestro ser verdadero. Para que cuando lleguemos a la gran coronación del Rey, seamos capaces de conectarnos con nuestra esencia, como individuos y como nación.

Entonces sabremos colocar la verdadera corona donde realmente pertenece.

Creo que este virus microscópico logró algo cósmico. Es difícil imaginar que algo pudiera provocar cambios tan dramáticos en tan poco tiempo. Con mucho cuidado de no "teñir de rosa" y de no menospreciar el sufrimiento y la preocupación, en cierta forma pareciera ser que este virus abrió una nueva oportunidad para la humanidad. Y sí, también para mí.

Esta situación nos exige estar presentes con nosotros mismos sin correr y escaparnos. Comenzar simplemente experimentando nuestra realidad en este momento. Valorar más profundamente lo que tenemos, cosas básicas como la salud, cuatro paredes y una familia. Y también enfrentar mis potencialidades y mis debilidades. Las cosas que planté bien y aquellas que todavía no he plantado.

Porque en este espacio silencioso finalmente escucho la voz que siempre estuvo allí, con su murmullo ahora amplificado por la llegada de elul:

¿Quién eres y para qué vives?

Dentro de veinte años, algunos podrán mirar hacia atrás y recordar estos tiempos como oscuros, con recuerdos imbuidos de desinfectante, soledad y confusión. Otros podrán recordar las panzadas que se dieron de series por Netflix hasta sentirse enfermos, o quedarse pegados a los interminables boletines sobre la cantidad de contagiados. Otros podrán recordar el malestar del estancamiento. Puede ser que estos sean días que prefieran no recordar.

Pero hay otro camino.

Podemos recordar días difíciles, pero días buenos. Días que nos ayudaron a convertirnos en las mejores personas que llegamos a ser. Sí, con distanciamiento social, pero por dentro algo se unió. Fue un tiempo en el que pensamos sobre nuestros deseos y sobre lo que realmente vale la pena. Cuando encontramos el coraje para enfrentar los vacíos de nuestras vidas, y decidimos sembrar en esos vacíos algo nuevo, afirmándonos con convicciones frescas y hábitos más sabios.

Podremos mirar hacia atrás y ver cómo entramos a una era de claridad y de un propósito más elevado. Cómo llegamos a conocer a nuestro ser más profundo. Y es por eso que cuando finalmente nos saquemos las máscaras y regresemos al gran mundo exterior, nuestros actos tienen que ser más focalizados. Nuestro día de alguna manera tendrá más significado y nuestras relaciones serán más reales.

No nos volveremos a perder a nosotros mismos.

Este año, con tantas partes de nuestras vidas detenidas, quizás podemos dar la bienvenida al mes de elul con honestidad y con un enfoque más profundo. Al encontrarnos entre nuestras cuatro paredes, permitamos que el coronavirus nos guíe a un mundo más pequeño, pero en cierto sentido más verdadero. Llegó el momento de buscar en nuestro interior; de sembrar las semillas que pueden permitirnos crecer y transformarnos en quienes realmente somos.