Mientras la mayoría de mis pares están casando a sus hijos y disfrutando las alegrías de ser abuelos, yo aún no he tenido la bendición de la maternidad.

Cada evento social comienza con muchas sonrisas y saludos, hasta que ocurre lo inevitable. El grupo emprende una vívida y detallada discusión sobre sus hijos, los hijos de sus hijos, los amigos de sus hijos, niñeras, profesores. Yo continúo sonriendo, sin nada que ofrecer y usualmente me retiro temprano.

El sentimiento de que Dios está determinado a negarme las cosas buenas era tan grande, que debo recordar cada día que tengo un marido.

Sentir que otros tienen lo que yo no tengo no es un desafío nuevo para mí. Pasé la mayor parte de mi vida adulta como una mujer soltera. Cada día traía consigo recordatorios de que otras personas tenían maridos. El sentimiento de que Dios está determinado a negarme las cosas buenas era tan grande, que después de un número de años de matrimonio, debo recordar cada día que tengo un marido. Una vez que la disonancia cognitiva pasa, estoy capacitada para saborear florecientes sentimientos de apreciación. Si, pero otra gente tiene hijos también. Y así empezamos de nuevo.

Yo vivo al lado de una familia que tiene 12 hijos. Yo oigo su risa juguetona, sus voces sonando al unísono alrededor de la mesa cada Shabat. Miro ansiosamente a través de mi ventana, cuando cada uno toma su turno sentándose orgullosamente encima del regazo de su Aba o corriendo por un abrazo tranquilizador de su Ima.

Amigos y consejeros ofrecen sus palabras con la intención de consolar y aclarar, sin embargo, sólo sirven para turbar y desalentar. "Lo que otros tienen no tiene nada que ver con lo que tú no tienes".

Esta desolada yuxtaposición de vidas ocurre por una razón. Yo pienso que lo que mi vecina tiene, sí tiene que ver conmigo. Y el que yo no lo tenga es un mensaje para ella – especialmente durante sus abrumadores momentos de mamá. Esto obliga a cada uno de nosotros a concentrarse en el valor de lo que realmente tenemos – para quererlo realmente con toda nuestra fuerza, y así aumentar el amor por la dicha.

La vida está basada en pruebas. Dios crea las circunstancias para las experiencias más difíciles. Sé que esta es una prueba crucial para mi alma, porque vuelve una y otra vez.

Hace dos semanas, asistí a las sheva brajot de una amiga cuya anfitriona era una compañera de la infancia de la novia. Me senté entre sus amigos casados ya desde hace un tiempo. Me presenté y esperé que la temida discusión se mantuviera a raya. Pero atracó demasiado pronto. Un teléfono celular sonó. "¡Uno de los niños, sin duda!" "Hola querido, es mejor que sea importante". "¿Cuántos tiene usted?". Escuché que usted recién casó a la primera". "Ella recién tuvo una niña". "¡Mazal tov!".

Me permití marcharme cuando los elogios se tornaron demasiado duros para mí. Pero esto fue sólo 15 minutos después que había comenzado el tema. Tomé la siguiente opción disponible – el cuarto de baño. Con la cabeza entre las manos, me senté en el borde de la bañera, preguntándome si podía permanecer allí observando los azulejos turquesa hasta que los invitados se marcharan. Pensé, no es como si añorara un Lexus o una mansión; éstos son anhelos nobles. Alguien necesitó ocupar el cuarto de baño. Dejé mi escondite y entré de nuevo en el fuego.

El siguiente día caminando hacia el bus, divisé a mi vecina que está embarazada, esperando con sus tres pequeños al bus del colegio. Paso al lado de ella la mayoría de las mañanas. A veces fuerzo una sonrisa; esta vez aparté mi mirada. Durante la travesía en el bus al trabajo, continué atormentándome. Otro día sin una familia. ¿Algún día alimentaré a un niño? ¿Soy yo indigna? ¿Soy yo incompetente? Me consolé un poco con el hecho de que muchas encontrarían mi reflexión y el dolor que la acompaña completamente justificado.

Quizás fue la chispa de un deseo expresado en medio de la negatividad, una humilde súplica por el cambio personal lo que trajo hacía mí un milagro, merecido y difícil, en Elul. Un pensamiento solitario, empujado por el sostenido y gritado, "¡No te pierdas el día de hoy!".

Yo no pretendo que la lucha termine aquí, aún poseo un pensamiento poderoso y planeo cultivarlo.

No pude ignorar la verdad. Cada una de mis células sabía que una decisión difícil tenía que ser tomada. Yo sabía que si elegía continuar con mi infelicidad "completamente justificada", perdería mi sólida calidad de vida. Hoy tengo la oportunidad de saborear el vínculo con mi esposo; una vida de amor en los ojos de padres que envejecen; las palabras que elevan a un amigo; otro día para mejorar.

Yo no pretendo que la lucha termine aquí, aún poseo un pensamiento poderoso y planeo cultivarlo. Construimos nuestra vida con pruebas y momentos; cada uno sirviendo como oportunidades preciosas para crecer y para convertirnos en las personas que intentamos llegar a ser. Mientras dirijo mis pensamientos lejos de la tristeza por esta deficiencia en mi vida, y abraso lo que viene sonriendo, estoy, con mucha ayuda desde Arriba – empleando el poder de Elul y eligiendo dejar un amplio lugar en mi mente, mi corazón, y mi alma – por hoy.