En una de mis peores pesadillas, recuerdo cómo escapaba con terror de alguien que me perseguía. Me daba vuelta para ver quién estaba tras de mí; era yo.

Uno de los desafíos más difíciles que encaramos en la vida es dejar de escapar para enfrentarnos a nosotros mismos honestamente. Es una tarea difícil, pero nos dieron un regalo maravilloso que lo hace más fácil, un proceso llamado Teshuvá.

Teshuvá se traduce usualmente como arrepentimiento, pero literalmente significa darse vuelta (enfrentarnos a nosotros mismos honestamente) y retornar (hacia nuestra bondad innata). Y el mes judío de Elul que acaba de comenzar, es un tiempo particularmente propicio para trabajar en ello.

Entonces, ¿de qué se trata la Teshuvá?

Poder infinito

Siempre me pregunté: ¿cómo alguien que nunca tuvo el autocontrol necesario para bajar cinco kilos, puede de pronto comenzar a comer casher? O, ¿cómo nuestro amigo —quien nunca tuvo la fuerza de voluntad necesaria para dejar de fumar— de alguna manera se mantiene alejado del cigarrillo las 25 horas completas de Shabat?

El secreto es el ilimitado poder de la Teshuvá. El Midrash dice que la Teshuvá fue creada antes de que el mismo mundo fuera creado, lo cual es otra manera de decir que la Teshuvá no está limitada por las leyes de la naturaleza. Cuando entendemos este poder de la Teshuvá, nada se puede interponer en nuestro camino. Podemos desafiar la fuerza de gravedad espiritual; podemos liberarnos de todas las cosas que nos mantienen deprimidos: la fuerza del hábito, la inercia mental y el pensamiento tóxico. Podemos convertirnos en mejores cónyuges, padres, amigos y judíos. Podemos cambiar.

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El poder de lo pequeño

Vivimos en un mundo en donde el mayor poder se encuentra en los pequeños objetos. Piensa en la enorme capacidad de memoria que tiene una computadora, o en la capacidad que tiene un teléfono para comunicarse a través de grandes distancias. Todos estos aparatos funcionan gracias a esa increíble maravilla de la tecnología: el pequeñito microchip.

Cuando se trata de cambiar, pensar en chico es pensar en grande.

Los intentos por realizar grandes cambios de personalidad o grandes cambios en los malos hábitos generalmente fracasan. La Teshuvá valora las pequeñas modificaciones de comportamiento bien definidas y alcanzables. Esto conducirá a grandes logros, la persona tendrá éxito y no fracasará. Cuando se trata de cambiar, pensar en chico es pensar en grande.

El Talmud tiene más de 2.700 páginas. Es un enorme proyecto de estudio que solía ser completado sólo por un pequeño grupo de estudiantes de elite. Luego apareció una innovadora idea: hacer que la gente se comprometa a estudiar solamente una página por día. Cientos de miles de judíos —contadores, abogados, estudiantes y retirados de todos los ámbitos de la vida— celebraron recientemente la compleción del estudio de todo el Talmud.

El poder del amor

La Teshuvá puede realizarse en cualquier momento del año, pero en este mes —el mes judío de Elul— es especial. La tradición judía dice que en éste, el último mes del año, realizar un cambio es más fácil que en cualquier otro momento.

Una de las líneas más bellas de la Torá es "Yo soy para mi Amado, y mi Amado es para mí" (Cantar de los Cantares 6:3). Esta es la declaración de amor de Dios por nosotros y de nuestro amor por Él. Las primeras letras de las palabras de este versículo en hebreo forman la palabra "Elul", una insinuación de la especial relación de amor que este mes trae consigo.

Cuando amamos a alguien tenemos infinita fe en esa persona, así como Dios tiene fe en nosotros, en nuestra capacidad para la bondad y el cambio. En el mes de Elul, disfrutamos de Su querido mensaje a la humanidad que dice: Yo creo en ti. Sin importar cuán lejos hayas viajado en la dirección contraria, sin importar cuán malas hayan sido tus decisiones, siempre existe la posibilidad de retornar.

“Pero”, debes estar pensando tú, “¡es tan difícil!”.

El Midrash nos da unas cuantas guías y una fuerte dosis de inspiración en la historia del encuentro entre un hombre pobre que vivió hace dos mil años atrás y un grupo de ángeles.

Rabí Janina Ben Dosa vivió en la era del Segundo Templo. Él quería desesperadamente donar algo al Templo, pero no tenía los medios para hacerlo. Entonces se fue al desierto y encontró una enorme roca.

Él pasó horas y días bajo el ardiente sol del Medio Oriente cincelando y puliendo su roca, con la esperanza de que su obra sería utilizada en la estructura del Templo. Finalmente terminó y estaba listo para llevar su obra a Jerusalem, pero no pudo cargarla por sí mismo.

Dios mandó a un grupo de ángeles disfrazados de simples trabajadores para ayudarlo. Ellos pusieron sus manos en la roca y le pidieron Rabí Janina que ayudara también. Rabí Janina ben Dosa se esforzó para levantar la piedra y, en un abrir y cerrar de ojos, milagrosamente y sin esfuerzo, él se encontró a sí mismo y a su piedra en Jerusalem. Los "trabajadores" habían desaparecido.

Gran historia, pero salta la pregunta: ¿por qué los ángeles le pidieron al anciano Rabí que los ayudara? ¿Acaso ellos no podían hacerlo solos?

El mensaje de la historia es que primero tenemos que hacer un esfuerzo por alcanzar nuestra meta. Luego Dios nos extenderá Su mano. Yo tengo que comenzar mi proceso de Teshuvá y tengo que esforzarme, pero no estoy solo. Hay un Ser más grande que me quiere y que quiere celebrar mi éxito.

Armados con el poder de la Teshuvá, podemos enfrentarnos a nosotros mismos. No tenemos miedo porque sabemos que el cambio es posible. Nuestra pesadilla puede convertirse en un dulce sueño, en una maravillosa nueva realidad.

Los mejores deseos para un muy feliz nuevo año.